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Dépor

Así lo vivió Riazor | "¡Todos a Valladolid!"

Riazor batió su propio récord de asistencia con 29.680 espectadores que jalearon antes, animaron durante y enloquecieron después

Diego Villares celebra con la afición el triunfo del Dépor ante el Leganés
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No era un partido más y A Coruña lo sabía. Durante toda la semana, la ciudad se fue tiñendo poco a poco de blanquiazul para apoyar al Deportivo en el momento más importante de los últimos años. Este domingo, Riazor amaneció diferente. Con ese cosquilleo en el estómago que solo aparece en los días que pueden cambiar una historia. El conjunto coruñés llegaba al duelo contra el Andorra sabiendo que la oportunidad era enorme. La derrota del Almería el día anterior había abierto de par en par la puerta del ascenso y las cuentas eran claras: si ganaba sus dos próximos partidos, regresaría a Primera ocho años después de perder la categoría. El primero de esos pasos ya está dado. Y se dio con sufrimiento, épica y una afición que volvió a demostrar por qué Riazor, esté donde esté, es uno de los grandes del fútbol español.

Horas antes del encuentro, miles de deportivistas inundaron los aledaños del estadio para recibir al equipo. Bengalas, bufandas al aire y todos comprometidos en dejarse la voz cuando los jugadores fueron bajando del autobús. Pero entre todos los cánticos, había uno que se llevó todo el protagonismo. El “Que sí, joder, que vamos a ascender” sonaba una y otra vez mientras el equipo avanzaba entre una marea blanquiazul. Además, también se escuchó con fuerza otro mensaje que resumía el sentir de toda una ciudad: “El Dépor es de Primera”.

Por si todo esto fuera poco, el duelo coincidió con el Día das Letras Galegas y antes del inicio del partido, sonó el himno gallego interpretado por varios gaiteros que se colocaron sobre el círculo central del campo. Riazor respondió cantándolo a pleno pulmón, dejando una imagen emocionante mientras el estadio se preparaba para noventa minutos de máxima tensión con el merecido reconocimiento a Diego Villares por sus 200 partidos, como merecido fue el homenaje a otra capitana, Cris Martínez, tras su reciente retirada.

Y abonados a esa sensación de que el Dépor sin sufrir no sería el Dépor, el partido empezó de la peor manera posible. El Andorra golpeó primero y silenció por unos segundos a la afición blanquiazul. Pero solo fueron unos segundos. Porque si algo tuvo claro la grada durante todo el mediodía es que no iba a dejar caer a su equipo. Lejos de apagarse, el estadio alentó todavía más fuerte. El Dépor estaba perdiendo, pero Riazor seguía convencido de que aquello podía cambiar.

La remontada comenzó a cocinarse entre nervios y decibelios que aumentaban según avanzaba el tiempo en el marcador, hasta que apareció Mario Soriano para desatar la primera gran explosión de la noche. Su golazo levantó a todo el estadio de los asientos y devolvió la fe absoluta a una grada en la que a algunos aficionados ya se les empezó a asomar la lágrima. Todavía faltaba un último paso. El más importante. El que podía convertir la esperanza en realidad. Y entonces llegó Zaka.

Cuando el delantero mandó el balón al fondo de la red, el estadio coruñés enloqueció. Se convirtió en una fiesta descontrolada mientras el equipo resistía en unos últimos minutos eternos. Unos instantes de auténtica agonía en los que la gran mayoría seguían el partido de pie, mirando al árbitro más que al balón, pidiendo el pitido final casi a gritos. Corazón encogido, nervios y tensión. Hasta que llegó el pitido final. Ya era real. El Deportivo está a una victoria de Primera. Lágrimas, resoplidos de alivio y una sensación compartida de felicidad imposible de explicar. “Los pelos de punta. No tengo palabras”, afirmó un aficionado al micrófono de Dxt Campeón al terminar el choque.

Gerard Piqué en uno de los palcos de Riazor
Gerard Piqué en uno de los palcos de Riazor
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Y apenas unos segundos después de que el partido llegara a su fin, un nuevo cántico comenzó a bajar desde la grada: “¡Nos vamos a Pucela!”. Porque el próximo domingo el Dépor visita Valladolid y una victoria culminaría el regreso a Primera. Los que no tenían pensado ir, ya habían cambiado de opinión. Los que lo tenían en mente comenzaron a organizar el plan de viaje. Y en esta invasión blanquiazul a la capital castellana quiso participar la grada de animación. Desplegaron una pancarta con un mensaje claro y conciso: “Todos a Valladolid” y llamaron a Diego Villares, que se subió a la grada para completar la ya habitual celebración, esta vez junto a la afición. Mientras todos saltaban, en una comunión total entre equipo e hinchada, comenzó a sonar por megafonía la sesión de Shakira junto a Bizarrap. El deportivismo ya no llora, sino que está a un paso de facturar el regreso a la élite y toda una ciudad ya sueña despierta.

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