El 'efecto Ximo', a un paso de alcanzar la vigésima
El Deportivo podría elevar este domingo un nuevo peldaño su racha de más de un año sin perder con el lateral granadino de titular

Cuando una coincidencia se repite durante semanas, pierde su condición de anécdota y se convierte en algo mucho más difícil de explicar. En el Deportivo, el efecto Ximo Navarro ya ha dejado atrás el terreno de la casualidad hace tiempo. Cada partido con el lateral granadino de titular se traduce en nuevo pase adelante del conjunto blanquiazul, hasta el punto de que el equipo podría alcanzar este domingo ante el Andorra (a las 14.00 horas) las 20 jornadas consecutivas sin perder con su presencia. Una racha que ha terminado por convertir a Ximo en una especie de talismán silencioso para el conjunto coruñés.
Desde que regresó a la titularidad en el Alfonso Murube frente al Ceuta, los de Antonio Hidalgo han encontrado una estabilidad que coincide con su mejor momento del curso. Diez encuentros sin conocer la derrota y a tres pasos de situarse en la máxima categoría del fútbol español, ocho temporadas después. Su regreso al once inicial coincidió con la lesión de David Mella la semana antes y la necesidad de readaptar todo un costado derecho que ahora es una de las principales armas de los herculinos.
La estadística comenzó a tomar fuerza hace meses. En concreto, a finales de febrero del curso pasado, cuando el Dépor de por aquel entonces Óscar Gilsanz empató en un encuentro sin goles ante el Huesca de un tal Antonio Hidalgo. Aquel fue el principio de una dinámica que, un año más tarde, sigue alimentando la leyenda del lateral como amuleto inesperado.
La posterior victoria contra el Oviedo y los posteriores empates ante Córdoba, Castellón y Cartagena sentaron las bases de este registro y de la permanencia de los blanquiazules en Segunda División. El presente curso de Ximo Navarro ha pasado por los mismos baches que en sus dos anteriores. A la fisura en las vértebras lumbares que le hizo perderse el final de la pasada campaña le prosiguió una lesión muscular que le apartó de la pretemporada. Sin ritmo de competición, salió desde el banquillo en las tres primeras jornadas y no entró de inicio hasta la victoria ante el Sporting de Gijón en Riazor. Solo le dio tiempo a encadenar cuatro titularidades más antes de volver a caer lesionado del tendón isquiotibial ante el Almería de Rubi.
22 jornadas transcurrieron hasta que reapareció. El Dépor sufrió al no estar resguardado por los poderes del ‘23’. Miguel Loureiro y Lucas Noubi pasaron por su posición para intentar cubrir su baja, pero no funcionaba igual. El técnico catalán jugaba al juego del topo. Solucionaba un problema y enseguida aparecía otro en una zona distinta. En el carril de central. Hasta que la llegada de Adrià Altimira, un efectivo más para un puesto que había quedado huérfano, terminó por equilibrarlo todo y permitió que cada ficha regresase a su sitio.
En territorio ceutí, Ximo volvió a colarse en los planes de Antonio Hidalgo desde el primer minuto de encuentro después de cinco meses sin hacerlo. Desde entonces, ya sea por superstición o merecimientos sobre el verde, el Deportivo ha impulsado definitivamente su candidatura al ascenso. Todavía sin noticias sobre su futuro—su contrato expira dentro de un mes y el club aún no le ha trasladado si contará con él la próximo curso —, el cuarto capitán del Deportivo pone toda su energía en subir a Primera División y prolongar este domingo ante el Andorra, por vigésima vez, esa inexplicable conexión entre su figura y los buenos resultados.












