El Deportivo sublima su fase ofensiva
Once de los últimos 16 goles blanquiazules han llegado en ataques posicionales
El equipo del vértigo se ha convertido en un conjunto cómodo construyendo desde la pausa. El Deportivo sigue teniendo en el contragolpe un potencial enorme para dañar a sus rivales, pero ha encontrado en el ataque posicional su arma principal para amenazar al contrario.
En medio de la mejor racha de marcadores de la temporada, con diez partidos consecutivos sin perder —22 puntos de 30 posibles—, el juego de ataque elaborado y no tanto la transición ha sido el camino para que los pupilos de Antonio Hidalgo hayan despegado de manera definitiva. Tanto que, a falta de tres encuentros para el final de la liga regular, están en una posición privilegiada dependiendo de sí mismos para lograr el ascenso a Primera División.
En este tramo de diez encuentros, el Dépor ha sido capaz de materializar 16 goles. No se ha quedado sin marcar en ningún choque —también es su mejor racha anotadora seguida— y promedia 1,6 goles por encuentro. De ellos, 11 han llegado en ataque posicional. Es decir, el 68,75% de las dianas blanquiazules en este bloque de encuentros que arrancó tras la derrota del Granada han surgido a partir de jugadas gestadas en ataques no derivados de recuperaciones o de balón parado.
Precisamente el duelo ante el conjunto nazarí fue la catarsis desde la que el Deportivo se reconstruyó. A esa jornada 29 llegaba el equipo en una dinámica de resultados que ni mucho menos era negativa —era cuarto clasificado—, pero también con una tendencia de juego errática.
Sin una estructura definida, con un tipo de defensa que se quedaba a medio camino de todo y un ataque que no terminaba de ser fluido, el Dépor no era capaz de encontrarse cómodo en los encuentros. Podía tener algún buen momento puntual, pero estaba lejos de disponer de continuidad de juego a lo largo de un encuentro y, sobre todo, de encadenar varios duelos consecutivos bajo la misma dinámica en cuanto a imagen y sensaciones. Era un equipo sin control.
Vuelta de tuerca
Sin embargo, todo cambió tras caer ante el conjunto dirigido por Pacheta. La lesión de David Mella obligó a Antonio Hidalgo a reinventar la banda derecha. Y sin Yeremay Hernández en el otro perfil, el técnico catalán optó por adelantar a Adrià Altimira, cubrir su ausencia con Ximo Navarro, colocar a Luismi Cruz por dentro y darle las llaves del equipo en el epicentro del juego a Mario Soriano.
La improvisada fórmula acabó siendo la solución para encontrar el punto medio. Porque el Deportivo ganó sostén defensivo, potenció su amenaza en vertical y ganó muchísimo juego interior. En el fútbol, encontrar las mejores sinergias provoca que las sumas se conviertan en multiplicaciones.
Así, estas modificaciones condujeron a alcanzar un juego mucho más orgánico que acabó con precipitación colectiva de la que Hidalgo venía alertando como elemento a corregir. “Lo más importante ha sido tener pausa, sobre todo a la hora de no volvernos locos en querer sumar mucha más gente al ataque y desordenarnos”, explicaba Antonio Hidalgo tras el encuentro en Cádiz, un partido más en el que el colectivo blanquiazul encontró los puntos gracias a su capacidad para construir sin perder la paciencia.
De hecho, el gol llegó en una ofensiva pausada, desarrollada a través de un ataque de 33 segundos con diez pases y en el que ocho de los once futbolistas tocaron el balón. El último de ellos, Stoichkov para embocar la pelota a la portería de David Gil.
Evidente tendencia
El gol en el Nuevo Mirandilla no hizo sino reafirmar la evidente mejoría del equipo en el ataque posicional, una vía por la que han llegado las últimas cinco dianas del Deportivo. Así, frente al Leganés, los tantos de Eddahchouri y de Noé Carrillo también surgieron en acciones elaboradas en juego dinámico, del mismo modo que la diana que adelantó al conjunto deportivista en El Plantío arrancó con un cambio de orientación de Noubi, un pase filtrado de Yeremay a Quagliata y un envío atrás del italiano para que Nsongo, en segunda instancia, fusilase a Cantero.
El primer tanto de esta racha consecutiva fue el último contra el Mirandés, también obra de Bil. Pese a que el Dépor atacó a la carrera, el espacio en el que Yeremay devoró a Juan Gutiérrez surgió de la pausa del equipo de Riazor, que fue capaz de atraer hacia el área de Ferllo para provocar que se desprotegiese en torno a los dominios de Juan Palomares.
El mismo método lo empleó también contra el Málaga: salida en corto, pase dentro, retorno fuera y ataque al espacio para aprovechar la ruptura de Mulattieri, que cazó el quirúrgico envío de Altimira a la espalda de la línea malaguista para batir a Alfonso Herrero.
De esta manera, únicamente el 2-1 contra el Mirandés (de penalti), los dos goles frente al Córdoba (falta lateral y contragolpe), el tanto frente al Sporting (falta lateral) y el 1-1 ante el Ceuta (transición tras robo alto) llegaron en acciones ajenas a un ataque posicional que el Dépor ya sublima.












