LA LUPA | Cádiz 0-1 Deportivo: La ecuación perfecta
El agresivo trabajo defensivo y un clarividente juego interior fueron las vías para dominar por completo

Tuvo que llegar al final. Pero llegó, que es lo que cuenta. El Dépor encontró el acierto para ganar al Cádiz, encadenar su décimo partido consecutivo sin perder y recuperar su plaza en ascenso directo a falta de tres encuentros. Y con esa pegada definitiva, completó la ecuación perfecta, despejando la incógnita de cómo conseguir transformar su notable partido en puntos.
Sí, enfrente estaba un rival timorato, que poco se parece a aquel equipo de inicio de temporada rocoso, que debía aspirar a estar donde se encuentra actualmente el conjunto blanquiazul. Pero el marcador y el guion del Cádiz 0-1 Deportivo no se explicó solo por el demérito amarillo, sino por el gran encuentro del combinado visitante. Lo hizo todo bien el equipo dirigido por Antonio Hidalgo menos encontrar portería. Pero incluso ese detalle tan pequeño como definitivo lo arregló a tiempo.
El trabajo defensivo del equipo minimizó al rival y puso al Dépor en disposición de llevar el peso del partido. El dominio se transformó en fluidez para acabar generando un constante goteo de llegadas. Y a base de insistencia llegó el gol, indispensable para redondear una narrativa mucho más brillante que el nimio resultado final.
Orden para condicionar
Al contrario de lo que sucedió ante el Leganés en Riazor, el Deportivo empezó a ganar la partida desde su defensa. El equipo blanquiazul viene desarrollando en las últimas semanas ejercicios sin balón mucho más solventes que los del tramo central de la temporada, cuando era un colectivo mucho más pasivo y que no terminaba transmitir señales de comodidad sin pelota defendiese a la altura que defendiese.
Esas reminiscencias de equipo largo y por momentos desordenado volvieron a aparecer ante el ‘Lega’, pero el Dépor se encargó de hacerlas desaparecer en el Nuevo Mirandilla.
Enfrente tenía el equipo coruñés a un rival sin confianza. Y no tuvo dudas a la hora de lanzarse a su yugular. Lo hizo desde un bloque alto que supo cómo ser agresivo pero, a la vez, no desprotegerse. Por eso fue capaz de incomodar al contrario. De impedirle combinar en corto y, a la vez, no sufrir demasiado cuando el equipo de Idiakez buscaba el juego directo como recurso.
Por un lado, en los reinicios estáticos —saques de portería—, el Cádiz buscaba acercar a su portero a los cuatro defensas más los dos pivotes para atraer al Dépor y generar espacio entre líneas. Sin embargo, Hidalgo, su staff y los futbolistas interpretaron bien cómo evitar la trampa. Para ello, el equipo herculino iba a presionar en inferioridad numérica, con una estructura de 3+2 conformada en la base por Luismi, Soriano y Quagliata y culminada con Nsongo y Yeremay. Entre los cinco se repartían zonas y trayectorias de presión —clave Bil— para controlar cualquier intento de asociación del equipo local y obligarle a jugar directo.

Ahí, en los duelos, tampoco se imponía el Cádiz a pesar de que Álex Fernández entró como mediapunta en lugar de Lucas para acompañar mejor en esa faceta a García Pascual. Este último podía incomodar y ganar la primera acción, pero el Dépor acababa solucionando la papeleta con Villares muy cerca de la estructura conformada por Alti, Ximo, Noubi y Loureiro, que daba superioridad al equipo en esa última línea e impedía que el Cádiz se expandiese. El segundo balón era deportivista.
Sin respiro
Esa capacidad para condicionar al Cádiz en la zona de iniciación cuando el rival partía desde estático también se trasladó al resto de situaciones. El Dépor no dio respiro alguno a su rival.
Con Suso ubicado como falso extremo derecho, el Cádiz pretendía hacer de ese sector su lado más fuerte. Sin embargo, el conjunto deportivista supo cómo incomodarle constantemente. Clave fue el reparto zonal a través del que los futbolistas, estructurados de base a partir de un 5-3-2 reconocían a su par en función del espacio que ocupaban y convertían la marca en individual si ese contrario era posible receptor.
Así, fue muy habitual ver al Deportivo emboscar al enemigo de manera fabulosa en los costados, con Quagliata ‘saltando’ muy lejos para incomodar casi siempre al lateral Juan Díaz y Loureiro asumiendo el relevo como lateral zurdo para encimar a Suso, al que apenas dejó jugar.

De este modo, el conjunto herculino volcó el partido hacia la portería de David Gil a partir de esa cohesión del bloque que en la que fue determinante el aporte de Villares. El vilalbés fue clave desde el rol de mediocentro más posicional para evitar que el equipo se partiese. Aunque también resultó importante su labor cubriendo, sobre todo, los espacios generados en el sector izquierdo del equipo a partir de los ‘saltos’ de Quagliata y Loureiro, que generaban intervalos en la última línea bien resueltos por el capitán. Espacios que, por tanto, el Cádiz no pudo aprovechar.
Así, únicamente en el último cuarto del partido se vio a un Deportivo algo más largo por momentos. Incapaz de presionar con tanta energía y distancias tan óptimas como al principio. Esa circunstancia permitió que el conjunto gaditano encontrase más oxígeno para dejar de estar sometido que amenaza real. Pero no modificó el guion de un encuentro en el que el equipo herculino siguió encontrando la forma de asomarse al área rival. Especialmente, gracias a las piernas frescas que otorgaron los cambios.
Salir fácil
El más que notable trabajo sin balón del Deportivo se completó con un juego ofensivo muy fluido, que redundó en que el equipo coruñés tuviese, al mismo tiempo, mayor capacidad para recuperar alto. Porque supo cómo progresar viajando junto y hundiendo al Cádiz. Y eso le permitió estar mejor predispuesto a presionar bien tras perder la pelota.
Apenas le generó transiciones el equipo amarillo al bloque herculino, que volvió a jugar al son que marcó un Mario Soriano que, en esta ocasión, encontró muchos socios por delante de él. Los principales fueron Luismi Cruz y Yeremay Hernández, que ejercieron, de facto, como una doble mediapunta capaz de dotar de constantes soluciones en el juego interior.
El Dépor apostó de manera evidente por progresar a partir de una construcción que pretendía encontrar la espalda de las líneas del Cádiz. Se trataba, básicamente, de engañar a los futbolistas amarillos. De hacerles pensar que el balón iba a ir hacia un futbolista en concreto para acabar encontrando a otro.
Lo consiguió el Dépor para superar fácilmente la primera línea de un rival que se estructuraba en 4-2-3-1 y trataba de incomodar con el punta, el mediapunta y los dos extremos, pero no lo lograba. Ahí aparecían las soluciones, dirigidas por Soriano, que se las ingeniaba para recibir casi siempre libre o, en todo caso, permitía que un compañero fuese receptor con ventaja para darle continuidad al juego.

Así, con las movilidades de Villares y Ximo, el cerebro del ‘21’ ayudaba a progresar al Deportivo y el equipo acababa amenazando la espalda de un doble pivote rival que siempre sufría. Porque no quería perder la posición yendo a presionar demasiado lejos a los medios del Dépor, pero a la vez, era incapaz de referenciar a Yeremay y Luismi.
El juego del trilero
La tendencia fue más evidente conforme pasaba el partido. Con el Cádiz cada vez más incómodo y Ximo Navarro ejerciendo de manera definitiva como tercer central, Soriano podía recibir cada vez más libre para construir y conectar con los dos enganches.
El ‘10’ y el ‘19’ eran los versos libres del Deportivo. Beneficiados por Altimira y Quagliata, que cogían mucha altura para fijar a la defensa rival junto a Bil, decidían si aparecían en zonas más interiores, a los costados del pivote de su lado, o bien se ofrecían como futbolista liberado fuera sobre el que combinar. Así, el Dépor abusaba de la tendencia de un Cádiz que no tenía como pauta los ‘saltos’ de línea. Priorizaba guardar la posición antes que desguarnecerse. Pero, finalmente, acababa igualmente expuesto.

Fuese de la manera que fuese, con su posicionamiento ejercían de trileros. Bien con engaños para ser receptores, bien para atraer la atención de las marcas y permitir que fuese otro compañero el beneficiado del siguiente pase con ventaja.
Así, mientras el Dépor sí pudo conectar con Yeremay sobre todo en la primera parte al encontrarlo muy abierto y en posición de peligro en el giro de juego, apenas sucedió lo mismo con Cruz. El equipo no lograba encontrar fuera al andaluz, muy solo a espaldas de Antoñito.
Sin embargo, sí lo logró en una segunda mitad en la que Luismi castigó una y otra vez al apoyo el espacio entre líneas, aprovechando que los defensas no se atrevían a salir de su citada zona.

Atacar el espacio
Sin embargo, fue precisamente uno de esos pocos ‘saltos’ del Cádiz la manera en la que el Deportivo castigó a su rival de manera definitiva.
La solución apareció ya con Noé Carrillo en el campo. El teense siguió aportando caminos al apoyo como Luismi, pero posee piernas para ofrecer alternativas también en vertical. De hecho, fue así, rompiendo al espacio generado entre central y lateral la manera en la que encontró el tiempo para desequilibrar. Una acción prefabricada y que ya había intentado explotar previamente.

Tuvo acierto en el minuto 88 el Deportivo, después de construir con paciencia y, pivotando sobre Soriano, jugar fuera sobre Altimira. El lateral Climent 'saltó' a por él para evitar que el catalán le encarase en velocidad. Pero abrió una vía que Ortuño no pudo tapar. Llegó el centro del canterano, la llegada de Escudero y el remate de Stoichkov para dar al Deportivo la posibilidad de transformar su enorme dominio en triunfo.











