El banquillo impulsa el sueño del Deportivo
Las decisiones desde el área técnica y el impacto de los suplentes han sumado diez de los últimos 19 puntos

En el fútbol de hoy en día cada vez pesan más las decisiones que se toman desde el área técnica. El análisis del contrario, que ya convierten los encuentros en un ejercicio teórico y no práctico, unido a la saturación del calendario, con la mayoría de jugadores a punto de entrar en reserva a estas alturas de campeonato, condicionan el plan de partido hasta el punto de que el once inicial también se elige pensando en las soluciones que uno se deja en el banquillo para modificar el guion.
Un as bajo la manga que el mismo Imanol Idiakez, exentrenador del Deportivo y último hombre en intentar frenar la racha de los de A Coruña, explicaba minutos antes de que el balón echase a rodar en el Nuevo Mirandilla. “Necesitamos gente de inicio y que nos pueda hacer la diferencia en la segunda parte porque el Dépor nos va a hacer un partido largo”.
Así explicó la llamativa e inesperada suplencia de Lucas Pérez y así se imaginó qué era lo que podía plantear Antonio Hidalgo, a quien conoce a la perfección de su paso por el AEK Larnaca, de la Liga chipriota. Idiakez acertó, pero fue el preparador blanquiazul el que acercó a su equipo hacia los tres puntos.
Quizás el hecho de madurar el partido se vio favorecido por los nervios de la afición cadista, que comenzaba a desesperarse con el paso de los minutos y la sensación de inferioridad de los suyos. Porque los visitantes fueron mejores. Sin embargo, por la falta de acierto de cara a portería, no evidenciaron su buen hacer hasta el minuto 88.
David Gil fue el gran culpable de que el marcador no se hubiese movido antes. El Dépor llegaba en ventaja a las inmediaciones defendidas por el guardameta local, pero no era capaz de asestar el golpe letal al mentón de su contrincante. Era tan evidente la superioridad sobre el verde que el Deportivo podía haberse precipitado más de la cuenta y dispararse en un pie, como ocurrió en la primera parte frente al Mirandés. No fue lo que pasó. Lejos de perder el centro del campo para poner a más hombres por delante del balón, masticaron lentamente cada acción hasta encontrar el gol de la victoria. Sin caer en una trampa innecesaria porque ya estabas siendo mejor, sin permitir que el Cádiz corriese a tus espaldas.
Prevenir y no curar
El primer movimiento que realizó Hidalgo en el tablero fue para anticiparse a un posible problema mayor. Lucas Noubi había recibido la cartulina amarilla poco después de cumplirse el primer cuarto de hora y, tras una perdida innecesaria que encadenó en contragolpe amarillo y algún corte en el que jugó con fuego, el técnico catalán actuó con sentido común. El belga, que además cumplirá ciclo de amonestaciones en el próximo enfrentamiento ante el Andorra, dejó su lugar a un Arnau Comas que reaparecía seis jornadas después. Una decisión prudente tras pasar por los vestuarios que dotaba a la primera línea de otro central diestro con una correcta salida de balón para seguir lanzando a Ximo Navarro y Adrià Altimira por la derecha, donde casi siempre se encontraba al hombre libre con Luismi Cruz ofreciéndose por detrás de la línea de centrocampistas.
El cambio de piezas no varió la fluidez en fase de creación y el Deportivo comenzaba a asentarse cada vez más en campo contrario, dominando todo lo que acontecía y dejando al Cádiz contra las cuerdas. Aún así, faltaba amenaza para que esa autoridad se tradujese en ocasiones más constantes. Las fuerzas comenzaron a fallar e Hidalgo introdujo a Noé Carrillo y Zakaria Eddahchouri en sustitución de Luismi Cruz y Bil Nsongo.
Un doble cambio que otorgó mayor presencia en la zona de castigo gracias a la movilidad del canterano para atacar espacios libres que por el cansancio ya nadie llegaba a ocupar y el instinto que le diferencia de los demás. Tras marcar su primer gol en Liga frente al Leganés y firmar su renovación hasta 2029, el de Teo ya ha pasado a ser una de las primeras opciones ofensivas desde el banquillo.
Sergio Escudero, que ingresó en el minuto 81, y Stoichkov, en el 86, fueron los últimos trueques. El gol decisivo llegó como consecuencia directa de esa nueva energía. Noé apareció cortó a banda derecha para poner un centro preciso al segundo palo, donde Sergio Escudero prolongó la jugada con un toque sutil para dejar a Stoichkov en una posición inmejorable. Pese a ser de San Roque, el gaditano no perdonó y culminó la acción con un remate certero que ahora, tras el empate del Almería en Burgos, deja a los coruñeses en puestos de ascenso directo a falta de tres finales. Una combinación que justificó por completo la apuesta del técnico y que evidenció cómo los cambios no solo refrescaron al equipo, sino que resultaron determinantes en el desenlace.
No es la primera vez que ocurre esta temporada, ni mucho menos una excepción aislada. El patrón se repite con una regularidad que empieza a definir la identidad ofensiva del equipo: partidos largos, desgaste progresivo del rival y un banquillo que no solo complementa, sino que decide.
Los números lo confirman con claridad. De los 23 goles firmados por los delanteros, trece han llegado con jugadores recién incorporados al partido. Y de los últimos 19 puntos sumados, 10 han sido impulsados directamente por revulsivos. El Deportivo vive su momento más dulce en años, y Antonio Hidalgo también. Diez partidos consecutivos sin conocer la derrota y una serie de decisiones desde el banquillo que han sostenido victorias de enorme valor.
De los 23 goles anotados por los delanteros, trece han llegado como suplentes
Ante el Zaragoza, Eddahchouri dejó de cara una acción que Samuele Mulattieri convirtió en una volea perfecta. El italiano también volvió a aparecer frente al Málaga, esta vez para rascar un punto en un partido cerrado. Contra el Leganés, Noé Carrillo y Eddahchouri marcaron el camino. Frente al Cádiz, Escudero asistió y Stoichkov firmó la definición. Diferentes protagonistas, mismo desenlace positivo, salvo en El Alcoraz, donde un control indebido de Charlie Patiño —ausente desde entonces— terminó condenando al empate.
El deportivismo camina ahora más convencido que nunca hacia su objetivo, con una plantilla que se siente protagonista independientemente del papel que le toque ocupar, por la buena gestión de su director técnico.











