Stoichkov, el profeta que abrió las aguas del Deportivo en su tierra
El gaditano culminó una jugada impulsada por el banquillo blanquiazul en su 'casa', donde ha marcado tres goles en cuatro visitas

Nunca ha jugado con la camiseta amarilla del Cádiz y probablemente no lo haga. Pero eso no significa que Juan Diego Molina ‘Stoichkov’ se vaya a retirar sin ser profeta en su tierra. Al menos, ese título se ganó para el deportivismo este último viernes, en el primer partido de la jornada 39.
En la capital de su provincia, a 100 kilómetros de su San Roque natal y con su familia en la grada, el gaditano apareció en el área local para embocar con la izquierda el primer balón que tocaba, condenar al sufrimiento extremo al Cádiz y darle al Deportivo un gol de oro. Porque dos puntos más a estas alturas, ya sin margen de error, son la diferencia entre el bien y el mal. Gana el cuadro deportivista, duerme en ascenso directo y pone tierra de por medio con sus perseguidores. Qué fin de semana largo tan feliz, mirando al resto de campos con la satisfacción del trabajo bien hecho.
Pudo suceder todo lo contrario de no aparecer Juan Diego. Porque el Dépor se movía sobre la cornisa. Incapaz de certificar en el marcador todo el dominio que había tenido en el juego. No había forma. El conjunto de Antonio Hidalgo llegaba por tierra, mar y aire a las inmediaciones de un David Gil que se agigantaba para sostener a un timorato Cádiz.
Ocasión, ocasión y ocasión. Una tras otra. Era un goteo constante el del conjunto blanco y azul. Pero entre el acierto del sorprendente portero local —Idiakez modificó el nombre en la meta— y el desatino propio, la pelota no entraba.
Hasta que, de repente, se encendió la chispa y el Deportivo encontró la pegada perdida desde el banquillo. Tuvo que ser en una nueva jugada bien trenzada, pero acelerada con el nuevo motor que Antonio Hidalgo dio al equipo desde el banquillo.
30 segundos de ofensiva gestionados a través de 10 pases. Primero lento, luego a toda velocidad, con tres toques finales de los tres últimos cambios de Hidalgo. Pivotando sobre Soriano, que encontró a Altimira al otro lado y dio inicio al cambio de ritmo final. Noé, que ya había trazado un desmarque en profundidad fuera-dentro segundos antes, volvió a repetir el movimiento. Esta vez del interior al exterior, para marcar el camino de progresión y atacar la espalda de Climent mientras dejaba a Ortuño atrás.
Así se generó la ventaja para poder mirar al área mientras se perfilaba en la carrera para poner un centro de primeras. Quizá no era su intención, pero el envío fue tan pasado que encontró la llegada por el otro lado de Escudero. La zurda prodigiosa del vallisoletano hizo el resto. Otra vez al primer contacto para devolver el balón a la zona de peligro y encontrar el pie izquierdo de Stoichkov, que a falta de dos minutos destrozó las esperanzas del Cádiz y elevó hasta el cielo las del Deportivo.
Especialista en su tierra
Tuvo una “semana difícil” con unas molestias en la rodilla que le impidieron formar parte de la convocatoria ante el Leganés y le obligaron a arrancar el ciclo de entrenamientos al margen del grupo. “Casi no he podido entrenar, pero por suerte he podido entrar y ayudar al equipo”, explicaba justo al término del partido en el césped de un Mirandilla que, curiosamente, es el estadio que mejor se le da... como visitante.
Porque en su cuarta visita a Cádiz como enemigo, Stoichkov anotó su tercer gol. Ninguno más importante que ese zurdazo que dibujó cuando ya casi nadie lo esperaba. Casi a la desesperada. Ayudado por sus padres, que “le cuidan desde arriba”, Juan Diego abrió al Deportivo las aguas en su tierra. La Primera División aguarda en la orilla opuesta.













