Stoichkov hace justicia para seguir soñando con todo (0-1)
El andaluz hizo el tanto del triunfo sobre la bocina tras un gran partido que el Dépor debió resolver mucho antes
Tres puntos de oro se lleva el Deportivo de Cádiz (0-1) después de un encuentro en el que nunca sabremos si fue antes el huevo o la gallina, pero en el que está claro que se juntó una tormenta perfecta entre un equipo que ha llegado entonadísimo a la recta final en busca del ascenso, con otro que tendrá que pelar con uñas y dientes para no irse a Primera RFEF. El cuadro de Hidalgo resolvió sobre la bocina un duelo que pudo sentenciar mucho antes y duerme en ascenso directo, desde donde se pondrá cómodo para ver el duelo entre Burgos y Almería de este sábado en El Plantío.
Estos encuentros de emoción máxima, en la que las aficiones dan lo máximo y piden que sus jugadores hagan lo propio, son siempre un arma de doble filo. Porque ver a un estadio entregado puede pulsar los botones para elevar la motivación necesaria y sacar la mejor versión, pero también convertirse en toneladas de plomo en las piernas que lastren hasta el infinito. No es falta de ganas. Es miedo. Y miedo fue precisamente lo que desprendía el Cádiz en la primera parte. Se podía oler desde lo más alto del Nuevo Mirandilla en cada control, en cada pase que se quedaba corto o iba directamente a pies del Dépor. Salvo Antoñito Cordero, todos los que vestían de amarillo llevaban lastre en los pies y una nube negra sobre la cabeza.
Fue precisamente el canterano del Málaga el que estuvo a punto de prender la mecha con una internada por la derecha y un remate que rechazó Altimira desde el suelo. Desde ahí, el encuentro fue blanquiazul. Con un omnipresente Mario, con un chisposo Yeremay. Con Quagliata y el propio Altimira haciendo el campo ancho para desesperación local, las ocasiones empezaron a sucederse. También la falta de acierto. El primero en probar a David Gil fue Bil, que cruzó bien abajo un disparo que el meta sacó con una gran parada, dándole la razón a Idiakez en el cambio de portería, aunque la decisión quizá fuese más a la desesperada que por convencimiento. Llegó también un disparo de Soriano que se fue por poco y la más clara, una buena jugada entre el madrileño y Yeremay que terminó con el balón a punto de caramelo para que llegara Quagliata. Su disparo se iba al fondo de la red, pero la zaga amarilla lo sacó sobre la línea.
El equilibrio que Villares le daba al Dépor por detrás de la pelota permitía apenas sufrir ante un rival que no lograba sumar tres pases en campo rival y solo amenazaba aprovechando los habituales pecados de juventud de Lucas Noubi, al que una tempranera tarjeta, la quinta, lo sacó del encuentro. La carga deportivista continuó hasta bien encima del descanso, pero a Yeremay todavía le falta ese puntito para ser tan decisivo como debería en el área rival y Luismi Cruz todavía confunde los botones de disparo y pase cuando no debe.
Sin pausa
Nada cambió tras el cuarto de hora de refresco. Porque nada más volver a pisar el terreno de juego, Gil tuvo que salvar de nuevo a los suyos. Altimira y Mario se colaron hasta la cocina y el balón atrás lo enganchó de primeras Yeremay, que volvió a encontrarse con el meta. Los argumentos eran los mismos también en el área contraria, con Antoñito dando el primer susto de la tarde a Ferllo con un disparo que se fue alto por muy poco. Todo esto antes de que se cumplieran los primeros cinco minutos de la reanudación, locura a la que puso la guinda Villares con un remate al palo después de un córner que primero tocó Loureiro.
Fue ese el momento exacto en el que el Nuevo Mirandilla decidió pedir cuentas. Comenzó la música de viento que agarrotó todavía más a los propios y expoleó a los ajenos, que seguían saliendo a deber únicamente cuando se trataba de mandarla a guardar. Yeremay volvió a encontrar a Bil a espaldas de la defensa, pero de nuevo se agigantó la figura de David Gil.
Viendo que de tú a tú sobre el verde no iba a sacar nada, Idiakez tiró del factor emocional concediéndole a Lucas Pérez al menos media hora. La respuesta de Hidalgo, viendo que también empezaban a fallar las fuerzas y las ideas, fue la de Noé Carrillo, que se ha ganado ser ya el primer cambio ofensivo.
El tramo final fue un quiero y no puedo por parte de dos equipos que sabían que el punto no era suficiente, pero que tampoco tenían argumentos para pelear por más. Al menos no de forma elaborada. Solo quedaba espacio para la épica. La buscó primero Roger Martí, pero Álvaro Ferllo le negó el tanto en una de esas estiradas de las que disfruta el meta riojano. Con las que nadie cuenta. Y embocó Stoichkov. El andaluz fue puntual como pocos. El motor y la inteligencia de Noé fueron de nuevo decisivos. Desmarque a la espalda del lateral cuando ya nadie tenía aire para perseguirlo y balón al segundo palo, donde no había tráfico, pero llegaba el guante de Escudero. Su zurda devolvió el balón al punto de penalti para que el 22 apareciera y batiera, por fin, a David Gil.
Cádiz 0-1 Deportivo
Cádiz: David Gil; Juan Díaz, Kovacevic, Pelayo, Climent; Ortuño, Joaquín (Diakité, m.20); Suso (Ocampo, m.67), Álex Fernández (Lucas Pérez, m.67), Antoñito Cordero (De la Rosa, m.79); García Pascual (Roger, m.79).
Dépor: Álvaro Ferllo; Ximo Navarro, Lucas Noubi (Comas, m.46), Miguel Loureiro; Altimira, Villares, Mario Soriano, Quagliata (Escudero, m.81); Luismi Cruz (Noé Carrillo, m.74), Yeremay (Stoichkov, m.86), Bil Nsongo (Eddahchouri, m.74).
Goles: 0-1, m.87: Stoichkov.
Árbitro: Dámaso Arcediano (C. castellano-manchego). Amonestó a Noubi (m.18), Yeremay (m.45+1) y Villares (m.89) en el Dépor y a Pelayo (m.74) en el Cádiz.
Incidencias: Nuevo Mirandilla, 15.872 espectadores. Partido correspondiente a la jornada 39 de LaLiga Hypermotion.











