Mi vida en blanquiazul | José Luis Castro: “Mi padre es del Celta y del Madrid; soy del Dépor por llevar la contraria”
Casi cuatro décadas de entrega al Deportivo avalan a este impenitente seguidor del Barrio de las Flores

Mi afición por el Deportivo comenzó cuando tenía doce o trece años; exactamente no recuerdo cuál fue mi primer partido en Riazor pero sí que me acuerdo que íbamos todos los niños con entradas que nos repartían en el colegio.
Me gustó desde el primer momento y al año siguiente ya decidí hacerme socio de Especial Niños.
En mi casa no había tradición deportivista porque a mi padre le gustaba el fútbol pero es del Celta y del Madrid; soy del Dépor tal vez por llevar la contraria (risas).
Comencé a ir al estadio de Riazor con mi pandilla de amigos desde el Barrio de las Flores; cruzábamos toda la ciudad andando cada domingo para ver al Deportivo.
Eran tiempos complicados en los años ochenta, siempre en Segunda División, pero poco a poco hemos ido viendo crecer al equipo. Para mí ser del Deportivo es algo muy complicado de explicar, podría catalogarlo como una forma de pasar el tiempo libre, tener una ilusión en la que pensar no solo el mismo día de partido sino también a lo largo de la semana.

Es una distracción que sirve también para evadirme de la realidad. En todos estos años de fidelidad por el Deportivo destacaría la felicidad que me produjo la consecución del título de Liga.
Nunca pensé que seríamos capaces de volar tan alto, incluso me costaba esfuerzo asimilar que llevábamos años codeándonos con los grandes. Fue una alegría tremenda, inolvidable. Respecto a los instantes de mayor decepción y tristeza hay mucha gente que cree que el penalti de Djukic fue lo más duro pero para mí, sinceramente, resultó mucho peor el viaje a Ponferrada de la temporada 2019-20. Era el mes de diciembre y llevábamos una racha interminable de partidos sin ganar. Nos pasamos todo el partido protestando desde las gradas, hasta el punto de que nos animaron los propios aficionados de la Ponferradina.
Ahí el equipo tocó fondo al perder 2-0 y veíamos que el descenso a Segunda B era una amenaza real. Posteriormente descendimos pero para mí fue más complicado de digerir la derrota de El Toralín.
Me encanta viajar con el Deportivo, he realizado muchos desplazamientos y, si tuviera que quedarme con uno, sería con el primero a Fuenlabrada en Segunda, aunque me enamoró también el de Ceuta, me sorprendió muy gratamente la ciudad y espero volver.
Siempre fui del Dépor pero no iba nunca a partidos a domicilio hasta que mi primo, casualmente, creó una peña en Ciudad Rodrigo. Empecé a moverme, es una experiencia completamente distinta a ir a los partidos de Riazor.

Casi me gusta más verlo a domicilio porque la experiencia no se reduce a las dos horas que dura el partido, es todo un fin de semana de pasión en el que conoces a muchos aficionados de tu propio equipo y del rival. Siempre que puedo hago las maletas.
Históricamente he visto a infinidad de jugadores que han defendido nuestra camiseta pero como ídolos destacaría a los brasileños Bebeto, Mauro Silva o Djalminha. Makaay también me encantaba por su facilidad para hacer gol. De los futbolistas más recientes me quedo con Yeremay y Mella.
Esta temporada estoy viendo al Deportivo un poco mal, el juego que estamos haciendo es muy mejorable. Parece que hacemos gala de la ley del mínimo esfuerzo. Cuando nos ponemos por delante en el marcador nos conformamos.
A lo tonto hemos perdido muchos puntos, de los que se dice que finalmente se echan de menos para lograr objetivos. Pienso que nuestras opciones de ascenso pasan seriamente por el partido de Cádiz, porque los dos siguientes, siempre sobre el papel, son más asequibles.
El Almería va a pinchar seguro en Burgos. En caso de regresar a Primera no haría muchas locuras pero lo celebraría por todo lo alto, seguro que sería un fin de semana muy largo.












