Antoñito Cordero, el niño fugaz que vuelve a encender la chispa
El extremo se mide al Dépor, que lo tuvo en su agenda este invierno, tras firmar su mejor partido con la camiseta del Cádiz

Es una disyuntiva para la que nunca hay una respuesta correcta: ¿aprovechar el momento y asegurarse el dinero y el nombre del currículum que aporta un club gigantesco o tener paciencia para no dar pasos demasiado acelerados? Ambos caminos son válidos, por mucho que si la decisión no es finalmente la acertada siempre resulte imposible evitar que resuene en el ambiente el ‘¿qué hubiese pasado si...?’.
La encrucijada se presenta en muchos ámbitos de la vida, pero quizá en el deporte y, concretamente, en el fútbol adquiera una trascendencia mayor. Porque las carreras son cortas y las repercusiones mediáticas y sumas monetarias que se mueven, elevadas. Sino, que se le pregunten a Antoñito Cordero (Jerez de la Frontera, Cádiz, 2006), el último gran talento joven nacional que se ha tenido que enfrentar al dilema.
Todavía tiene tiempo para encauzar de nuevo el camino. Pero, visto lo visto, parece que el extremo gaditano no tomó hace aproximadamente un año la mejor solución.
Con una mayoría de edad apenas estrenada, el futbolista de Jerez era santo y seña en un Málaga que, impulsado por los canteranos, había logrado salir a flote tras tocar fondo en Primera Federación. Clave para ello fue Cordero, autor del heroico y agónico gol que dio el ascenso al conjunto malacitano en Tarragona en la final del playoff.
Con 17 años, Antoñito ya se había ganado un hueco en la historia del club que lo acogió en 2021 para que terminase de formarse. Y su primer impacto en el fútbol profesional no hizo sino confirmar ese lugar destacado en el corazón de los malaguistas.
Diestro y jugado pegando a la banda izquierda, Antoñito brillaba por lo estético de su fútbol. Antoñito destacaba por su desequilibrio individual. Antoñito ganaba partidos con sus cifras. Tanto que se hizo un hueco en la selección y fue uno de los convocados para el Europeo sub-19 a final de curso, en el que la España de Jon Martín (Real Sociedad), Pablo García (Betis), Jan Virgili (hoy en el Mallorca) o Izan Merino, su compañero en el Málaga, finalizó como subcampeona y no pudo revalidar el título logrado un año antes por la generación de David Mella.
Salida convulsa
Por aquel entonces, el chico ya se había enemistado con la afición que lo había convertido en ídolo, pues era oficial su incorporación al Newcastle como agente libre. Decidió no renovar el gaditano y tener el control total sobre su futuro para acabar aceptando la oferta de las ‘urracas’ por encima de otros clubes como Madrid o Barça, que sonaron como candidatos. Pesó el extraordinario contrato de cinco años que a Cordero le pusieron encima de la mesa.
Hoy, todavía no se ha cumplido la primera de esas temporadas, pero Antoñito no ha debutado todavía como blanquinegro y ya acumula dos cesiones. Primero aceptó irse a préstamo al Westerlo de la liga belga, pero su ausencia de minutos —86 en siete partidos— provocó que buscase un nuevo destino.
Entre los candidatos estuvo el Deportivo, que tenía en su agenda el nombre de un extraordinario talento que, sin embargo, decidió primar su felicidad regresando a casa. El Cádiz, equipo de la ciudad que es capital de su provincia natal, fue el que más convenció a Cordero y a su entorno para volver a recuperar la sonrisa y, con ella, el brillo.
Sin embargo, desde su llegada, el equipo amarillo solo ha ganado un partido. Lo logró el 9 de enero (3-2 contra el Sporting), unos días después de debutar de amarillo en Riazor. No ha sido Antoñito el remedio a la crisis colectiva, pues no se había hecho con un puesto de indiscutible en el once... hasta la última semana, cuando anotó sus dos primeros goles con la camiseta amarilla en León para acercarse a una victoria que no fue tal. Querrá conseguirla, por fin, este viernes (20.30 horas) ante el Deportivo después de encender la chispa de nuevo para no quedarse en un niño fugaz que pudo ser y no fue.











