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Dépor

Yeremay y Lucas Pérez se ven las caras 16 meses después del cambio de guardia en el Deportivo

Será la primera vez que el coruñés se enfrente al equipo blanquiazul en su carrera

Yeremay y Lucas Pérez con el Deportivo
Yeremay y Lucas Pérez con el Deportivo
QUINTANA / FERNANDO FERNÁNDEZ
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Hace ahora 16 meses que mientras el Deportivo iniciaba 2025 tratando de enderezar el rumbo hacia la permanencia de la mano de Óscar Gilsanz, dos de sus emblemas, Lucas Pérez y Yeremay, libraban sus propias batallas internas. La bomba del canario en La Rosaleda dejando la puerta abierta a una salida en ese mismo mercado recorrió un camino paralelo durante las siguientes semanas con el runrún de la marcha del atacante de Monelos. El desenlace dejó a Lucas despidiéndose del club de su vida ante los micrófonos y a Yeremay renovando su compromiso con el Dépor de forma pública, en lo que suponía a todas luces el relevo en el trono blanquiazul.

El 7 y el 10 se reencuentran este viernes en el Nuevo Mirandilla después de una relación que fue breve pero intensa. “Cuando lo conocí no jugaba. Se le veía apagado, triste… no confiaban en él de la manera que creo que debían…”, apuntaba el coruñés en unas declaraciones a Post United poco después de dejar Riazor. Es parte de su legado el haber acompañado a Yeremay y al resto de canteranos en esos primeros pasos que recorren el duro camino del profesionalismo. Cuando Lucas llegó al Dépor, ‘Pequeño’, como se refería a él, trataba de convencer todavía a Óscar Cano de que debía tener más minutos. Esta temporada terminó con el fiasco de Castellón y una profunda revolución en el club que puso el número de los elegidos en la espalda del canario y una etiqueta tácita de heredero pensando en la siguiente página del libro.

“Se lo digo muchas veces a él y a Mella. El día que no quieran jugar conmigo, que me lo digan y cuelgo las botas. Me voy a la grada a disfrutar de ellos”. Esa era la profecía que siempre repetía el zurdo, que lideró primero y acompañó después del crecimiento de las dos grandes perlas salidas de Abegondo. “De momento no vamos a decirle nada, que se quede con nosotros. Queremos que esté con nosotros mucho tiempo más por todo lo que le da al Dépor, pero también porque a mí y a Mella nos ayuda mucho en el día a día. No vamos a retirar a Lucas, que juegue hasta que no pueda correr”. Así bromeaba Yeremay semanas después en un claro gesto de admiración mutua. Juntos ascendieron a Segunda y juntos se cruzaron en el camino que inevitablemente cambia la guardia entre presente y futuro, con momentos icónicos como la asistencia de Yeremay a Lucas para el primer tanto del coruñés en la campaña del ascenso ante la Real B o su propio paso adelante cuando el coruñés tuvo que frenar en primavera para volver a ser decisivo en el último sprint hacia Segunda.

Vía crucis

No puede decirse que el último año le haya ido demasiado bien a ninguno de los dos por separado. Lucas Pérez terminó la temporada pasada enrolado en el PSV, pero apenas jugó y se quedó sin equipo hasta que hace unas semanas el Cádiz recurrió a él para lograr la salvación. “Hubo muchas situaciones de desgaste en las que no he sentido el apoyo o el cariño que necesitaba, es un cúmulo de cosas en las que no me he sentido respaldado”. Críptico y rotundo al mismo tiempo, el delantero tenía que salir de su casa por la puerta de atrás y ahora se cruza en el camino del Dépor hacia el ascenso en la que será la primera vez en su carrera que se enfrente al equipo de su vida. Un escenario probablemente poco imaginado por él y todavía menos deseado. Será precisamente en el lugar donde vivió su última gran noche como blanquiazul la temporada pasada, firmando un hat-trick con el que salió ovacionado por la parroquia local después de tomar el estadio gaditano y pedir disculpas.

A nivel colectivo desde luego que a Yere le ha ido mejor. Ya con su condición absoluta de jugador franquicia, el canario marcó siete goles durante la segunda vuelta para sellar la continuidad en el fútbol profesional y en verano volvió a renovar sus votos con el Deportivo hasta 2030 con una opción de prorrogar el vínculo tres años por encima de esa frontera. Pero fue también ahí cuando empezaron unos problemas físicos que no le han permitido dar el 100 % en lo que va de campaña. Primero fue la rodilla, lo que le costó el billete a la Eurocopa sub-21. Empezó sano el curso 2025-26, pero todo el ruido que llegaba desde Lisboa le pesó para ofrecer su mejor versión antes de que llegara un obstáculo mucho mayor que los cantos de sirena de media Europa: una pubalgia.

Después de recorrer un oscuro camino de vuelta, Yere trata ahora de encontrar la mejor versión que la dolencia le permite mostrar en esta recta final. En esta situación se reencontrará con el amigo que primero fue referente y después mentor antes de cederle la responsabilidad de cargar con el peso de un histórico como el Dépor sobre sus hombros.

En cifras

En todo caso, la situación del atacante blanquiazul es bastante más positiva que la de Lucas. No solo en lo colectivo, sino también en el plano individual. El peso de lo anímico y las diferentes trabas físicas no le impiden a Yeremay estar completando un curso notable a nivel de números. A los once goles que ya tiene en su haber, con el pase de gol que le dio a Noé Carrillo ante el Leganés ya son nueve las asistencias que suma en su hoja de servicio. Solo hay cuatro jugadores que habiliten más a sus compañeros en la categoría de plata y su producción ofensiva a nivel de goles generados de forma directa se va a los 20, el séptimo mejor registro de toda Segunda e igualando ya su techo del curso pasado, donde tuvo más peso en el apartado realizador con los 15 tantos que todavía está en disposición de igualar en las cuatro jornadas que quedan para el final.

En el caso de Monelos, la sequía se extiende a finales de 2024. Precisamente en la última visita del Dépor a Cádiz y aquellos tres tantos de bella factura. Desde el 30 de noviembre no ve puerta el coruñés, que acumula cuatro encuentros con la camiseta amarilla, los dos últimos como titular, en los que no ha podido marcar, asistir... ni tampoco ganar. Habrá que ver si el siempre caprichoso fútbol deja otra de esas escenas icónicas que aspiran a quedar para siempre en la memoria.

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