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Dépor

De la agonía al éxtasis: nueve minutos de esperpento por un "error del VAR"

Así fue el estrambótico final con la llamada de Mario Melero a Alejandro Ajaos que acabó con el penalti parado por Ferllo y crítica de Benassi

Alejandro Ojaos señala penalti por mano de Eddahchouri tras revisar el monitor ante la indignación de los jugadores del Deportivo
Alejandro Ojaos señala penalti por mano de Eddahchouri tras revisar el monitor ante la indignación de los jugadores del Deportivo
Germán Barreiros
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“Si decides no pitar una jugada, te llama el VAR y tu decisión se va demorando, minuto a minuto estás diciendo al público que crees que no es penalti porque no estás convencido. El término es pena máxima. Y, si tienes una duda de diez minutos, es porque no lo es”, explicaba el pasado domingo, en una dura y a la vez sosegada crítica, Iñigo Pérez, técnico del Rayo Vallecano. Habló el técnico después de ver cómo su equipo era gravemente perjudicado por el uso del VAR en el encuentro ante la Real Sociedad.

Lamentaba el preparador que el colegiado de la Sala VOR, después de un largo análisis, hubiese llamado a su compañero de campo para indicarle que unos segundos antes de que el Rayo anotase gol, se había producido un (supuesto) penalti a favor del conjunto donostiarra. El árbitro, condicionado por el aviso de su colega y después de mucho observar la pantalla, decidió hacerle caso: gol anulado al equipo local y pena máxima a favor del visitante. Del 2-0 a un 1-1 por una intervención desde una sala llena de televisiones para avisar sobre un penalti que de claro no tenía nada.

“Estoy de acuerdo con Iñigo Pérez. Si estamos más de cinco minutos viendo una jugada en el VAR no se trata de un error claro y evidente”, respondía esta misma semana, Fran Soto, presidente del Comité Técnico de Árbitros (CTA), en el programa ‘Radioestadio Noche’ de Ondacero.

De esta manera, el actual rector del colectivo arbitral daba la razón al técnico del Rayo Vallecano y parecía que marcaba un antes y un después con respecto al empleo de la herramienta de videoarbitraje. Nada más lejos de la realidad. Porque ayer viernes, en pleno 1 de mayo, el árbitro Mario Melero López decidió no quedarse de brazos cruzados, poner a trabajar al VAR y, de paso, colocar en un brete al colegiado de campo, Alejandro Ojaos. Primero, con una intervención que corrigió un inexistente penalti a favor del Deportivo y resuelto en apenas dos minutos y medio. Luego, con una rocambolesca actuación en el eterno añadido para acabar otorgándole al Leganés la oportunidad de empatar.

Surrealismo puro

Fueron nueve minutos tan surrealistas como eternos, en los que Riazor pasó por prácticamente todos los estados de ánimo posibles en un partido. Imagínese la montaña rusa emocional cuando el abanico de sensaciones se recorre de norte a sur en un espacio de tan corto tiempo. Del cabreo a la frustración, pasando por la indignación y la agonía... hasta acabar en éxtasis absoluto, con Álvaro Ferllo deteniendo un penalti inexistente en cualquier lógica futbolística y sostenido muy con pinzas incluso en este nuevo reglamento que categoriza las manos sin tener en cuenta circunstancia alguna.

Le tocó al Castellón la pasada jornada —el CTA dio la razón a la intervención del VAR— y le tocó este último viernes al Deportivo en una acción todavía más natural y accidental. Y, por lo tanto, menos comprensible.

Y es que ya se veían el Deportivo y el deportivismo de nuevo perdiendo dos puntos por una llamada desde Las Rozas. Tal y como sucedió en Burgos, pero en esta ocasión ya sin margen de reacción. Sobre A Coruña sobrevolaban los fantasmas de las polémicas arbitrales, pero también de incapacidad de su equipo para amarrar un resultado a favor.

Sucedió frente al Málaga, ante el Huesca y en El Plantío. También en el duelo de ayer con el Leganés, después de que Zakaria Eddahchouri anotase el tanto para romper el resultado inicial después de una gran acción de Luismi Cruz. Apenas tardó diez minutos su tocayo de apellido Juan en ‘desvirgar’ la meta del conjunto local y volver a empatar el encuentro.

Luego llegó el canterano Noé Carrillo para volver a darle dos puntos al equipo de su vida y en el que no para de reclamar minutos. Pero en la ofensiva final del ‘Lega’ durante un kilométrico tiempo extra de ocho minutos, los colegiados arrebataron el protagonismo del canterano.

Corría el 94 y el equipo pepinero colocó el balón al área del Deportivo con un córner sacado en corto. El esférico fue hacia la posición de Pulido y adquirió una prolongación hacia el segundo palo, donde Asué y Millán disputaron la pelota con Diego Villares.

Nadie se la quedó y el punta del ‘Lega’ logró rescatarla sobre la línea de fondo para hacerla rebotar de nuevo sobre el cuerpo de Asué, que no pudo domesticar el esférico. Nuevamente sin dueño, el guineano y Zaka fueron a la disputa. El primero, punteando la pelota. El segundo, quedándose con el molde de una volea para la que, por pura biomecánica, separó el brazo de su tronco. El balón, que iba hacia la banda sin posibilidad de peligro alguno, rozó en el brazo del neerlandés, que pudo completar finalmente el despeje mandando la pelota a saque de banda.

El cronómetro marcaba el 94:12 cuando la pelota abandonó los límites del terreno de juego. Exactamente cinco minutos después, tras recibir la confirmación definitiva de la llamada desde Madrid después de que los responsables hubiesen cotejado que Millán no se encontraba en fuera de juego —había que discernir si había sido Escudero o Pulido quien peinó el balón tras el centro— en su primera disputa, Ojaos realizó el gesto de la pantalla y acudió al monitor.

Así, tras 50 segundos de revisión, el colegiado señaló una pena máxima que enfureció a jugadores, staff y público local, incapaces de comprender qué necesidad había de acudir al rincón más retorcido del reglamento para volver a negarle dos puntos.

Sin embargo, ya cuando en el electrónico figuraba el 103:02 —nueve minutos después del despeje de Zaka— y tras ganarse una amarilla en el juego mental con Diawara, Ferllo se estiró para atrapar el lanzamiento y retener dos puntos tan fundamentales que fueron festejados como medio ascenso. No era para menos.

Crítica honesta

Acabó en éxtasis la plantilla del Deportivo, pero el club quiso proteger a los futbolistas ante cualquier ‘calentón’ y decidió que fuese el consejero delegado el que compareciese tras el encuentro. Massimo Benassi fue el encargado de poner voz a la frustración de la entidad y exigir, con mesura y transparencia, que el VAR se deje de emplear en acciones que no corresponden con lo que establece su protocolo de actuación.

“No hay ninguna duda con los arbitrajes. Esto es para mandar un mensaje claro. Nosotros vamos a aceptar el error del árbitro, así como se hizo toda la vida en el fútbol. Lo que no vamos a aceptar es el error del VAR. El reglamento es claro. Las normas de la IFAB dicen que el VAR tiene que entrar si el error del árbitro es obvio, claro y manifiesto. Y si se para una imagen durante más de cinco minutos... no es ni claro, ni obvio ni manifiesto”, explicó el rector italiano.

El consejero delegado recalcó que su mensaje no era contra el Comité Técnico: “El diálogo es constante y es de agradecer la disposición que tiene tanto el CTA como la Federación. En ningún momento nosotros hemos dejado de hablar y de comentar durante toda la temporada. Pero llega un momento que es muy complicado aceptar ciertas dinámicas. En ningún caso, la mano de un jugador que se está girando para volver a correr puede ser una mano voluntaria o en posición antinatural. Hemos visto el penalti en Burgos, donde en la revisión el propio CTA explica que ha habido una equivocación. ¿El jugador tiene que saltar con los brazos pegados? Vemos un penalti pitado a otro club por el VAR cuando a Mulattieri en Huesca se le hace el mismo penalti y el VAR ni entra”.

Fue el pronunciamiento oficial de un Dépor que tuvo que vivir un esquizofrénico final ante un criterio arbitral que cada vez genera más hastío. No en el conjunto blanquiazul, sino en cualquier apartado del entorno futbolístico. Porque cuando la crítica es unánime y va más allá de las bufandas, quizá el problema no lo tiene la mayoría, sino quienes se empecinan en ir contra el sentido común.

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