El binomio de la zurda ya vuelve a dar puntos al Deportivo
La conexión entre Quagliata y Yeremay ha sido clave en tres de los últimos cinco goles del equipo

Hay conexiones que no se pueden explicar desde lo racional. Que simplemente suceden por una cuestión de pura química. Y un claro ejemplo es el binomio que conforman Giacomo Quagliata y Yeremay Hernández en el Deportivo.
No hablan el mismo idioma, no recibieron la misma educación futbolística y no coincidieron en otros lugares previamente. Sin embargo, la sociedad ‘italocanaria’ surgió desde el primer momento en el que ambos coincidieron en el campo. ‘Giaco’ y ‘Yere’ se entienden con la mirada.
El magnetismo entre ambos es evidente. Especialmente desde que el ‘10’ volvió a ser más extremo que segundo delantero y comenzó a pisar con más asiduidad el carril exterior izquierdo del ataque. Ese pasillo lo quema de arriba a abajo el ‘12’. Y claro, el enlace se potenció.
La narrativa del juego ofrecía y ofrece una clara evidencia de esta sociedad. Si Yeremay aparece por su zona, Quagliata se ubica siempre de manera condicionada a él. El italiano orbita en torno al canario. ¿Que Yeremay acude al apoyo pegado a la línea de cal? Quagliata coge altura y se sitúa en el carril intermedio para generarle espacio. ¿Que Yeremay la pide más por dentro? Es Quagliata el que da la amplitud al equipo por fuera y le regala valioso tiempo alejándole la marca.
En todo caso, el dúo se retroalimenta. Porque cuando Giacomo trabaja para Yeremay, sabe que esa labor puede acabar sirviéndole para, unos segundos después, recibir el balón en mejores condiciones. Así sucedió, por ejemplo, en Córdoba, lugar en el que el binomio cristalizó su poderío dejando su sello en el marcador.
Facturando
En aquel encuentro, a la hora de juego, Deportivo recuperó la pelota en campo contrario, Villares conectó en el lado opuesto con Luismi Cruz y el andaluz filtró en diagonal hacia Yeremay, que se encontraba abierto en la banda izquierda mientras Quagliata centraba su posición para generarle espacio. Lo consiguió el italiano, que incluso se sorprendió cuando el ‘10’ encontró el espacio entre las piernas del rival para fabricar un túnel con destino a sus botas. No desaprovechó la asistencia el internacional sub-21 por Italia, que transformó su primer gol con la camiseta blanquiazul con un zapatazo con su zurda.
Pase de gol de ‘Yere’ y gol de Quagliata. La fórmula no se ha vuelto a repetir en toda la temporada. Ni en ese sentido ni en el opuesto, pese a que el italiano ha generado otras dos contribuciones de gol (diana ante el Córdoba en el partido de vuelta y asistencia ante el Huesca) y a que Hernández ha anotado 11 dianas y ha dado 6 pases más que acabaron en tanto.
Sin embargo, con Yeremay ya de vuelta, con capacidad para realizar acciones que antes no podía y posibilidad de acumular minutos, el dúo ha vuelto a ser un factor ofensivo desequilibrante.
Como pareja, Quagliata y Hernández han sido protagonistas principales en tres de los últimos cinco goles del equipo. En Huesca, Yeremay entró desde el banquillo y sumó una preasistencia —pase previo a la asistencia— al poner a correr en profundidad a Quagliata. El canario recogió el pase de Soriano en amplitud, mientras el italiano cogía altura, se situaba entre central y lateral y le dibujaba la posibilidad de un desmarque en profundidad. Yere lo entendió y colocó el pase en el tiempo y espacio perfectos para que el ‘12’ recibiese y pusiese el esférico al área hacia la llegada de Luismi Cruz, que anotó.
La brillante acción la replicó el binomio el pasado fin de semana ante el Burgos. Giro de juego, recepción de Yeremay y pase hacia la profundidad a Quagliata, que tuvo el tiempo exacto para perfilarse y volver a poner el balón raso hacia el punto de penalti. Atienza le negó el remate a Cruz —y la asistencia a Giaco—, pero Bil Nsongo apareció para embocar.
Invisible
Ese último gol fue también la tercera contribución directa al marcador de la pareja en los últimos tiempos. La segunda sucedió en el duelo ante el Mirandés de una semana antes y de un modo diferente, con el italiano ejerciendo un trabajo invisible que permitió a Yeremay llegar al área para facturar.
Con el rival presionando ya muy alto y al hombre, Quagliata detectó las intenciones de su socio, que quería descender para recoger el balón en la teórica posición del lateral. Entonces, el italiano se fue hacia dentro y se colocó prácticamente como delantero, arrastrando consigo a Hugo Novoa para dejarle un mano a mano en todo el carril con Juan Gutiérrez. Aceleración, llegada al pico del área y asistencia a Nsongo para el 3-1. Otra forma de facturar del dúo que se entiende a las mil maravillas y que hoy pretende volver a hacer de las suyas ante el Leganés.











