Tres vidas entregadas al Deportivo
175 años suman entre José Gutiérrez Illobre y sus hijos Francisco Javier y José Carlos, y 160 como socios blanquiazules

Las vidas de José Gutiérrez Illobre y sus hijos Francisco Javier y José Carlos prácticamente se cuentan por años de deportivismo. 175 suman entre los tres, de los cuales encadenan 160 como socios blanquiazules, casi desde la cuna. En el caso del hijo menor, prácticamente de forma literal, puesto que solo dos horas después de su nacimiento ya tenía el carné de abonado.
“Salí en la prensa porque era un hecho curioso”, presume, con orgullo, José Carlos Gutiérrez Nouche, quien vio la luz y se estrenó como deportivista el 28 de agosto de 1979, hace 46 años y ocho meses. “El club mandó un ramo de flores a mi mujer”, recuerda José Gutiérrez, mientras el hijo mayor apunta que “de aquellas era un acontecimiento”.
El menor de los Gutiérrez posee el número de socio 429, mientras que su hermano mayor, el 312, y su padre, el 92.
Me hicieron socio dos horas después de nacer y salí en la prensa
“Había un hecho muy curioso, que el abuelo tenía un número de socio mayor que el de mi padre porque él no pagaba porque trabajaba en el ambigú de Preferencia de Riazor y se hizo socio más tarde, pero era deportivista de toda la vida e iba a todo. De hecho, hizo socio a mi padre tan pronto porque estaba en el bingo que tenía el Dépor en el Atlántico”, relata Francisco Javier.
Su padre nació el 25 de mayo de 1947 y quince años después, el 1 de julio de 1962, ya era un deportivista con todos los honores, aunque disfrutaba y sufría en Riazor desde antes. “Yo iba con el colegio, cuando íbamos a júnior”, rememora José, quien se encargó de transmitir a sus descendientes el gen blanquiazul que heredó de su progenitor.
“Mi padre, Leonardo Gutiérrez Fuentes, fue quien nos inculcó el deportivismo a todos”, argumenta José, mientras Francisco Javier subraya que “el abuelo era forofo, forofo. Sufría muchísimo y ya se ponía nervioso nada más llegar al campo. Metió en el Dépor a mi padre, al hermano, a mí, a mi hermano... a todos”.
Reconocimiento
51 años tiene Francisco Javier, que fue uno de los 25 abonados que el pasado 15 de abril recibieron la insignia de oro del Deportivo por su compromiso blanquiazul de manera ininterrumpida durante los últimos 50 años.
“Escotet se quedó sorprendido. Me dijo: 'Eres muy joven para ser socio de oro'”, confiesa el mayor de los hermanos Gutiérrez Nouche, cuya felicidad se refleja en su rostro.
“El Deportivo es como mi familia porque me he criado con él. Es como que das por sentado que está ahí. Habrá mejores equipos, pero el Dépor es mío. A mí el fútbol me da igual, me gusta el Dépor porque es algo que pertenece a mi vida, porque lo llevamos en la sangre. De hecho, yo no llevo bufandas ni camiseta porque cuando las llevo, el Dépor palma”, afirma Francisco Javier, mientras su hermano José Carlos puntualiza que es del Dépor “a muerte, pero me gusta ver fútbol, partidos de Primera RFEF o de Primera y Segunda... del Celta no soy. Eso no (risas)”.
Escotet se quedó sorprendido. Me dijo: Eres muy joven para ser socio de oro
El padre lo tiene claro. “Socio ya hasta que me muera”, sentencia mientras se detiene unos instantes, incapaz de contener la emoción. “Se me caen las lágrimas”, admite conmovido. “Para mí el Deportivo es el único equipo, el mejor del mundo, y paso del Madrid, del Barcelona, de todos”, reflexiona José.
Sufrimiento
65 años de socio del cabeza de familia para reír, pero también para sufrir. “Yo viví muchos lloros y lo pasé muy mal con el Deportivo, pero que muy mal”, confiesa el progenitor. “Mi primer gran recuerdo es el primer ascenso a Primera División que conseguimos con Arsenio Iglesias en 1971, con el gol de Beci frente al Rayo Vallecano, al que ganamos 1-0 aquí. Pero hubo otros que fueron malos. El peor, para mí, es cuando el Compostela nos metió 2-6 con el SuperDépor. Y hubo otro, cuando fuimos a Oviedo, que nos pitaron un penalti inexistente y nos expulsaron al lateral izquierdo, que era yugoslavo, y ganaron 1-0”, continúa.
“Cuando éramos niños e íbamos con mi padre a Riazor, nos llevaba a Preferencia”, rememora el menor de los Gutiérrez, mientras su padre apunta que le gustaba, “la Grada elevada, que era la antigua Preferencia. No estaba cubierta y estaban todas las banderas de los rivales contra los que jugaba el Deportivo y se veía el fútbol perfecto. Pero con motivo del Mundial 82, la tiraron y la pusieron como está ahora”.
“Al haber ‘Especial Niños’, fuimos con nuestro padre al fútbol hasta cumplir los 15 o 16, que es cuando empezamos a ir a General”, comenta Francisco Javier, que continúa explicando sus recuerdos, como el de "ir al campo viejo con mi padre, antes del Mundial. Me acuerdo perfectamente de cuando nos cambiaron, en 1979 o 1980”.

Resulta curioso que, pese a los títulos y las noches históricas que protagonizó el Deportivo a partir de su ascenso en 1991, el mayor de los hermanos Gutiérrez Nouche apunta que la mayoría de los momentos que presenció en Riazor junto a su padre y su hermano fueron negativos.
“Un recuerdo traumático que viví junto a mi padre fue el ascenso que perdimos contra el Rayo. Me acuerdo ya no solo del partido, sino de dónde comimos, dónde fuimos, dónde estaba yo en el primer gol... Mi hermano pequeño aún no iba porque tenía dos o tres años, pero yo sí lo recuerdo, aunque no era consciente de que nos jugábamos el ascenso ni nada. Creo que es mi primer recuerdo de vivir juntos un partido importante de verdad”, explica Francisco Javier.
Éxitos por separado
El mayor de los hermanos medita un instante y lanza una reflexión al aire: “Es verdad que nunca vivimos juntos los títulos. Derrotas, sí, pero los éxitos no...". "Lo que pasa es que mi hermano antes vivía en Suecia y ahora, en Mallorca, y yo vivo en Arteixo. Además, cada uno vimos el título de Liga por separado. Yo, con los Blues; él, con sus amigos; y mi padre, por su lado”, se apresura a explicar el pequeño de los Gutiérrez, quien, al instante, espeta: “El Centenariazo lo viví allí, en el Bernabéu. Fue increíble”.
“Si hubiéramos tenido otros entrenadores, habríamos ganado dos ligas más. Irureta era terrible de defensivo y Arsenio... Íbamos a ser campeones de Liga, pero empatamos a cero contra el Lleida y el Rayo. Siempre pecamos de tener malos entrenadores”, subraya el padre, mientras su hijo mayor apostilla: “Esa Liga no se perdió en el penalti, sino en los partidos anteriores, porque el Dépor fue a amarrar a campos donde debió salir a ganar”.
José se queda callado unos segundos, mira al techo y suelta: “El Rayo Vallecano y el Valladolid siempre nos lo pusieron complicado, eran nuestras bestias negras”.
“Calla, que aún tenemos que ir a Valladolid”, apunta José Carlos, mientras Francisco Javier añade que "aquel partido de Copa en el que nos eliminaron, con el arbitraje de Soriano Aladrén ‘el ladrón’, fue uno de los mayores robos que ha habido en un campo de fútbol, junto con el del PSG, que fue aún peor”, dice el hijo mayor. Francisco Javier Gutiérrez Nouche se refiere a la vuelta de la semifinal de la Copa del Rey 1988-89, en la que los blanquiazules, que competían en Segunda División, cayeron a manos del Pucela, de Primera, tras ganar en Riazor en la ida (1-0), con un gol de Raudnei, y perder en el Nuevo José Zorrilla en la prórroga (2-0), en un duelo en el que el árbitro madrileño Emilio Soriano Aladrén perjudicó claramente a los herculinos con sus decisiones y su permisividad con el juego excesivamente duro de los blanquivioletas. En cuanto al pulso con el PSG, habla de la semifinal de la extinta Recopa de Europa de la campaña 1995-96, en la que el club parisino, plagado de estrellas como Youri Djorkaeff, Patrice Loko, el brasileño Raí y el portero Bernard Lama, se impuso en la ida en Riazor (0-1), con un gol del francés de origen armenio Djorkaeff en el minuto 90, y en la vuelta (1-0), con una diana de Loko.
Noches de Champions
Casi toda una vida de deportivismo da para decepciones, pero también para hazañas mágicas como las grandes noches que protagonizó el Deportivo en la Champions League durante sus años dorados.
“La gente no se acuerda, pero la Champions empezó siendo dos liguillas de grupos, que era muy difícil, y estuvimos cinco años seguidos compitiendo, quedando segundos o terceros en la Liga y clasificándonos para los cuartos de final de la Champions, que era muy complicado. Mira cómo le pasa factura a los equipos que no son Barça, Madrid o Atlético”, relata Francisco Javier.
“Yo donde más disfruté fue con el 4-0 contra el Milan, que la remontada fue increíble”, confiesa su padre, mientras José Carlos apunta, “esa remontada la viví contigo, que fue espectacular”.
“Y el 4-3 al PSG, buf. Son partidos que se te quedan para siempre. Y le ganamos al Arsenal, al Bayern, al Manchester United...”, presume José.
“A ver, el Milan evidentemente fue tremendo porque nadie se esperaba remontar aquella eliminatoria, pero el partido que más disfruté fue el que remontamos el 0-2 al Madrid en octubre de 1992 (3-2), el que metió Rocha en propia meta. Aparte, ahí fue un poco como darle la vuelta a la tortilla”, dice el hijo mayor.
Durante la hora de conversación con José y sus hijos en la redacción de DXT Campeón, se suceden los recuerdos de manera imparable. Los malos, pero sobre todo los buenos. Historia refrescada, además, por la visita de los tres al Museo del Dépor unos días antes.
“La visita nos trajo tantos recuerdos”, confiesa el padre. “Cuando era pequeño, los partidos se jugaban a las tres y media o cuatro de la tarde porque no había luz eléctrica y cruzábamos la playa del Orzán, que golpeaba el mar ahí, que madre mía. Era terrible. Íbamos casi sin comer porque los partidos se jugaban muy pronto”, dice José Gutiérrez.
Ahora estamos acostumbrados a que acudan más de 20.000 espectadores de media a Riazor, pero hubo tiempos en los que no fue así. “En los 80 solo éramos unos 6.000 o 7.000 en Riazor. La afición de verdad era la de Tribuna y Preferencia, el que iba todos los días, lloviera, hiciera frío, lo que fuera”, relata Francisco Javier, mientras su padre agrega: “Ahora es una pasada cómo se vuelca la gente joven”.
Cuando era pequeño, los partidos se jugaban a las tres y media o cuatro de la tarde porque no había luz eléctrica
La conversación prosigue entre ellos tres de forma natural, sin necesidad de agentes externos, mientras desempolvan nombres de ídolos y jugadores menos apreciados.
“Yo admiré mucho a Djalminha. Era un crack. De los antiguos me acuerdo de los buenos y de los malos. Pousada fue una negación del fútbol y al que más odié fue a José Luis porque jugaba cuando quería”, expone el padre, mientras su hijo mayor apunta: “Era muy bueno, pero si hubiera tenido la cabeza amueblada... Tenía clase para ser un Setién o uno de esos, pero era indolente”.
“Venía Vicente, el defensa del Celta, y le anulaba siempre, y mira que José Luis tenía cuerpo”, insiste José. “Tuvimos jugadores muy buenos como Loureda, Cantudo, Chapelita, y grandes porteros como Betancort, Acuña, Lestón... No vi jugar a Luis Suárez porque en cuanto destacó, se fue para el Barça. Lo vi cuando vino de entrenador”, continúa.
“Yo soy del Turu Flores y luego, si le tengo que dejar mi piso, Scaloni, por el corazón que tenía, pero el Turu... Me sorprendía porque la gente decía que era lento, pero el arranque de ese tío, cómo se revolvía en una baldosa, su disparo. Y tenía gen ganador”, afirma Francisco Javier, mientras su hermano José Carlos revela: “Bebeto, Mauro Silva, Makaay son mis ídolos. Y Valerón, que coincidí con él en Las Palmas, en Arguineguín, y se levantó y vino a desayunar conmigo”.
“Fran era muy bueno, pero que muy bueno. No le llevaron a la selección porque estaba Julen Guerrero y tenía prensa, pero Fran era mil veces mejor”, sentencia José Gutiérrez, desde sus casi 79 años de edad y 64 como blanquiazul. Y ante eso, no hay más que añadir.












