Mi vida en blanquiazul | Francisco Pose: “Quise transmitir el amor por el Dépor de mi padre”
Incondicional blanquiazul de la grada de Preferencia Superior, se encuentra a solo cuatro años de obtener la insignia de oro del club en reconocimiento a medio siglo de alta fidelidad

Mi afición por el fútbol proviene de haber estado durante diez años jugando en los Salesianos en el patio, que era una vía láctea de compañeros dando patadas al balón.
Mi historia como deportivista comienza realmente, pero sin ser consciente, a los tres años cuando mi padre me llevó a un partido contra el Atlético, en el que estuvo de pie en la grada y conmigo en brazos, según contó él en una entrevista en Dxt el 14 de febrero de 2006, con motivo de alcanzar sus 50 años de socio.
Él nos hizo sentir su cariño por el Deportivo a toda la familia; mi madre también fue socia hasta que falleció y yo ya era socio de niño. Recuerdo ir a Riazor con seis años junto mis padres a Preferencia Inferior, pero estar bajo los paraguas muchos partidos le hizo pasar a Preferencia Superior en cuanto se pudo.
Dentro de cuatro años espero cumplir los cincuenta de socio ininterrumpidos, pero realmente debo llevar más de sesenta, ya que era socio años antes de descender en 1980 a Segunda B, año que me coincidió con el tiempo de la mili.
Otros recuerdos que tengo quizás muy tenues fueron ver a Amancio, aunque no tanto a Luisito Suárez. Jugadores de nivel que para mí y muchos eran referentes en el mundo.
Otro ‘flash’ especial fue el del año de 1970, cuando mi padre compró su primer coche y decidimos ir a ver al Dépor a Pontevedra. Tuvimos un pequeño accidente pero aun así fuimos a ver el partido.
De los viajes a ver el Dépor fuera de Riazor tengo dos en mí recuerdo, uno a Vigo contra el Celta en 1970, estábamos en la grada de Río. Durante todo el partido estuvimos escuchando insultos de los celtistas, pero en la segunda parte el Deportivo se repuso y empató con dos goles de Chapelita. El otro del que guardo un sentimiento de cariño especial fue cuando ascendimos a Primera con Cheché Martín; viajamos a Gijón, ellos tenían un equipazo con Churruca, Valdés, Puente y Quini como figura, habíamos perdido 2-0. Otras imágenes vividas coincidieron durante mi estancia en Ponferrada por trabajo durante once años, en los seguí siendo socio del club pero no podía estar en Riazor todos los partidos.

Empezaron a transmitir partidos por la TVG y aunque la señal era muy mala, en ocasiones, buscaba bares que pudieran tener la señal y poner al Depor, cosa que era imposible si a esa hora la tele daba equipos de Primera División.
Recuerdo el partido de vuelta de las semifinales de Copa contra el Valladolid que se jugara a media tarde, en el bar el dueño accedió a ponerme la gallega porque no había nadie. De aquel partido y del árbitro Soriano Aladrén es mejor no recordar nada; nos atracaron, con Fernando Hierro a la cabeza, cosiendo a patadas a Fran entre otros.
En el fútbol no basta con jugar bien. Para mí fueron inolvidables momentos como ver el debut de Fran y José Ramón cuando Rodríguez Vaz los subió del Fabril, eran unos niños y nos ayudaron a poner rumbo a la salvación. La llegada de Lendoiro supuso un antes y después en nuestra historia por su visión y conocimiento del fútbol y por aportar ilusión a una afición que, siendo grande, no le llegaba el momento de sentir esa grandeza y asentarnos en Primera.
En lugar de ver fútbol de gran nivel en los Teresa Herrera, lo pudimos ver y ser protagonistas en la Liga y en Europa. Quién nos iba decir que aquellos equipos que venían en verano serían derrotados por el nuestro. Sobre todo, ver que el Madrid fuera invitado a disputar la L edición del Teresa Herrera con un impresionante trofeo de oro y que conocidos míos de Madrid de veraneo por Galicia estaban seguros de llevárselo. Que lo tengamos en nuestro historial es impagable.
Quise siempre transmitir el amor por el Dépor de mi padre; tanto mi hijo como un sobrino-nieto son socios. La situación del club ha superado una de sus peores etapas y parece que la actual administración pretende dejar su huella por muchos años. Los aficionados ya hemos demostrado a la altura que estamos; hay más socios que nunca, acudimos en masa en la categoría que sea, tanto en Riazor como campos rivales. Esperemos que pronto podamos volver a disfrutar de aquellas jornadas mágicas en Liga y en Europa, confiando en que los actuales dirigentes sepan coger el testigo de éxitos vividos y alcancen a igualarlos.
La situación actual hace pensar que el ascenso está en nuestras manos. Por la afición, como siempre, no va a quedar. El equipo debe saber que culminar el ascenso sería recordado en nuestra larga y notable historia como un hito. Salvar los puntos en casa siempre ha sido determinante en cualquier objetivo, y por nuestro sistema de juego a domicilio hemos sido capaces de lograr puntos que los rivales no esperaban perder. Es el momento que en el ciclismo sería demarrar. Lo lograremos.










