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Dépor

Así lo vivió la afición del Dépor | Penaltito y punto

Más de 700 aficionados blanquiazules, encabezados por el presidente Juan Carlos Escotet llenaron la zona visitante de El Plantío

La afición del Dépor en la grada de El Plantío
La afición del Dépor en la grada de El Plantío
FERNANDO FERNÁNDEZ
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Hay partidos que empiezan mucho antes del pitido inicial. El que se disputó este sábado entre el Burgos y el Dépor fue uno de ellos. No arrancó en El Plantío, ni siquiera el sábado por la mañana, sino días antes, cuando la palabra “ascenso” empezó a resonar más que nunca en el ambiente. Segundo contra sexto y la certeza de que lo que estaba en juego era demasiado grande como para vivirlo como un encuentro más.

El cartel de sold out se colgó con tres días de antelación. Una clara señal de lo que estaba a punto de suceder. Y hacia allí se puso en marcha una marea deportivista que superó los 700 aficionados, quienes agotaron todas las entradas de una zona visitante que posteriormente tiñeron de blanquiazul. Desde el viernes por la tarde, la ciudad empezó a llenarse de camisetas del Dépor y de grupos que habían decidido convertir el partido en una excusa para pasar un fin de semana de puro fútbol.

Más de 700 seguidores blanquiazules vivieron el encuentro en El Plantío
Más de 700 seguidores blanquiazules vivieron el encuentro en El Plantío
FERNANDO FERNÁNDEZ

Al día siguiente, desde primera hora, la plaza de Santa María se convirtió en el punto de encuentro, por donde se dejó ver Antonio Hidalgo, saludando a todos los hinchas coruñeses que se encontraba a su paso. Además, muchos de ellos aprovecharon la iniciativa del Burgos, que incluía con la entrada al partido una visita gratuita a la Catedral. La previa fue creciendo sin necesidad de un guion establecido y pronto los cánticos comenzaron a resonar por todas las calles burgalesas.

A medida que avanzaba el día, los aficionados se fueron repartiendo por distintos rincones de la ciudad. Uno de los más concurridos fue la cafetería La Oficina, donde muchos habían quedado antes de ir al estadio. En paralelo, el Burgos también aportaba lo suyo. El duelo coincidió con el día de las peñas y los aledaños de El Plantío se transformaron en una auténtica fiesta. Dos orquestas pusieron la música, había food trucks, barras al aire libre… Un escenario perfecto para que ambas aficiones conviviesen en una previa intensa pero, en líneas generales, respetuosa.

Ya dentro del estadio, los seguidores del Deportivo se colocaron en una esquina del fondo, convertida en un pequeño Riazor lejos de casa. Pero no eran solo ellos, otros estaban repartidos por todo el recinto, entre los que se encontraba una presencia que no pasó inadvertida. Juan Carlos Escotet, presidente del club coruñés, volvió a ver el partido entre la afición, viviendo cada jugada como uno más.

Juan Carlos Escotet en la grada visitante de El Plantío
Juan Carlos Escotet en la grada visitante de El Plantío
FERNANDO FERNÁNDEZ

Los locales, por su parte, no se quedaron atrás. Llenaron el estadio y empujaron desde el primer minuto, convirtiendo El Plantío en una caldera. Desde el primer instante se notó que había mucho en juego y el feudo burgalés no dejó de rugir ni un segundo. El partido respondió a lo que prometía. Intensidad desde el inicio, muchas disputas y continuas protestas arbitrales que se prolongaron durante toda la primera mitad. El Dépor golpeó primero y en el minuto 16, Bil mandó el balón al fondo de la red, hizo su ya característico mortal y desató la locura en el sector visitante. A partir de ahí, el ambiente se tensó aún más. Incluso hubo una tangana en la zona de banquillos cuando el árbitro mandó a Ferllo cambiarse la camiseta por estar manchada. En medio del revuelo, Mario González, que hasta el momento veía el partido desde el banquillo, acabó expulsado por protestar. La afición del Burgos comenzó a gritar el “fuera, fuera”, un cántico que en poco después le tocaría entonar a la hinchada blanquiazul. Y es que, a punto de llegar al descanso, el conjunto dirigido por Ramis encontró el empate en un penalti polémico, revisado por el VAR, que Curro transformó.

La segunda parte no tuvo tantas ocasiones, pero la tensión se mantuvo hasta el último segundo, con ambas hinchadas sufriendo porque la suerte cayera de su lado. Pero finalmente, el marcador no se volvió a mover, y cuando llegó el pitido final, el foco volvió a la grada. El Plantío despidió al cuadro arbitral entre pitidos, y los jugadores de Deportivo se acercaron junto a su afición para saltar y continuar la tradición que mantienen cada partido en Riazor. Antes de dirigirse a la zona de vestuarios, Álvaro Ferllo lanzó sus guantes a la grada, desatando otra pequeña ovación y una disputa por quién se los quedaba.

“Fue penaltito, penaltito, pero bueno, unas veces te dan y otras te quitan”, afirmó un aficionado a los micrófonos de Dxt Campeón a la salida del estadio. A su lado, un infiltrado respondía con media sonrisa: “Soy del Burgos, pero es penaltito”. Así se cerró un encuentro entre dos aficiones que sueñan con verse la próxima temporada en otra categoría y que demostraron saber disfrutar del fútbol más allá del resultado. “Hacemos un trato, ascendéis de segundos y nosotros de sextos”, le propuso un burgalés a un deportivista. “No, primero y segundo”, respondió este sin dudar. La conversación concluyó con ambas caras iluminadas de ilusión y un apretón de manos que resumía lo vivido: rivalidad en el campo, respeto fuera y las ganas compartidas de volver a encontrarse un peldaño más arriba.

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