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Dépor

Yeremay aprieta los dientes para el sprint final con el Deportivo

El canario aprende a convivir con sus molestias mientras enlaza ya cinco jornadas seguidas con minutos recuperando sensaciones

Yeremay durante el Huesca-Dépor de El Alcoraz
Yeremay durante el Huesca-Dépor de El Alcoraz
FERNANDO FERNÁNDEZ
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“Yere tiene una lesión que yo he sufrido... cuando un día que puede aparecer y estás mejor, al día siguiente llega la lesión y te hace ver que no estás tan bien. Al cien por cien es difícil llegar... se puede acercar, pero hay momentos y días que te dicen que eso va a ser difícil. Es una lesión que hay que sufrirla mucho. El otro día ya dio una mejor versión y tenemos que ir ayudándole para que esa versión nos pueda ayudar con ese aspecto diferencial que es Yeremay”. Antonio Hidalgo inquietó a buena parte del deportivismo unos días antes de viajar a Huesca con el estado físico del canario. Como poniendo la venda antes de la herida en caso de que el regreso que todos esperan como salvador para el tramo final de temporada no estuviera tan cerca como todos querían creer.

Los entrenadores suelen recelar de contar toda la verdad delante de los micrófonos. A eso se une que, afortunadamente, los hechos resuenan más alto que las palabras. Y lo que enseñó Yeremay en El Alcoraz hace pensar que la vuelta del 10 a tener un papel relevante está más cerca de lo que pueda querer mostrar el preparador deportivista de forma pública. Ante el Málaga ya había dejado muestras de haber recuperado cierta chispa, especialmente en el primer paso para irse de sus rivales, y ante el Huesca le dio continuidad a ese crescendo, resultando decisivo en la jugada del tanto que abrió el marcador y quedándose a centímetros de marcar un gol de bandera para dar la victoria en el descuento tras un control y recorte marca de la casa.

Yeremay está llegando. Hace casi dos meses de aquel fatídico día en el que su físico dijo basta y con él llegó también el cruce de cables que le costó la roja en el tiempo de alargue ante el Eibar. Desde entonces, el atacante blanquiazul ha estado sumido en una lucha contra el tiempo, sus molestias en el pubis y también esa batalla interna en su cabeza por no poder ayudar al equipo sobre el césped como así lo exige su condición de jugador franquicia. El pasado domingo completó su quinto encuentro consecutivo sobre el césped desde su reaparición ante el Zaragoza. Siempre yendo a más, siempre aumentando de forma paulatina su presencia en el terreno de juego, con la única excepción del valle ante el Córdoba para compensar la semana de tres encuentros en ocho días tras venir de Gijón. Frente al Huesca superó por primera vez la media hora de juego. Lo hizo dejando no solo buenas sensaciones en ataque, sino también apretando los dientes a la hora de defender. Ganó dos duelos, recuperó una pelota y se aplicó a la presión como una pieza más del engranaje que ha construido Hidalgo durante su ausencia.

Es perfectamente consciente de lo que le toca. Aprender a sufrir, a convivir con una lesión que, como anticipó su entrenador, es probable que le acompañe hasta final de temporada. La implicación y el compromiso, tanto en el trabajo semanal para estar lo mejor posible cuando lleguen los partidos, como sobre el césped para complementar con esfuerzo todo lo que sus molestias le impiden dar con el talento, deben ser en la recta final de Liga sus señas de identidad. Incluso al mismo nivel que la magia que desprende en cada contacto con la pelota.

La última pieza

Este regreso desde las catacumbas de la enfermería coincide además con una semana larga de preparación para el siguiente encuentro. Una semana en la que se rumiarán los dos puntos que volaron a última hora en territorio aragonés y, sobre todo, la sensación de que la competición y los rivales están reduciendo al mínimo el margen de error en partidos como el que el próximo lunes trae a Riazor al Mirandés. Todos estos factores ponen mesa y mantel para que las probabilidades de que Yeremay regrese al once crezcan de manera exponencial a poco que las sensaciones del canario sean buenas durante los próximos días. Cinco sesiones de trabajo por delante tiene Hidalgo para decidir si es el momento de recurrir al as en la manga que todavía se guarda después de haber encajado todas las piezas de su nuevo Dépor.

De hecho, la de Yere aparece como esa llave maestra que puede abrir las últimas puertas que más le están costando al equipo blanquiazul. Con esa nueva estructura que se apoya en dos delanteros y en la que, salvo momentos muy puntuales, Stoichkov está quedando a deber. El técnico ya intentó que el diez ocupase esas zonas interiores al inicio de temporada, pero la voracidad de la competición no espera a nadie y Yeremay nunca terminó de sentirse cómodo, más allá de que tuviera muy poca colaboración del colectivo. La situación es diferente ahora. La maquinaria está engrasada y todos conocen a la perfección el rol que tienen que desempeñar, algo que, a tenor de sus últimas intervenciones, él también ha entendido con la perspectiva que da poder verlo desde la distancia.

Siete encuentros, quizá alguno más, tiene por delante Yeremay para todavía ser el héroe que toda la afición blanquiazul esperaba y completar un tramo final de campaña en el que después de sufrir, sea él quien ría el último

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