Barcia y Noubi avivan la batalla por la última plaza de la defensa
El acompañante de Loureiro es la única incógnita en una retaguardia muy definida

A siete jornadas del final, lo que durante meses fue un rompecabezas empieza, por fin, a ofrecer una imagen nítida en el Deportivo. La línea defensiva, sacudida por cambios constantes a lo largo de la temporada —ya fuese por lesiones, reajustes posicionales, sanciones o decisiones técnicas—, ha terminado por asentarse con nombres propios en casi todas sus posiciones. Hay una estructura reconocible, unas sinergias ya interiorizadas que han elevado el rendimiento colectivo y que, en definitiva, han aportado estabilidad en el tramo decisivo del curso.
Ese crecimiento no se entiende solo desde lo individual. El paso al frente sin balón, la coordinación en la presión y el ajuste entre líneas han sido el primer problema a solventar para dotar de identidad a un conjunto coruñés que ahora se reconoce mucho más en lo que hace. El equipo ha dejado de partirse, ha encontrado el equilibrio y ha conseguido defender más junto. Una mejora que, además de reducir concesiones, ha servido como plataforma para potenciar otras virtudes.
Porque, aunque se trate de una cuestión coral, el aumento del nivel en la retaguardia ha sido clave en un momento en el que la calidad individual de los extremos más desequilibrantes quedó en fuera de juego. Ahí, el Deportivo encontró una vía alternativa: cargar el juego por fuera a través de los laterales. Los carriles exteriores han ganado protagonismo y profundidad, convirtiéndose en un recurso ofensivo constante, destacando dos nombres propios. Por un lado, Giacomo Quagliata, cuyas actuaciones recientes han rozado el sobresaliente, con un gol ante el Córdoba y una asistencia a Luismi Cruz en El Alcoraz. Y por otro, Ximo Navarro, en un momento de forma óptimo y perfectamente compenetrado con Adrià Altimira, con quien ha convertido el costado derecho en el lado fuerte del equipo. Entre ambos han elevado el nivel competitivo de la zaga y han añadido un recurso ofensivo más a un Deportivo que lo necesitaba.
Con el italiano y el granadino en estado de gracia, la defensa blanquiazul empieza a recitarse de carrerilla. O casi. Porque hay una pieza que sigue sin tener dueño. El único interrogante se mantiene en el eje de la zaga, en el puesto de acompañante de Miguel Loureiro. El cercedense, convertido en el gran fijo, ha tenido hasta tres socios distintos en las últimas cuatro jornadas en las que ha estado disponible. Reflejo de una competencia que se ha reactivado en el momento más exigente.
Arnau Comas fue el primero en aprovechar su oportunidad. Apoyado en la lesión de Loureiro y la convocatoria internacional de Lucas Noubi, encadenó tres titularidades consecutivas ante Ceuta, Zaragoza y Sporting de Gijón. Sin embargo, el regreso de ambos lo ha devuelto al banquillo. El central formado en La Masía, sin minutos en el duelo intersemanal ante el Córdoba ni en los dos empates posteriores, parece haberse descolgado de una pugna que ahora se reduce a dos nombres.
Dani Barcia y Lucas Noubi protagonizan la batalla por cerrar la defensa del Deportivo. Dos perfiles distintos, dos caminos opuestos durante buena parte del curso y un mismo objetivo en este tramo final. El canterano dio un paso al frente en El Molinón, donde firmó un gol de cabeza ante su presa favorita el mismo día en que rompió una racha de doce partidos consecutivos sin ser titular, la más larga desde su llegada al primer equipo.
Dani Barcia, con 19 titularidades, ha salido de inicio una vez más que Lucas Noubi en esta temporada
Por su parte, el central belga recuperó su sitio en el once frente al Córdoba y se estrenó como goleador con la camiseta blanquiazul. Sin embargo, en la siguiente cita ante el Huesca volvió a ceder su puesto a Barcia. La decisión no fue casual. El técnico optó por un perfil zurdo que facilitase una salida de balón más natural y veloz, un matiz táctico que benefició al cambrés.
Pese a sus diferencias, ambos comparten un denominador común que el propio Hidalgo desgranó tras la eliminación copera frente al Atlético de Madrid. “Son jugadores que, cuando están muy concentrados, demuestran que tienen un gran nivel. Es la concentración de vivir el partido. Quizá este tipo de partidos te llevan a eso. Tanto a él como a Lucas les tenemos que hacer ver que esa es la situación, pero es algo en lo que incidimos mucho”.
Aunque han demostrado de lo que son capaces de hacer juntos ante jugadores de élite mundial, su convivencia en el once ha sido la excepción y no la norma. Como si sus trayectorias durante la temporada se hubiesen desarrollado en paralelo, pero rara vez convergieran.
El calendario, que en su momento obligó a tirar de fondo de armario, ha devuelto ahora una pelea que parecía resuelta. Una competencia que se reactiva, pero que para el cuerpo técnico, lejos de ser un problema, es una bendición. Porque el gran beneficiado es el propio Deportivo. La competencia interna eleva el nivel, amplía las soluciones y permite adaptar la elección a lo que demande cada partido. Con una base ya definida y una única incógnita por resolver, la defensa blanquiazul ha dejado de ser una duda para convertirse en uno de los principales argumentos del equipo en la recta final de la temporada.











