
Antonio Bouza: "Lo de Xavi, Iniesta y Laudrup ya lo hacía Luis Suárez a los 15 años"
El autor del gol que certificó el primer ascenso del Fabril a la tercera categoría nacional en junio de 1954 recuerda su carrera futbolística
"Parece una entrevista a Luis Suárez y no a mí", bromea Antonio Bouza Pazos (Carballo, 1935), quien jugó junto al primer Balón de Oro español en el Perseverancia, después en el Fabril y más tarde en el Deportivo. Rápido y ambidiestro, como se define, el extremo izquierdo marcó el gol que certificó el primer ascenso del Fabril a la tercera categoría nacional, el 13 de junio de 1954. Tras proclamarse campeón del grupo Norte de la Serie A Regional, el equipo fabrilista se impuso en la liguilla de ascenso ante Zeltia, Brigantium y Guardés y, posteriormente, batió en la promoción al Juvencia (2-4 en Trubia y 1-2 en Riazor). Bouza firmó un doblete en la ida y el 1-2, de penalti, en la vuelta. Con motivo del nuevo ascenso del filial blanquiazul, nos recibe en Riazor, junto a su familia, donde refresca los recuerdos de su etapa profesional durante la visita al Museo del Deportivo. Jugó dos encuentros en Primera División con la escuadra herculina y es socio desde 1950. De hecho, es el abonado número 57.
Fue el héroe de aquel ascenso.
Era muy goleador. ¿Cómo lo definiría yo? No era delantero centro, ni interior, ni medio, ni carrilero, pero jugaba en todas partes. En todas mal (risas).
Tan mal no jugaría.
Yo creo que no era bueno.
¿Qué le faltaba?
Valor. Fui a probar al Atlético de Madrid, al Celta, con perdón, y al Betis, y ninguno me quiso porque no valía.
Le dio para lograr ese ascenso.
Es que no jugaban como nosotros, había mucha diferencia. Yo era extremo, que era el que sacaba los córners, y empecé a sacarlos en corto porque no me alcanzaba la pelota hasta el otro lado porque tenía poca fuerza, pero era rápido. Entonces, Luis Suárez me mandaba el balón por el medio, al espacio, como dicen ahora, y sabía que tenía que ir allí porque llegaba el balón.
El Fabril tenía un convenio con el Dépor, pero no era filial propiamente dicho.
Yo creo que no había ningún papel por medio. De hecho, vestíamos de azulgrana y no de blanquiazul.
Antes jugó en el Perseverancia, que era un equipo de la parroquia de Santo Tomás, en Monte Alto, donde también jugó Luis Suárez.
Conocí a unos amigos que iban a la parroquia y tenían un equipo mediocre, el Perseverancia, pero conseguimos que los chavales del barrio se juntaran alrededor de la parroquia y apareció un chaval que jugaba de manera distinta, en el Campo de la Luna, que era un descampado entre casas. Los aficionados no iban a ver al Espanyol, al Santa Margarita, al Torre o al Marte, sino a Luis Suárez, que jugaba en un equipo sin federar en unos torneos que organizaba Eladio Naya, que después fue presidente del Colegio Gallego de Árbitros.
Y allí les captó el Fabril.
Cuando Alejandro Scopelli llegó a A Coruña, dijo que no había cantera, porque la formaban los equipos modestos. Entonces, para reunir chavales de A Coruña de entre 13 y 18 años, montó una escuela de fútbol juvenil y se celebraron unos campeonatos, que los ganaba el Perseverancia siempre porque jugaba Luis, un chico que era hijo del carnicero de la Avenida de Hércules y que era un virulilla, delgadito y parecía que no tenía fuerza, pero la fuerza no reside en las piernas, sino en la mente. Cuando empezamos a jugar, el aluvión de espectadores que había era impresionante. El campo era de tierra, con una roca en medio que había que sortear y el balón se iba, a veces, a algún patio hasta el que teníamos que ir para recogerlo. Jugamos varios años en el Perseverancia, pero teníamos un mentor, que era Rodrigo García Vizoso, entrenador del Deportivo, pero que en aquel momento entrenaba al Juvenil, que no tiene nada que ver con el Dépor. Era un equipo que tenía el local en el Bar Otero, en la calle Olmos. Rodrigo nos conocía a todos y, cuando se llevó a cabo la xuntanza que quería Scopelli, llevó a todo el equipo del Perseverancia y, claro, barrimos. Éramos una máquina de jugar porque los demás eran: tú, ponte de portero; tú, de delantero; tú, de defensa. Mientras que nosotros teníamos un equipo.

Y tenían a Luis y a usted.
Yo era el número 11 porque el loco era el portero y el tonto era el extremo izquierdo, que era yo (risas).
Compartía banda con Luis Suárez, que jugaba de interior.
La compartimos en el Perseverancia, en el Fabril y en el Deportivo en juveniles. Sabía dónde tenía que ir para recoger el pase de Luis y él sabía dónde estaba yo siempre. Nos entendíamos como compañeros y como amigos, porque éramos amigos de la calle. No podemos considerar que era un potrero, como los argentinos, pero marcó una época en el fútbol coruñés. Después, vinieron Franco, Moll, Bebeto, Mauro Silva, Djalminha... Pero la impronta que dejó Luis no se borra. El tiki-taka, el juego de pases cortos. El Perseverancia nunca lanzó un pase largo, solo jugábamos al toque.
Daban espectáculo.
Era impresionante ver jugar a un equipo de chavales de 15 años al tiki-taka. Lo de Xavi, Iniesta y Laudrup ya lo hacía Luis a los 15 años. Había unos equipos denominados según las letras del abecedario, desde la A hasta la E, y todos los domingos que jugaba el Deportivo, en el descanso jugábamos un partido entre el ‘A’ y otro equipo. Luis fue el jugador al que vi dar un pase de 40 metros al pie, de mandar un balón desde el medio del campo hasta el banderín de córner por encima de la raya.
¿Cómo era usted?
Muy rápido, centraba muy bien, era ambidiestro, le daba con los dos pies. Y sigo dándole bien. Fui el máximo goleador del Fabril, pero gracias a Luis, porque a los 15 años ya me daba pases de la muerte. Era una delicia verle jugar. Parece una entrevista a Luis y no a mí (risas).
Era muy goleador; no era delantero centro ni interior ni medio ni carrilero, pero jugaba en todas partes
También coincidió con Adolfo Suárez, el que fuera presidente de España, en las pruebas para fichar por el Deportivo.
Sí, pero no lo sabíamos. Nos enteramos por Fefé del Río, que fue socio número uno del Deportivo y nos lo dijo. Adolfo Suárez venía todos los veranos a pasar las vacaciones a A Coruña y en 1949 se presentó a las pruebas para la escuela de Scopelli, pero... Yo no lo juzgo como político, pero como jugador era muy malo (risas).
¿Cómo era aquel fútbol?
Había una distinción. El fútbol que se jugaba en A Coruña no era el mismo que en Oleiros o en Sada. En As Mariñas era fútbol fuerza. Me refiero a mi ámbito. El matón del pueblo era el defensa derecho, que era el que me tocaba a mí, entonces tenía que escapar, había que correr porque venía el lobo detrás. Me daban una de leña... Llegaba marcado todos los días a casa. Cuando estaba en el Fabril, nos fueron eligiendo a unos cuantos para jugar en el Deportivo. El primero fue Luis, que jugó 17 partidos, pero tuvo muchos problemas porque no era un jugador valiente, de ir al choque. Cuanto más lejos estuviera el contrario, mejor, porque así no le daba leña. Otero, el que fue portero, me contó que en un partido del Deportivo en Santander, iban perdiendo y el presidente, que era Martínez Rumbo, le dijo a Luisito: "La culpa es tuya porque no luchas". Otero agarró al presidente por la chaqueta y le soltó: "Si le dices eso otra vez al chaval, te parto la cara". Otero y Luis eran vecinos de la Avenida de Hércules, amigos, y Otero le defendía a capa y espada.

Fichó por el Deportivo en julio de 1954 y jugó dos partidos de Primera División.
Debuté en Las Palmas en octubre y la primera carrera que pegué, me quedé sin aliento porque no resistía el calor. Me sucedió lo mismo cuando probé con el Betis, que en un partido de prueba me tocó jugar contra el Deportivo y me marcó Tomás, un defensa que era compañero mío en el Dépor. También jugué el último partido de Liga, contra la Real Sociedad. El entrenador era Zubieta y los jóvenes prácticamente no participábamos. El único fue Luis, que consiguieron mandarlo al Barcelona, pero como contrapeso del fichaje de Moll.
Firmó por cinco temporadas, pero solo jugó la primera.
Sí. Cobraba 5.000 pesetas (30 euros) en la primera campaña, 10.000 en la segunda, 20.000 en la tercera, 40.000 en la cuarta y 50.000 en la quinta, con una prima de 10.000 pesetas. Además, había una cláusula que decía que si alcanzaba los diez partidos en una temporada, cobraba una prima de 10.000 pesetas, y jugué nueve. No llegué a los diez y muy finamente me dieron una patada en el culo y me largaron. Me fui cedido al Racing de Ferrol. A ver, en verdad tenían razón. Si yo fuera entrenador, no pondría a Bouza a jugar porque en aquella época primaba más la fuerza física que el arte. Además, yo tenía ganada la oposición en el Banco Pastor, era profesor mercantil y era el único universitario que había en el equipo. No valía para estar allí, aquel no era mi mundo. Opté por aceptar la oposición y aportar dinero en casa. En el fútbol no iba a ganar nada porque daba poco dinero.
En el Dépor también coincidió con Pahiño y Arsenio Iglesias.
Y con la 'Orquesta Canaro'. Corcuera, Oswaldo, Franco, Moll y Tino. Y jugaba yo. Bueno, yo entrenaba. En el fútbol, tan importantes son los titulares como los suplentes porque son los que ayudan a entrenar y ponen obstáculos porque quieren el puesto de los titulares y luchan tanto o más que un rival. Tanto Arsenio como Moll tenían un diez como futbolistas y personas.
Tanto Arsenio como Moll tenían un diez como futbolistas y personas
Tras su cesión al Racing de Ferrol regresó al Fabril.
En mi segunda época en el Fabril nos consolidamos en Tercera División, pero llegó una nueva directiva y su mentalidad era de fútbol antiguo, de patadón, y ficharon jugadores de As Mariñas. No por desmerecerlos, pero su método de juego era distinto al de la capital. Nosotros éramos jugadores de más calidad y ellos eran fuertes. No teníamos contrato, porque fichábamos de palabra, pero nos apartaron y, entonces, nos fuimos al Viveiro, donde jugamos dos o tres años, también en Tercera. Decidieron cambiar de un equipo antiguo a uno moderno, entonces, solo había dos jugadores de allí y el resto íbamos en autobús desde A Coruña. Teníamos muy buen equipo y todos teníamos la misma idea de fútbol. Quedé muy satisfecho del trato que nos dieron. Nos trataron en palmitas, como a Cristiano Ronaldo o a Messi.
¿Qué le ha parecido el Museo del Deportivo?
Una maravilla. Vi que mi padre jugó en el Coruña, que tuvo la escisión con el Deportivo porque no podían estar dos gallos en el mismo corral. El Deportivo era de los señoritos y el Coruña, de la gente obrera. Decidieron todos marcharse a Cuba y mi padre estuvo varios años allí jugando en el Centro Gallego. Cuando volvió, dejó de jugar, se casó y nací yo.
¿Qué recuerdos le ha traído?
De compañeros, del campo de entrenamiento, de las columnas. En la parte superior había unos vestuarios con unas duchas de agua fría, así que en invierno... Éramos una familia.
¿Sigue al Dépor y al Fabril?
Al Fabril no, porque tengo cinco hijos y once nietos, estoy viudo y tengo Parkinson, sufrí dos infartos y tengo un marcapasos. Entonces, hace dos años que no voy a Riazor, aunque soy socio de oro.
Ha ascendido a la Primera RFEF, la antigua Segunda B, con Manuel Pablo como técnico.
Manuel Pablo era un ídolo jugando y como persona. La saga canaria tiene mucha impronta aquí. Tenemos a Hilario Marrero, que fue un ídolo y entrenador mío en los juveniles, que era un fenómeno. Tuvimos a Valerón también y se me quedan algunos por ahí. Al Dépor ahora lo veo por la televisión.
Manuel Pablo era un ídolo jugando y como persona. La saga canaria tiene mucha impronta aquí
¿Quién le gusta más?
Yeremay, pero no por ser canario, sino porque practica un fútbol que tiene parangón con lo que hacía Iniesta, Xavi... En el Deportivo, Cheché Martín, Donato, Zubieta, jugadores que dirigían un equipo, jugaban al ritmo que ellos querían y sabían dónde había que pasar porque avisaban antes. Mella, Yeremay, Barcia... Creo que el Dépor tiene buen equipo, pero mal dirigido. El Deportivo perdió una promoción por no poner a los chavales. En una entrevista que me hicieron en Riazor, ya en los años 50, dije que había que cuidar a la cantera. Y se dan cuenta ahora.
¿Es el año de subir a Primera?
Veo que tiene equipo, con algunos retoques. Ver a Ximo Navaro, que las da todas y pone todo el espíritu y es un hombre que no espera negociar un contrato por diez años y, sin embargo, lucha como un león. Me gusta el equipo, pero los entrenadores prefieren que jueguen jugadores veteranos que jóvenes, cuando el jugador joven tiene para aprender y el veterano, para perder. Haber fichado a Escudero, pero ¿para qué quieres a Escudero, si tienes en el Fabril a jugadores que lo suplen? No poner a Mella, Yeremay o Barcia en las temporadas anteriores...
El Dépor tiene buen equipo, pero mal dirigido



