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Dépor

Lo que los cambios te dieron, los cambios te lo quitaron

Riki, Yeremay y Nsongo fueron revulsivos para acercar la victoria, pero un error de Patiño condenó al Deportivo en Huesca 

Patiño presiona a Cantero, con varios compañeros observando la acción durante el Huesca-Dépor
Patiño presiona a Cantero, con Riki y Yeremay, también suplentes, observando la acción durante el Huesca-Dépor
Fernando Fernández
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Lo que los cambios te dieron, los cambios te lo quitaron. Nunca los suplentes del Deportivo habían tenido una incidencia tan grande en un encuentro a lo largo de esta temporada. Para bien y para mal. Hasta que llegó el duelo de Huesca.

En medio del bocadillo de cemento que El Alcoraz regalaba a los aficionados para promocionar la siesta como costumbre popular que no se debe perder, el primer turno de relevos del Dépor agitó el partido. Lo hizo hasta tal punto que permitió que el equipo agarrase con una mano tres puntos claves con una mano. Sin embargo, las dos últimas sustituciones contribuyeron —obviamente sin desearlo— a hacer que dos unidades que ya parecían seguras volasen del bolsillo blanquiazul. Porque José Gragera pagó su inactividad y Charlie Patiño su parsimonia. Nadie dijo que ascender fuese un camino de rosas.

Le dolerá el empate con sabor a derrota a todo el Deportivo y el deportivismo, pero especialmente a Patiño. Es imposible que el foco no recaiga sobre el futbolista británico, pues un grotesco error suyo abrió de par en par el camino a la igualada de un Huesca que, más allá de un disparo de Liberto ya perdiendo 0-1, apenas había hecho cosquillas al conjunto blanquiazul.

Sin embargo, en un centro lateral desde la izquierda de Liberto Beltrán, desencadenó el desastre. El conjunto herculino tenía superioridad numérica en el área y estaba bien posicionado. Pero el balón se paseó sin que nadie lo tocase hasta llegar a la zona del segundo palo, donde Patiño, extremo izquierdo en el 4-4-2 en fase defensiva, se situaba con obediencia militar. Cumplía el inglés con lo que pide el libro, pues desde esa posición asumía la teórica zona de un Quagliata que había basculado hacia dentro para defender a Cantero.

Estar no es ser

Sin embargo, por mucho que en inglés se digan de idéntica forma, una cosa es estar y otra muy diferente ser. Quizá lo ha aprendido de manera definitiva el centrocampista británico, que estaba donde se le pedía, pero no fue lo que debía. El balón le sorprendió y trató de domesticarlo con su habitual sangre fría. Asumible cuando uno está lejos de una zona tan caliente, incomprensible en ese punto en el que ejecutar cualquier acción que no sea alejar el balón equivale a un riesgo extremo sin beneficio alguno

El control de pecho a un centro tan potente dividió el balón y su tardía reacción terminó de ser la puñalada definitiva al Dépor: Carrillo, situado a casi dos metros del canterano del Arsenal cuando este contactó con el balón, le comió la tostada y embocó a gol casi a placer con la izquierda.

“Es una situación del fútbol, hay que aprender y analizar esa jugada. Esto va de picos de concentración, de pequeños detalles. Pero lo único cierto es que se te marchan esos puntos”, apuntaba Antonio Hidalgo tras el choque sobre la acción después de destacar que “no puedes conceder ese gol”. Sin señalar directamente, era evidente a qué achacaba el técnico una igualada que ya parecía superada.

El 1-1 semejaba el adiós a dos puntos. Y así fue tras el pitido final. Pero antes, pudo pasar de todo. Porque el empate abrió el duelo hacia un todo o nada en el que Loureiro no acertó a ser contundente para despejar en el área pequeña un centro de Cantero y Piña mandó el rechace al palo. Ese toque en el poste ejerció de contacto para que el Dépor recuperase la pelota e iniciase una contra que acabó en el palo opuesto de la portería contraria, tras un pase de Altimira que Yeremay, en un dos para uno con Bil, transformó en un trallazo inesperado.

Cambio de ritmo

Y es que la entrada del canario, junto a la de Riki y Bil Nsongo, alteró el orden de un partido plano. Con el ovetense, el Deportivo encontró más soluciones creativas en su centro del campo, que ya no dependía exclusivamente de las ocurrencias de Mario Soriano. Mientras, el camerunés dotó a la punta del ataque de la energía que le faltó a Mulattieri. Ir al apoyo y quedárselas, caer a banda y quedárselas, conducir y producir. 

Por su parte, Yeremay dotó no solo de profundidad y amenaza la ofensiva deportivista, sino que permitió activar a Quagliata y permitió que Luismi Cruz no tuviese que sujetarse constantemente en ese perfil zurdo en el que vive más incómodo. Así, entre el ‘10’, el italiano y Cruz llegando para embocar a pie natural nació el 0-1 que pudo ser, pero no fue. La victoria de los cambios que los cambios acabaron tirando por la borda.

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