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Dépor

El Dépor deja escapar victorias, pero gana puntos de apoyo para sostener su candidatura al ascenso

Los empates ante Málaga y Huesca no empañan la dinámica ascendente de un equipo que por fin ha encontrado su identidad

Los jugadores del Dépor celebran el gol ante el Huesca
Los jugadores del Dépor celebran el gol ante el Huesca
FERNANDO FERNÁNDEZ
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Es LaLiga Hypermotion la competición deportiva que más paradojas por minuto produce en el planeta. Por eso hay que estar siempre preparado para las sorpresas que te aguardan a la vuelta de la esquina. Esas como que, después de dos fines de semana consecutivos recortando distancia con el liderato, pero perdiendo la plaza de ascenso directo, en esta ocasión el Deportivo ha regresado a ese puesto de privilegio que da billete a Primera División sin pasar por la escala del playoff, pero la cabeza de la tabla está más lejos que cuando comenzó la jornada. Tiene varios motivos el conjunto blanquiazul para esperar a que baje toda la polvareda del empate en Huesca antes de sacar conclusiones. Si lo hace, probablemente la decepción después de escurrirse entre los dedos la victoria en El Alcoraz deje paso a una sensación de haberse llevado del estadio azulgrana un nuevo punto de apoyo. Literal y figuradamente.

Desde luego el Dépor no fue brillante como ante el Málaga. Pero mal harían dentro y también en el entorno creer que la excelencia sostenida es posible cuando llega al deporte rey la tensión de la primavera. Ese duelo con el conjunto andaluz, que este fin de semana dio buena cuenta de Las Palmas sobreponiéndose a las ausencias de dos de sus mejores jugadores, debe ser la utopía a la que aspirar. Ese horizonte que perseguir en busca de la mejor versión del equipo, siendo consciente de que no siempre será posible alcanzarla. No desde luego en esta jungla de plata en la que todos los equipos se juegan la vida cada siete días. Por eso, cuando no sea posible llegar al diez, son los encuentros como el del pasado domingo los que acercarán el objetivo ahora que el conjunto coruñés ha encontrado una identidad a la que agarrarse.

No es Antonio Hidalgo el entrenador más brillante en sala de prensa, pero sí tiene la virtud de no hacer muchos gestos de cara a la galería cada vez que se pone delante de un micrófono. De lo contrario, no hubiera sido extraño escucharle decir tras el encuentro que estaba más convencido del ascenso que hacía unos días a pesar de los puntos que volaron prácticamente sobre la bocina. Porque sería esta una afirmación respaldada por lo que el equipo viene mostrando en el último mes. Dos empates consecutivos que ponen sobre la mesa muchos más motivos para creer que varias de las victorias conseguidas a lo largo del curso. Un equipo que desde hace semanas es totalmente reconocible y que, empezando por su entrenador, es capaz de dictar lo que sucede en los partidos y alterarlos a su antojo, en lugar de esperar a que lleguen los golpes de viento para reaccionar y vivir instalado de forma permanente en la épica.

Se trata, precisamente, de haber podido construir algo que sus predecesores en el banquillo blanquiazul siempre manifestaban en público. A menudo señalaban Idiakez y, especialmente Óscar Gilsanz, la importancia de poner los cimientos de algo estable que trascienda más allá del resultado de cada fin de semana. Una fortaleza colectiva en la que las apariciones individuales sean un recurso más, en el caso positivo, o un accidente puntual, como ha sucedido recientemente con las pifias de Patiño y Villares. Porque el fútbol es un juego de errores y siempre serán los futbolistas los que tengan que decidir, bien o mal, pero ofrecerles el contexto adecuado para que lo primero sea más habitual que lo segundo siempre llega desde la pizarra.

Momento justo

Y es que es difícil creer que ningún equipo, salvo el Racing de Santander por motivos obvios, cambiara su situación por la del Deportivo. El equipo coruñés depende de sí mismo a falta de siete partidos para que termine la temporada regular, afronta un calendario a priori más amable que sus rivales directos y está entre esos aspirantes que han conseguido alcanzar el punto óptimo de cocción cuando se deciden las cosas importantes. Algo que debe llenar los tanques de confianza no solo en este sprint final de Liga, sino para afrontar sin complejos una posible repesca en junio.

Por supuesto, a esto también contribuye que varios jugadores blanquiazules atraviesen el mejor momento de forma de la temporada. Ximo Navarro vuelve a ser el de antes de la lesión y su entendimiento con Altimira sigue produciendo, mientras que Quagliata ha recuperado la energía que parecía haber perdido recientemente. Luismi Cruz ha reencontrado su sitio en el equipo y Mario Soriano sigue poniendo orden, todo ello mientras se espera el regreso que haría elevar de forma considerable el techo del equipo. Yeremay está poco a poco recuperando la chispa y su presencia en el tramo definitivo puede poner la guinda de talento diferencial a todo el orden ya consolidado.

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