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Dépor

El Deportivo de Hidalgo es más 'Huesca' que nunca

El técnico regresa a El Alcoraz tras haber encontrado la fórmula para replicar varios patrones con los que triunfó de azulgrana

Mario Soriano sortea a un rival ante la mirada de Antonio Hidalgo en el Deportivo-Huesca
Mario Soriano sortea a un rival ante la mirada de Antonio Hidalgo en el Deportivo-Huesca
Quintana
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El fútbol fue, es y será para siempre de los futbolistas. Pero siendo innegable esta premisa que pone el foco principal en los jugadores como elemento estructural de la identidad de un equipo, no es menos cierto que la mano de los —buenos— entrenadores pesa en todo lo referente a lo que el colectivo hace con y sin balón dentro del campo.

Precisamente por este último principio, no sorprende que el actual Deportivo de Antonio Hidalgo deje reminiscencias evidentes del viejo Huesca de Antonio Hidalgo.

El conjunto coruñés visita este domingo El Alcoraz (16.15 horas) para medirse a un cuadro oscense ahora entrenado por José Luis Oltra, piloto en uno de los grandes éxitos de la nave blanquiazul la pasada década. Llega el Dépor en un momento de la temporada que es feliz. Gracias a su buena dinámica de resultados y, sobre todo, a un tanque de confianza que luce lleno a rebosar.

Este Deportivo sí sabe a qué juega. Y en muchos aspectos, es gracias a que su técnico ha podido encontrar las piezas ideales para replicar algunos comportamientos que ya tenía el conjunto altoaragonés el pasado curso.

Esa última campaña, que ya queda cada vez más lejos, fue la primera y única que el actual preparador deportivista pudo dirigir al completo en la ciudad que es puerta de los Pirineos. Hidalgo venía de haber cogido el relevo del ‘Cuco’ Ziganda y conseguir una sufrida salvación. Pero tras el verano y después de muchos problemas institucionales, logró construir un equipo que aspiraba a salvarse y acabó peleando hasta el final por meterse en el playoff de ascenso.

No logró finalmente la ‘machada’ el Huesca, pero Hidalgo dejó un sello que le valió para convencer al Deportivo y ser tanteado también para algún que otro banquillo de Primera División. Finalmente arribó a Riazor, donde el objetivo es radicalmente diferente a todos los que ha tenido en sus años como entrenador de Segunda División y la plantilla no tiene demasiado que ver con la que logró exprimir antaño.

Pese a ello, como es lógico, el preparador de Granollers trató de dotar a su nuevo equipo de ciertos elementos que guardan conexión con su manera de sentir el fútbol y, por ende, con aquel exitoso Huesca. Entre ellos, una estructura que, ahora, ya en el tramo final de la presente temporada, está pudiendo replicar casi de manera exacta. Hasta ese punto ha llegado al encontrar, por fin, las piezas capaces de desempeñar de manera óptima roles específicos claves para el buen funcionamiento colectivo.

Un carrilero 'de verdad'

No era siempre titular. Pero sí se trataba de una pieza indispensable en los planes de partido de Antonio Hidalgo con la Sociedad Deportiva Huesca. Gerard Valentín era un futbolista diferente y diferencial en el ecosistema del conjunto oscense. Porque ejerciendo de carrilero derecho, dotaba al equipo azulgrana de amenaza desde la conducción, profundidad atacando el espacio y solidez defensiva.

El catalán, lateral durante gran parte de su carrera —incluido su paso por el Dépor—, era un carrilero ‘de verdad’, que encajaba como un guante en esa función que Hidalgo pedía a su hombre de banda derecha en el Huesca y ahora también en el Deportivo.

Porque ese futbolista del pasillo exterior no es extremo, ni es lateral. Ejerce de lo primero en ataque, pero se hunde para fusionarse a la línea defensiva y transformar en una composición de cinco una zaga que es inicialmente de cuatro si el lateral rival así se lo exige.

Ese funcionamiento lo ha tratado de replicar Antonio Hidalgo durante gran parte del curso con Luismi Cruz o David Mella. Sin embargo, el andaluz dista mucho de tener las cualidades propicias para rendir ante esa exigencia. Lo contrario le sucede al canterano, al que sí se le intuyen condiciones para un rol que, sin embargo, dista bastante del que ha desempeñado durante su formación como extremo ofensivo zurdo, a pie natural.

Sin embargo, no ha sido hasta la apuesta obligada por Adrià Altimira cuando el Deportivo ha encontrado el anillo perfecto para su dedo. Porque Alti se formó como extremo en el Barça, explotó como lateral con vocación ofensiva en la élite y disputó su primera temporada completa en la máxima categoría ejerciendo de carrilero en el Leganés de Borja Jiménez.

Ahora, sin Mella, le ha tocado adelantar su posición. Una circunstancia que le ha hecho multiplicar su incidencia en los partidos.

Profundidad por la zurda

Si en la banda derecha el Huesca de Hidalgo disponía de un futbolista con un rol ‘híbrido’ que el técnico ha implantado de manera innegociable en el Deportivo, en el pasillo izquierdo la 'fórmula Huesca' también se repite.

El pasado curso, el conjunto aragonés disponía de Ignasi Vilarrasa, un lateral que sí ejercía como tal, pero contaba con capacidad de interpretación, calidad en los pies y pulmones para recorrer la banda hacia delante y darle profundidad y amplitud al equipo por ese costado, casi siempre huérfano de otro jugador específico de banda por delante.

No fue casualidad que el Dépor intentase incorporar al catalán este verano, pues parecía imposible que Hidalgo obtuviese eso de Sergio Escudero, un lateral que a estas alturas de su carrera es mucho más posicional.

Finalmente, el Dépor decidió no seguir esperando a Vilarrasa -actualmente en el Córdoba- y apostó por Giacomo Quagliata, un futbolista de características semejantes. Con menos pie, pero más empuje.

Tardó unas jornadas en entrar al once el italiano. Pero en cuanto el internacional sub-21 por la ‘Azzurra’ se vinculó a la alineación, ya no soltó el puesto. De hecho, sus puntuales ausencias han sido quizá las que más ha notado el Dépor, que no se entiende sin Quagliata ejerciendo del ‘Vilarrasa de Hidalgo’.

Y de Loureiro... Ximo Navarro

Era una pieza clave en su Huesca. El comodín de la defensa. Esa trascendencia, unida a su evidente vinculación emocional, provocó que el Deportivo hiciese un esfuerzo por incorporar a Miguel Loureiro el pasado verano.

Llegó el cercedense para cumplir su sueño de jugar en el Dépor y desde el principio se convirtió en un futbolista indispensable en la retaguardia blanquiazul. En el líder de la retaguardia.

Hidalgo lo comenzó utilizando en ese rol de central-lateral derecho que ejercía a la perfección en el Huesca por su capacidad para defender hacia delante y de corregir hacia detrás. Pero el hecho de no terminar de fiarse de Lucas Noubi ni de Arnau Comas acabó provocando que el preparador catalán apostase en esa función por el recuperado Ximo Navarro a partire de la jornada cuatro.

Entonces, con Navarro ejerciendo de Loureiro y Loureiro actuando de defensa ‘nuclear’ —central derecho en línea de cuatro y el zaguero del centro cuando la última línea mutaba a cinco— el equipo comenzó a funcionar a la perfección.

Llegó una nueva —y larga— lesión de Ximo, el invento se cayó y con él, el equipo. Pero el retorno del ex del Alavés a la dinámica y la consolidación de Lucas Noubi ha permitido que, ahora, Hidalgo disponga de ‘dos Loureiros’: Ximo Navarro en el perfil diestro y el propio Miguel ubicado en el sector izquierdo defensivo.

La doble punta, clave

La vanguardia compuesta por dos es el último elemento replicado por Hidalgo. En el Huesca, el técnico de Granollers sacó mucho rédito de un ariete clásico como Sergi Enrich, sobre quien jugar directo, y un acompañante móvil como Patrick Soko, capaz de atacar el espacio.

Hidalgo trató de imitar la fórmula a su llegada al Deportivo con un ariete —Zakaria Eddahchouri y Bouldini, sustituido luego por Mulattieri— acompañado por Yeremay Hernández, a quien quiso centrar no solo para liberar de recorrido hacia atrás en defensa, sino para que recibiese en posiciones más enfocadas al gol.

No funcionó el plan porque ni Yere terminó de estar cómodo, ni Zaka le dio nada al equipo en juego directo. Pero la inclusión de Stoichkov como satélite de un punta —con Yeremay como bala de plata sustituyéndolo en las segundas partes— y la apuesta de un ‘9’ más funcional en el juego directo —Mulattieri o Nsongo— han terminado de dar la mejor forma posible a un Deportivo que visitará al Huesca más ‘huesquizado’ que nunca.

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