Tras consolidar su juego, ahora al Dépor le tocan las áreas
La mejora del equipo no se traslada ni a su pegada ni a su defensa: le cuesta ser contundente ante la meta rival y encaja casi siempre

Es de perogrullo. El juego acerca a las victorias. Pero en el fútbol, por su propia naturaleza, mucho menos que en otros deportes de incertidumbre menor. El balompié es una disciplina en la que el resultado se decide en las áreas, lo que provoca que sea una de las pocas en la que no siempre gana el que más méritos acumula. La enorme dificultad para alcanzar el objetivo (gol) genera marcadores cortos que establecen como el elemento más determinante la solvencia cerca de la propia portería y el acierto en las inmediaciones de la meta del rival. No hay más.
Por eso mismo, consolidar su rendimiento en las áreas, es el siguiente reto del Deportivo. Quizá su tarea pendiente final. Porque si lo logra, sabe que el ascenso sería, sí o también, una realidad a final de curso.
El equipo entrenado por Antonio Hidalgo ha mejorado de manera notable en su juego. Ya es una escuadra que transmite seguridad y determinación en lo que hace. Amparado en la confianza que dan los goles logrados en los tramos finales, su buena racha de resultados —23 puntos de los últimos 33 en juego— y la comunión con su afición, con la liturgia de los recibimientos previos a los partidos en casa como punto de inflexión, el conjunto coruñés ha recuperado las señas que dejaba entrever al principio de temporada.
A estas circunstancias más etéreas se les unen el regreso y consolidación de piezas estructurales, capaces de dotar de identidad a todo un colectivo. Ximo Navarro para complementar una defensa agresiva, Adrià Altimira como mejor opción posible en esa función de carrilero, Mario Soriano definitivamente instalado en el eje del equipo para intervenir cuanto más, mejor y una doble punta complementaria que cuenta con un delantero centro con competencias para aportar al juego del equipo también lejos del área.
Todos estos ingredientes han permitido que el Dépor vuelva a ser un equipo que disfruta defendiendo de manera agresiva y, a partir de ahí, crezca en el resto de facetas del juego. Recupera más, puede correr desde más arriba, tiene una salida de balón más pulcra y no se acelera tanto en el campo rival para acabar las jugadas.
“Es un cúmulo de cosas. El jugador está entendiendo y decidiendo mejor. El equipo está más junto y más solvente en situaciones de inicio. El balón viajaba muy rápido y teníamos mucha prisa por atacar, ahora hay más calma. El futbolista se encuentra bien en las nuevas posiciones y eso está influyendo en el juego y el resultado”, explicaba Hidalgo al término del encuentro ante el Málaga. El técnico catalán calificó el duelo contra el conjunto andaluz, un rival directo, como “el mejor partido de la temporada”.
Sin embargo, precisamente el hecho de no ser capaz de llevarse los tres puntos de un duelo con tantas luces y tan pocas sombras refleja de manera evidente su punto de mejora: golpear más y protegerse mejor.
Menos pegada
Comenzó siendo un equipo muy pegador. Generaba un volumen relativamente alto, pero golpeaba todavía más. El Deportivo era un equipo relativamente contundente en el tramo inicial de la temporada. Pero ese acierto se ha ido perdiendo conforme ha ido avanzando el curso.
Mirando exclusivamente a los ocho equipos que actualmente pelean por las dos posiciones de ascenso directo y los cuatro puestos que dan acceso al playoff, el conjunto coruñés es cuarto en cuanto a volumen total de producción ofensiva. Sus 49,5 goles esperados (xG) —la métrica que mide la ‘calidad’ de las ocasiones en función de la probabilidad que tiene esa situación de remate de acabar en tanto—, siempre según Opta, son superiores a los 35,6 del Burgos, los 40,80 de Las Palmas y los 44,10 del Eibar. Por encima del cuadro de Riazor están el Castellón (57,8), el Almería (56,9) y el Racing (55,2).
Sin embargo, una cosa es producir y otra diferente acertar. Ahí patina más el combinado blanquiazul, que ve cómo hay hasta cinco competidores directos con más pegada, un concepto poco tangible que se puede objetivar a partir de la relación entre los goles esperados generados y los marcados por cada equipo. Apenas sobresale en esa faceta el Dépor, que maneja un balance positivo de apenas 2,5 goles: ha marcado 52 dianas generando una probabilidad total de 49,5.
La diferencia es la séptima mejor de la Liga Hypermotion, pues al margen del Racing, el Almería, el Málaga y Las Palmas, también un Andorra situado en la zona media ha tenido más acierto a lo largo de la temporada que los pupilos de Hidalgo.
Clave en este sentido ha sido la baja eficacia que el Deportivo ha tenido en acciones de balón parado. Más allá de penaltis y faltas directas, el conjunto deportivista únicamente ha encontrado el acierto en dos córners y dos faltas laterales. Esta escasa cifra es todavía menor si se tienen en cuenta los goles marcados de remate directo tras centro. De hecho, hasta la jornada 31, el equipo no había logrado celebrar ningún tanto a través de ese arte. La cosa cambió ante el Sporting en la 32 gracias al envío de Luismi Cruz en un tiro libre lateral y al cabezazo de Barcia. Y a la siguiente jornada, frente al Córdoba, fue Noubi el que replicó la jugada a asistencia de Alti desde el lado opuesto.
De esta manera, la menor amenaza del equipo con respecto a varios de sus rivales directos se refleja también en otro hecho: la nula comodidad a la hora de imponerse en los encuentros. Porque únicamente en un partido de la segunda vuelta el Dépor ha sido capaz de marcar más de 2 goles. Fue en Zubieta (2-3), ante una Real B con diez, en un encuentro que en igualdad numérica marchaba 2-1.
Eliminando de la ecuación circunstancias de inferioridad por rojas, la vista se tiene que ir hasta el 16 de noviembre, cuando el combinado herculino fue capaz de derrotar por 1-3 al Córdoba.
Aquel duelo se disputó en la jornada 15, en la que el Dépor ya había acumulado 5 encuentros marcando al menos 3 goles (Granada, Mirandés, Huesca, Cultural y Córdoba). Desde entonces, solo lo ha hecho en el citado partido en San Sebastián. Y con el asterisco del diez contra once.
La portería propia
No sería demasiado preocupante esta circunstancia de poca contundencia en área rival si el Deportivo fuese un cerrojo cada vez que los rivales amenazan su propia portería. Pero no es el caso.
¿Se puede decir que el equipo coruñés defiende mal? No, ni mucho menos. Ahí están los datos, que le colocan como el cuarto mejor equipo en cuanto a goles recibidos (37), solo por detrás de Las Palmas (28), Burgos (29) y Eibar (31). Además, el conjunto deportivista únicamente ha encajado más de un gol en 7 encuentros de los 34 de liga ya disputados: Leganés, Málaga, Racing y los dos duelos ante el Castellón y la Real B.
Es una evidencia, por lo tanto, que el Dépor no se descompone. Que casi siempre tiene opciones de puntuar porque encaja poco. Sin embargo, esas posibilidades descienden en cuanto a porcentaje por otra realidad: las porterías a cero.
No hay forma de que el Deportivo encadene 2 partidos sin recibir gol. De hecho, solo ha logrado sumar dos metas vírgenes consecutivas una vez: entre la visita al Zaragoza (0-2) y la recepción en A Coruña de la Cultural (3-0).
Durante el resto de la temporada, mantener limpia la hoja de registro de goles en contra es una rara avis que se produce, prácticamente, en 1 de cada 4 partidos. Porque el Deportivo únicamente se ha quedado sin encajar en 9 de 34 choques, una cifra que solo empeoran el Racing (7) y el Almería (7) dentro de sus rivales directos.
Por el contrario, el Eibar (14) duplica el dato del equipo coruñés, mientras que Las Palmas (13), Burgos (13) y Castellón (11) también ofrecen un mejor rendimiento.
Al igual que en el caso del volumen de goles anotados en cada partido, la tendencia actual del Deportivo tiene poco que ver con la del principio del curso. Porque en las 16 primeras fechas de competición, el cuadro deportivista logró mantener su puerta a cero en 6 de ellas (Burgos, Sporting, Huesca, Zaragoza, Cultural y Albacete). Desde entonces, en 18 encuentros más, únicamente ha echado el candado 3 veces más: Cultu (0-1), Eibar (1-0) y Córdoba (2-0). No hay fragilidad, pero tampoco una salud de hierro. Ahí está la mejora del Dépor.











