Los vasos (no) comunicantes entre Mulattieri y Eddahchouri
Sin sincronía en picos de forma, el italiano adelanta al neerlandés y gana ventaja en la delantera

No hay escala de grises con Zakaria Eddahchouri y Samuele Mulattieri. O es productivo el primero, o lo es el segundo, pero nunca simultáneamente. Siete meses después de que diese el pistoletazo de salida en la carrera entre ambos por ocupar el puesto de delantero centro en el Deportivo, no solo se les ha adelantado, al menos en las últimas jornadas, un nuevo nombre inesperado, sino que nunca han sido capaces de aprovecharse de la competencia interna.
Antonio Hidalgo, hace semanas, hablaba de provocar contextos para que los jugadores se rebelasen. Una actitud que, en lo individual, provoca que el futbolista siempre tenga que demostrar más para formar de partida y, en lo colectivo, eleva el nivel competitivo y de trabajo de la plantilla. La protesta, entendida como una reacción positiva en el rendimiento deportivo, ante la disconformidad sigue sin tener cabida en la punta de ataque.
Tras una primera mitad de temporada donde los goles del neerlandés eclipsaron las buenas sensaciones del italiano, la situación dio un giro hacia un rendimiento de mínimos. El primero dejó de marcar diferencias en el área, mientras que la sequía goleadora relegó al segundo al banquillo. Lo que prometía ser una competencia de alto nivel se convirtió en un déficit para el equipo, que quedó huérfano de sus dos delanteros referencia.
En ese contexto, las puertas del primero equipo se abrieron a un Bil Nsongo que, con sus primera piruetas en el fútbol profesional, ha vuelto a cambiar la vida de Eddahchouri y Mulattieri. El camerunés, titular en las cuatro de los últimos cinco partidos disputados, ha pasado a ser el caballo ganador de Antonio Hidalgo. La irrupción del ya prácticamente exfabrilista, a parte de multiplicar las posibilidades en el frente de ataque, se ha visto favorecida por un dibujo que ahora reluce con dos puntas en última línea.
Con todo esto, las últimas jornadas de Liga evidencian un nuevo cambio de tendencia en el rol del ‘9’ y ‘7’. Eddahchouri, el segundo jugador del Deportivo con más goles y asistencias (13 en total) y el ariete que más veces ha repetido en el once inicial, atraviesa su periodo más silencioso desde que aterrizó en A Coruña.
Tres partidos sin ingresar al campo y 22 minutos jugados desde la derrota por 0-2 ante el Granada, hace casi un mes. Un valle que comenzó en Ceuta, con la primera aparición de inicio de Nsongo y el primer duelo que se quedó a cero.
La jornada intersemanal tampoco le ha devuelto a escena. Tan solo cinco jugadores de campo que actualmente están disponibles se han quedado sin salir desde el comienzo ante Sporting, Córdoba y Málaga. Una lista en la que, además de él, figuran José Ángel, José Gragera, Cristian Herrera y Yeremay Hernández.
Quien sí entró en la rotación fue Mulattieri. Tras entrar en El Molinón en sustitución de Diego Villares en la reanudación, disfrutó de su segunda titular en lo que va de año ante los verdiblancos. Acompañado por Stoichkov, el pianista dio el do de pecho con una participación que hizo preguntarse a los aficionados por qué ha tenido tan poco peso en el desarrollo de la temporada.
Mejoró cada acción que pasó por sus botas y, frente al Málaga, culminó su creciente mejoría con uno de los goles más celebrados en lo que va de curso en Riazor. Por la mejor asistencia y por encontrar el premio a todas las acciones que se habían generado sobre la portería de Alfonso Herrero. Parecía ese día en el que el balón, hicieras lo que hicieras, no entraría. Pero Mulattieri tocó la partitura del gol por cuarta vez.
El Dépor llega al momento decisivo de la temporada en su mejor momento. Un equipo que ya se reconoce en el espejo y ya ha descubierto a qué quiere jugar y qué caminos debe transitar para llegar al área contraria.
Con un estado de confianza alto que se contagia en las gradas y en el modo de competir, poco más necesitan añadir los coruñeses para certificar su candidatura al ascenso a Primera División. Los vasos no comunicantes entre Eddahchouri y Mulattieri quizás sea una ventaja encubierta más que un problema estructural. Porque cuando uno se apaga, el otro aparece, y aunque nunca coincidan en el pico de forma, el equipo ha aprendido a convivir con ese relevo constante en la punta de ataque.










