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Dépor

LA LUPA | Deportivo 1-1 Málaga: Soltad a los perros

A pesar del empate, el Dépor firmó un encuentro sobresaliente amparado en su energía y orden sin balón

Quagliata presiona a Larrubia en el Deportivo-Málaga
Quagliata presiona a Larrubia en el Deportivo-Málaga
Quintana
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Y los perros se soltaron en Riazor. Se quedó sin tres puntos el Dépor el pasado sábado, pero por el camino recolectó algo más que buenas sensaciones. Porque reconectó de manera definitiva con su esencia y, por ende, con su afición.

El Deportivo 1-1 Málaga fue un partido sobresaliente del conjunto herculino. Únicamente un error en la marca de Villares en un balón parado empañó la emocionante actuación de un equipo que ofreció, en alto grado, todo lo que apuntaba a ser al principio de esta misma temporada. Las bases se fueron diluyendo por el camino mientras el colectivo era capaz de ir sobreviviendo. Pero el engrase de piezas que marcan la identidad, el chute de confianza por la racha y la renovación de votos con su hinchada invitan a hacer pensar que el conjunto deportivista llega a este tramo final en su mejor momento.

Lo demostró frente a un equipo tan vigoroso y desacomplejado como el Málaga, que dio un repaso al equipo de Hidalgo en La Rosaleda cuando todavía no había despegado, pero fue borrado del mapa por el colectivo local en el duelo de Riazor. A base de una extraordinaria activación que implicó un elevadísimo nivel de concentración y agresividad con y sin balón, el Dépor ofreció un baile de ritmo ofensivo y defensivo que se quedó sin beso final... pero no sin el aplauso del público.

La falsa pasividad

Fue capaz de generar un importante caudal ofensivo el Deportivo, pero la clave de su gran encuentro estuvo, quizá, en el apartado defensivo. Porque desde su trabajo sin balón fue capaz de cortocircuitar al Málaga. De hacerle correr y, así, contagiar ese vigor defensivo a sus ataques más posicionales.

Hidalgo volvió a apostar por un once muy similar al que triunfó ante el Zaragoza, justo antes de que la baja de Stoichkov por sanción y el abanico de tres partidos en ocho días le condujesen a rotar. El técnico catalán estructuró al equipo con Villares de nuevo como ancla en el centro del campo por detrás de Mario Soriano en el segundo escalón y de Luimi Cruz en el tercero.

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El posicionamiento defensivo inicial del Deportivo, que no presiona al Málaga sino que se sitúa en un 5-3-2 y muy cerrado desde el que puede condicionar la salida del rival. Luismi eleva su altura para generar un 3vs3 y ser agresivo una vez el balón vaya a los carriles exteriores, mientras Villares y Soriano controlan a los cercanos en zona.

Por detrás, Ximo Navarro recuperaba su rol como central-lateral derecho en esa defensa que fue muy de cinco, con Altimira hundiéndose como carrilero en fase defensiva, y Loureiro en esa misma función en el perfil zurdo.

De esta manera, el equipo coruñés se organizó defensivamente a partir de un 5-2-3 en el que Luismi asumía la altura de los puntas para emparejar la línea de tres que el Málaga fabricaba ubicando entre sus centrales al pivote Juanpe.

Le funcionó la estructura a Hidalgo gracias a que el equipo trabajó a partir de un bloque alto que mutaba de pasivo a agresivo una vez lograba orientar al Málaga a dar cualquier pase fuera o progresivo hacia delante.

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El Deportivo se ubica en ese 5-2-3 para emparejar piezas en el inicio de juego del Málaga, pero comienza siendo pasivo para condicionarle. No ofrece pase dentro y le obliga a jugar fuera para, entonces, cambiar el ritmo defensivo. Luismi, parado, se activa cuando el balón va hacia Montero, mientras el resto de cercanos acosan a posibles receptores.

Estampida

Fueron incapaces de asentarse en campo contrario los pupilos de Funes, pues el equipo deportivista provocaba constantes estampidas ante cada uno de los intentos de avanzar por parte de su rival. Temporizaba en zona e invitaba al contrario a jugar para, entonces, cambiar el ritmo defensivo y acosar al receptor y a sus cercanos.

El Dépor transformó cada metro cuadrado en un terreno minado, empujado por la capacidad de su línea de cinco defensores de defender hacia delante con acciones que les permitían anticipar o, al menos, ensuciar la jugada. Quagliata, Loureiro, Noubi, Ximo y Alti no daban ni medio segundo a sus pares para recibir y pensar. Nadie se podía girar.

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El Málaga encuentra dentro a Izan Merino. Entonces, Mario —que estaba en zona pendiente de Larrubia— se activa y va a acosar al pivote rival, que solo tiene un pase progresivo hacia el apoyo de Chupe. Sin embargo, la jugada queda en nada porque Noubi detecta la intención del rival, persigue y anticipa al punta.

Así, el elevado nivel de activación convirtió al Deportivo en un equipo súper incómodo, pegajoso, que apenas concedió tiempo y espacio a su rival, incluso en las pocas ocasiones en las que su rival se asentaba en terreno más próximo a Ferllo.

Nada se parecía el Dépor a ese colectivo desordenado y larguísimo de semanas precedentes que sufría. Todo era equilibrio, ayudas y superioridades colectivas. Ausencia de agujeros. Ni siquiera Larrubia, que trataba de acostarse a espaldas de Mario, lograba recibir. Todo eran relevos constantes para funcionar como un acordeón.

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No me corren

El Deportivo cimentó su notable dominio del encuentro en esa fase defensiva que complementó con su presión tras pérdida más efectiva de toda la temporada. Especialmente en el segundo tiempo, el conjunto coruñés volcó el partido hacia la meta de Herrero a partir de sus primeros segundos de transición defensiva.

Apenas en un par de contragolpes derivados de acciones de pelota parada pudo correr el Málaga, incapaz de estirarse cuando el Deportivo perdía el balón. No era posible porque el conjunto herculino manejaba bien la pelota. Las distancias de relación eran óptimas desde la zona de iniciación y cuando el equipo malacitano recuperaba la disposición del balón, la parcela del balón era invadida por una jauría.

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El Málaga recupera el balón en la frontal del área y encuentra a Joaquín con un pase hacia delante, pero el Dépor le impide la salida. El posicionamiento colectivo derivado del ataque permite que con una rápida activación, el rival se quede sin salida. Hasta cinco jugadores se cierran sobre el contrario y Mario roba de nuevo el esférico.

Había densidad de futbolistas en torno a la pelota por el posicionamiento previo a nivel ofensivo y las vigilancias, pero había también una activación idéntica a la de la fase defensiva posicional. Como ante el Córdoba, cuando el equipo coruñés firmó su encuentro con mayor número de faltas no por casualidad, el Dépor solo tenía en mente dos posibles destinos del contragolpe visitante en los primeros segundos de construcción: recuperar la pelota o interrumpir.

Temporizar no vale

El Deportivo se desató en una segunda mitad en la que el Málaga fue incapaz de opositar ante el ritmo de juego de su rival. Ahí creció el conjunto de casa apoyado en su fluidez ofensiva, pero también en la citada presión tras pérdida. Pero ya en el primer tiempo, la tendencia apuntaba más hacia la meta de Herrero.

Y es que no le terminó de funcionar tampoco al Málaga seguir un planteamiento defensivo similar al del Deportivo en su inicio, pero no en su fin.

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El Málaga, en la defensa del Dépor cuando este iniciaba sus ataques, intentó un plan similar al de su rival. El equipo malacitano permitía comenzar a construir, pero desde una inferioridad numérica que le otorgaba desventaja. Tampoco tras esos primeros pases era agresivo, así que el cuadro local progresaba En la imagen, Soriano recibe solo algo lateralizado, demasiado lejos de un Larrubia fijado por Quagliata que se lamenta ante el pase fácil sobre el Joker.

Al igual que su enemigo, el cuadro malaguista apostó por ‘sombrear’ en la salida de balón contraria más que por presionar. Su objetivo era incomodar la progresión blanquiazul, pero sin pagar por ello el peaje de un posible desorden. 

Así, Funes dibujó un un 4-1-3-2 en bloque alto que el Dépor, poco estresado, supo sortear. Porque con dos centrales más Villares focalizaba la atención de los tres futbolistas más adelantados del rival por dentro —Chupe, Ochoa y Merino, pivote que se descolgaba—. Mientras, Quagliata era el encargado de fijar a Larrubia, situado en una posición intermedia desde la que impedía el pase sobre el italiano pero no molestaba a Soriano, que revoloteaba acostado a ese sector izquierdo para generar esa superioridad desde la que recibía con facilidad. Así, comenzaba a dirigir esos primeros pases hasta encontrar la salida limpia, que solía ser a través de Loureiro en el perfil zurdo o de Ximo en la derecha.

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El Deportivo, progresando a partir del sector izquierdo. La igualdad numérica es transformada en superioridad posicional gracias a que cualtitativamente, Mario se junta con Yeremay. El canario atraer a tres, cede a Loureiro y este descarga dentro sobre Mario, que puede girar hacia Luismi (libre) o encontrar al '10', que ataca el espacio tras dar el primer pase.

Ni siquiera cuando el Málaga comenzó a marcar individualmente a Mario con Ochoa hubo un cambio de guion, pues el madrileño continuó generándose su espacio para aparecer y aclarar la salida de balón ante un contrario que no concedía muchos espacios, pero que debía acabar corriendo para atrás y hundiéndose. No replicaba el Málaga esa agresividad tras los primeros pases. Así que temporizar arriba apenas le servía de nada.

Una derecha fuerte

De esta manera, el Deportivo comenzó construyendo casi de manera permanente por su perfil zurdo para acabar haciendo daño por el derecho. Tenía marcada a fuego el equipo coruñés la pauta de girar el juego una vez lograba atraer a su rival en un sector y la siguió a rajatabla, especialmente en una segunda mitad en la que la presencia final de Yeremay Hernández en esa zona terminó de ayudar a construir ventajas en esa zona.

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El Deportivo, tras atacar por la izquierda, gira hacia la derecha y carga el lado débil de un Málaga basculado. Ximo y Alti generan un 2vs2 que es de 3 gracias a la posición de Luismi Cruz, que se queda sosteniendo a Joaquín. Ximo conecta con Alti y ataca la profundidad para acabar pasando atrás a Soriano que chuta sobre Herrero antes de que Quagliata mande fuera el rechace

Ahí, en ese lado diestro, fue clave el trío conformado por Ximo, Alti y Luismi Cruz. Al contrario que en los partidos precedentes, Hidalgo apartó de esa zona a Stoichkov y ubicó en ella a Luismi. Ganar un futbolista en intermedias en vez de provocar el espacio para otros que genera un Stoichkov más encargado de fijar a la última línea.

Salió bien la apuesta no solo por encontrar al '19' en un perfil más natural, sino por el empaste de todos. Siempre repartiéndose alturas y pasillos, el tridente era capaz de transformar situaciones que casi siempre eran de igualdad numérica en ventajas posicionales. Sucedió en la primera mitad y, sobre todo, en un segundo tiempo en el que al Málaga comenzó a pasarle factura la fatiga de tanta exigencia defensiva y el Deportivo logró transformar esa derecha en el lado débil del rival sobre el que acabar sobrecargando.

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La acción que derivó en el 1-0. Ximo recibe y encuentra a Luismi al apoyo con tiempo y espacio. El '19' conecta con Alti, libre ante un Rafita que no quiere 'saltarle' para no perder el sitio. El catalán tiene tiempo y espacio y encuentra en profundidad a Mulattieri, que lee bien la jugada y ataca la espalda.

No fue, sin embargo, en una acción generada en tres cuartos por sus futbolistas del sector diestro cómo el Dépor encontró el gol, sino en un ataque posicional trenzado desde atrás en ese perfil. Luismi apareció en posiciones interiores para recibir de Ximo y descargar sobre Alti, a quien Rafita dudó en encimar. Atraer y mirar lejos, hacia un desmarque en profundidad que fue otra de las pautas del Deportivo para amenazar al rival. Atacó el espacio Mulattieri y encontró un premio que no pudo ser total a pesar de ser un equipo (casi) redondo, capaz de correr, ladrar y acelerar el carro.

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