Adrià Altimira, el fondista con una derecha de arquitecto
El catalán sobresale como extremo ante el Málaga y culmina sus 270 minutos esta semana con su tercera asistencia

Debe de ser el aire que se respira en Cardedeu, la pequeña localidad de la comarca del Vallés Oriental en la que Adrià Altimira se crio junto a su primo Sergi —jugador del Betis— e hijo de Aureli, exfutbolista y actualmente en el organigrama del Barça. Solo así, bajo esta explicación, se puede argumentar cómo es posible que el organismo del futbolista del Deportivo logra captar más oxígeno que el del resto de los de su especie para alimentar sus músculos y sortear la fatiga.
Alti posee una extraordinaria capacidad que asoma cuanto más juega. No la enseñó en sus primeras semanas como jugador blanquiazul, todavía pendiente de terminar de adquirir la forma que su falta de continuidad en el Villarreal le negó. Pero el rodaje le ha permitido alcanzar un pico en el que parece alimentarse de su propio cansancio. A más esfuerzo, más capacidad para repetirlos.
Solo así se puede comprender cómo el catalán ha sido el único denominador común del carrusel de tres partidos en ocho días con los que el Dépor no solo se ha sostenido en la zona más noble, sino que incluso ha vuelto a despegar de verdad a nivel de juego.
En una Semana Santa de enorme carga física y mental, la presencia del exfutbolista del Villarreal fue de las pocas cosas innegociables para Antonio Hidalgo.
Rotaciones
Sabedores de la demanda y conscientes de lo que está aún por venir, el técnico y su staff han ido moviendo el equipo para no sobreexigir a sus piezas. Seis cambios entre la visita al Molinón y el encuentro contra el Córdoba y otros cuatro de cara al duelo del pasado sábado frente al Málaga. Solo Mario Soriano y Alti sobrevivieron a las rotaciones, con presencia en los tres onces.
Hizo sombra el catalán al madrileño de hierro. Porque justo en la semana en la que Mario superó los 100 partidos de liga —playoff incluido—, Altimira fue el único jugador blanquiazul con pleno de minutos. Sin contar tiempos añadidos, 270 se ha metido entre pecho y espalda el canterano del Barcelona, por los 252 del ‘Joker’ y los 209 de Giacomo Quagliata.
No ha tenido descanso Altimira y ni un ápice le ha pesado. Más bien al contrario. Porque después de arrancar como extremo y acabar de lateral en El Molinón, el futbolista barcelonés se inventó dos asistencias para desencallar el partido contra el Córdoba. La primera, como responsable del balón parado ante la ausencia de los especialistas y, así, potenciar la pizarra de Hidalgo y Salafranca. La segunda, en un centro lateral casi en idéntica posición que Quagliata hizo más bueno.
Pero aún no había tocado techo. Porque ante el Málaga, cuando una suplencia hubiese sido comprensible y un descanso en la segunda parte quizá recomendable, Alti enseñó su carácter más fondista. 195 metros recorridos con balón —75 progresivos— y un volumen de kilómetros tan alto que puede que el GPS que llevaba todavía esté descargando semejante volumen de datos.
Sin embargo, más allá de su capacidad para quemar el pasillo derecho de arriba a abajo y atreverse en el regate —7 intentados, 4 logrados—, la guinda a su extraordinario encuentro fue su asistencia a Mulattieri. Porque en un ataque posicional construido desde atrás, Alti recibió pegado a la cal justo en la frontera de las dos mitades y dibujó, cual arquitecto, una parábola al espacio para dejar al ariete mano a mano y abrir el marcador. No le hizo falta pisar la línea de fondo como el extremo en el que se ha convertido para suplir la baja perenne de Mella. El polifuncional catalán también tiene una diestra que fabrica trazos imposibles.










