Y la pizarra del Deportivo comenzó a regalar puntos
Después de 31 jornadas sin casi producir a balón parado, el equipo acumula dos abriendo a través de remates de cabeza tras falta lateral

Parece fácil, pero vaya si le ha costado al Deportivo. Falta en las inmediaciones del pico del área. Centro de Adrià Altimira al segundo palo, a la altura de la frontal del área pequeña. Lo suficientemente tenso para que Iker Álvarez no se despegue de la sombra del larguero. Con el suficiente vuelo como para permitir a sus compañeros llegar al remate.
Entre tanto, Lucas Noubi se apelotona en torno al área de penalti. Junto a Patiño, Loureiro, Barcia y Mulattieri, el belga es marcado por un enemigo. En su caso, un Carlos Albarrán que le oposita en cuanto a estructura corporal. Hay superioridad numérica del Córdoba, que sobreprotege la zona central con Jacobo González librando. Pero mientras varios compañeros se desplazan hacia el primer palo, él se zafa de su marcador con un reverso más propio del jugador de baloncesto que a veces, por gestualidad, parece. Media vuelta y movimiento contrario en sentido opuesto para atacar el lado contrario.
El movimiento colectivo de arrastre transforma lo que antes era densidad en una llanura. La finta del defensor belga le da el espacio y tiempo necesarios para alzarse al atardecer de A Coruña. Ya no hay melena al viento para la foto, pero sí una remozada cabellera que ofrece una frente despejada para conectar con el balón en un salto que prácticamente se convierte en semiflexión corporal para dirigir el esférico a gol.
De cero a dos
De repente, la pizarra funciona. Regala puntos. El Deportivo era el único equipo tras 31 partidos que no había marcado un gol tras un remate directo a un centro de pelota parada. Además, llevaba solo un gol de cabeza en toda la liga, obra de Mulattieri en su debut en la tercera jornada.
Tardó mucho en llegar. Pero como si fuese un bote de ketchup, ahora la sustancia no para de gotear. Anotó Noubi con la frente su primer gol como deportivista para abrir la lata ante el Córdoba, como apareció también la testa Dani Barcia en El Molinón para materializar el tanto inicial del Deportivo y rescatar un punto.
De no marcar a balón parado más que en acciones que se pueden contar con los dedos de una mano y de manera indirecta, a dormir colíderes gracias a la estrategia diseñada por Ignasi Salafranca, responsable dentro del cuerpo técnico deportivista de estas situaciones planificadas.
“El balón ofensivo lo hemos trabajado hoy (por el pasado martes, antes del partido). Incidimos en la posición en la que creemos que podemos hacer daño. El balón y el jugador llegaron esta vez. Es una acción que estábamos explotando poco y que es muy importante en el fútbol de ahora”, especificó al término del encuentro Hidalgo.
De Lovaina a Riazor
Fue puntual Noubi, que cuatro días antes estaba disputando con Bélgica sub-21 en la localidad de Lovaina contra Austria un partido para clasificatorio para el Campeonato de Europa de su categoría. Vencieron los diablos rojos y la federación, condescendiente, liberó a Lucas del partido que su selección jugaba el pasado lunes, de carácter amigable.
“No hay problema con el míster de la selección porque era un partido amistoso. El más importante era el del viernes, lo ganamos y ahora estoy contento de estar con el Deportivo”, explicaba el joven defensor tras el choque con el que se estrenó como goleador y pudo dedicar dicho tanto a su madre fallecida.
Fue un grito de Noubi al mismo cielo sobre el que se alzó para remediar los problemas del Deportivo a balón parado y sacarle brillo a la reputada pizarra de Hidalgo y Salafranca. El balón parado ya no es debe. El Dépor sonríe más que nunca.










