Hidalgo supera el primer ensayo sin Mella y Yeremay
El catalán optó por reubicar a Luismi y Altimira en otros puestos ante las bajas de los dos jugadores de banda

Antonio Hidalgo resolvió con victoria la muy difícil papeleta que tenía que solventar en Ceuta. Seguramente, el venir del “peor partido de la temporada” contra el Granada, la acumulación de críticas en torno al estilo de juego y las lesiones de sus dos jugadores más desequilibrantes, hacía que el Deportivo y, sobre todo el propio entrenador, se jugasen algo más que tres puntos que les permitiera volver a posiciones de ascenso directo muchas semanas después.
El contexto no era el ideal, pero los blanquiazules cerraron una semana triste y de pésimas noticias con un final feliz. Un golazo de Adrià Altimira sobre el tiempo de añadido. De esta manera, el Dépor salió por la puerta grande de un escenario incómodo, espantado de fantasmas, y esquivó que la enfermería siguiera marcando el paso en forma de otro tropiezo.
Sin el desequilibrio que proporcionan Yeremay Hernández y David Mella, Hidalgo estaba obligado a introducir la mayor vuelta de tuerca del curso en su once inicial. No solo debía disimular todo lo que pierde el equipo sin ellos, una tarea ya de por sí compleja, sino que además tenía que encontrar la profundidad y verticalidad necesaria para atacar a un rival ya ordenado.
El técnico de Granollers despejó la ‘X’ y la ‘Y’ de la ecuación con el 4-4-2 más académico de la temporada en fase defensiva. En derecha, Ximo Navarro regresó al once inicial más de cinco meses después de la última vez y compartió carril con Adrià Altimira, adelantado varios metros y reconvertido en extremo. En el costado izquierdo, Luismi Cruz cambió de banda para actuar a pierna natural.
La fórmula buscaba replicar la amplitud que aporta el de Teo y a su vez permitir a Luismi Cruz moverse en espacios interiores para ganar una altura más por dentro. Algo especialmente necesario al alinear un doble pivote en el que Diego Villares y, sobre todo, Mario Soriano, eran los encargados de dar criterio a la posesión de balón desde la base. El centrocampista madrileño volvió a una posición más retrasada ante la suplencia de Riki, pero Luismi, siempre a la espalda de Bodiger o más lateralizado para intentar sacarlo de sitio, permitió al Deportivo progresar también por la izquierda, con Giacomo Quagliata siempre en disposición de echar a correr casi en última línea y muy pegado a la cal.
Por nombres (había cinco defensas en la alineación) podría intuirse una revolución táctica con un nuevo dibujo. Tres centrales y dos carrileros, al más puro estilo Huesca en la temporada 2024-25. Sin embargo, Hidalgo optó por alterar lo mínimo posible los mecanismos en fase de construcción.
“Intentaremos reubicar jugadores en posiciones que nos interesen y poder complementar situaciones para cuando el balón sale fuera no perder amenaza”, indicó el preparador deportivista en la rueda de prensa previa al encuentro. Y el plan se ajustó a la idea.
El Ceuta golpeó primero con un tanto de Marcos Fernández y el Deportivo entró entonces en una fase de precipitación, recurriendo con frecuencia al juego directo sobre Bil Nsongo. En medio de la desesperación encontró, en una jugada aislada, el tanto del empate. No fue una buena primera mitad del Deportivo, pero bastó para irse al descanso con el respiro de no ir por debajo en el electrónico.
Cuetíes y coruñeses firmaron una actuación en la que hubo más llegadas que claridad en el juego. Tan entretenido para el espectador neutral como mejorable para los dirigentes desde el banquillo. Tras el descanso, el Dépor dio un paso adelante en control. El partido dejó de ser el correcalles que en otros contextos —con Yeremay y Mella— podría favorecer a los gallegos y pasó a un escenario más pausado, donde los de Hidalgo se sintieron más cómodos.
Y entonces apareció Altimira. En su versión más ofensiva desde su llegada a A Coruña, el lateral reconvertido en extremo decidió el encuentro con un disparo a la escuadra desde el vértice del área. La jugada nació en una descarga de Samuele Mulattieri que recogió Luismi Cruz en la mediapunta. El gaditano abrió rápido a dos toques hacia la derecha y Altimira firmó un golazo que, además de valer tres puntos, rompía una sequía personal de más de tres años y medio sin marcar. Curiosamente, también llegó en tiempo añadido.
“Necesitábamos algo más de energía en banda. Con la pérdida de David, teníamos que buscar soluciones. Sabíamos que Alti ahí nos podía dar ese pie para que el balón saliera más limpio”, explicó Hidalgo tras el encuentro.
Luismi Cruz puso la asistencia y Adrià Altimira reventó las mallas. Los dos futbolistas que ocuparon los lugares de los lesionados se asociaron en la acción decisiva y empujaron al Deportivo hacia una victoria sanadora.
A pesar de que fueron protagonistas, ninguno de los dos se sintió realmente cómodo sobre el césped. Altimira apenas encontró espacios para generar peligro en carreras de uno contra uno, mientras que Luismi no logró cargar con el peso del partido ni convertirse en el jugador determinante que muchos esperaban. Sus intervenciones fueron valiosas, sí, pero se percibía cierta falta de fluidez.
Era la primera vez que el engranaje del Deportivo funcionaba sin Mella y Yeremay, y el ensayo mostró tanto las limitaciones como las posibilidades del equipo. Más allá de la falta de chispa individual en algunos protagonistas, lo esencial se logró: sumar los tres puntos. Una victoria que no llegó de la perfección en el juego, sino de la resistencia y de la capacidad de adaptarse, recordando que, a veces, mantener el motor en marcha ya es un triunfo en sí mismo.










