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Dépor

El Dépor se alía de nuevo con el descuento para volver a puestos de ascenso directo (1-2)

Altimira resolvió con un golazo la visita al Alfonso Murube, en el que el equipo blanquiazul tuvo que remontar

Bil Nsongo empata el partido en Ceuta
Bil Nsongo empata el partido en Ceuta
FERNANDO FERNÁNDEZ
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El Deportivo continúa agarrándose a la clasificación como respuesta a su falta de todo lo demás. El equipo blanquiazul se impuso al Ceuta (1-2) gracias a un nuevo tanto pasado el 90 después de un encuentro gris en el que tuvo que remontar, pero que le permite volver a ascenso directo tras la derrota del Almería, a la espera de lo que haga el Castellón este domingo.

Independientemente del resultado final, del partido y de la temporada, la puesta en escena del Deportivo en el Alfonso Murube dejó claro que el equipo coruñés ha emprendido un peligroso viaje por una madriguera de conejo que no promete ser cómodo. Ese estado de histeria colectiva en el que, mires a donde mires, tenga quien tenga el balón, ver a algún futbolista blanquiazul tomar una buena decisión se convierte en una quimera. A los 20 minutos de partido, Quagliata aprovechó un buen pase de Comas para plantarse en ventaja en el pico del área. Podía dársela a Bil para empujarla y recortó. Podía dársela luego a Stoichkov en el borde del área y su elección fue buscar la escuadra más alejada con su pierna derecha. A esas revoluciones va un grupo al que le sobran dudas con la pelota y miedo cuando la tiene el rival.

Tampoco es de extrañar, viendo que el que lleva el timón continúa semana a semana cambiando el rumbo, aunque siempre quedándose a medias. Esta vez con la excusa de las bajas, siempre es complicado sustituir a Yeremay y Mella, incluyó un defensa más con la entrada de Ximo Navarro para que Altimira diera la profundidad por la banda derecha, mientras que por fin se decidió a apostar por Bil Nsongo en la punta del ataque ante la pujanza del camerunés y la inoperancia de su competencia. El puñado de nombres prometía, pero la disposición volvió a evidenciar que Antonio Hidalgo tampoco lo tiene nada claro. Como para tenerlo sus jugadores. El primer tiempo pasó como una sucesión de pelotazos buscando precisamente al delantero del Fabril, al que desde luego nadie podrá recriminarle que no diese la talla en su estreno de inicio.

Sin apenas encontrar a Mario Soriano y con Luismi Cruz exiliado en la banda izquierda, el conjunto coruñés estuvo durante buena parte de los minutos a merced de un Ceuta que fue todo corazón de la mano de un Koné que volvió loca a la defensa deportivista. Hubo muchas más ocasiones que juego antes del descanso. El equipo caballa se adelantó después de la enésima exhibición de pasividad e incapacidad de la zaga blanquiazul, que despejó mal primero y se quedó mirando después para que Marcos Fernández fusilara a Ferllo. Equilibró la balanza Bil cuando el Dépor tuvo premio al decidir salir de la cueva para presionar la salida de balón local. Villares estuvo listo para encontrar a Stoichkov, cuyo fallo se convirtió en asistencia para el fabrilista, que controló y definió con una tranquilidad impropia de alguien que está dando sus primeros pasos en el fútbol profesional. Sí lo fue el control que hizo minutos después en el área cuando se quedó solo para hacer el segundo, justo después de que Marino Illescas hiciera temblar el larguero de la portería de Ferllo con un escandaloso lanzamiento de falta.

Sin respuestas

Pocos cambios hubo en la reanudación, aunque el que movió primero fue J.J Romero, que notó la debilidad blanquiazul y ante el doble lateral de Hidalgo por la derecha, él apostó por un doble extremo, retrasando a Aisar y dando entrada a Konrad para amenazar todavía más. Las aproximaciones del Ceuta seguían produciéndose con la misma frecuencia que los pelotazos de Ferllo, menos efectivos con cada minuto consumido una vez que el cansancio nubló el juicio de Bil y tanto Stoichkov como Luismi Cruz no comparecieran.

Le debía parecer bien el escenario a Hidalgo, que retrasó los cambios hasta pasado el minuto 70. Los elegidos fueron Cristian Herrera y Mulattieri, otro giro de esa ruleta que el técnico catalán lleva toda la temporada lanzando en ataque y en la que rara vez le toca el premio. También una muestra de lo que le puede esperar al Dépor si las ausencias del ‘10’ y del ‘11’ se prolongan tanto como se teme.

De hecho, el canario, que jugaba sus primeros minutos de 2026 en Liga después de registrar en Copa en enero su única aparición, tuvo la victoria en sus botas. El ritmo del partido decayó en el tramo final una vez que al Ceuta se le acabó la gasolina. Tampoco el miedo permitía al Dépor buscar con convencimiento el segundo, pero apareció por donde siempre acaba apareciendo. Por Mario Soriano. El madrileño se sacó de la manga una asistencia con la cabeza en el centro del campo para Cristian Herrera, que tuvo todo el tiempo del mundo para pensar cómo quería resolver. Fue demasiado. A medida que se acercaba al área, empezó a decelerar y el olor a miedo se dejó notar incluso en la península. La definición pedía palo largo y él definió a la corta. Mal.

Pero a falta de juego, el Dépor ha desarrollado en las últimas semanas una estrecha relación con los minutos finales. Casi siempre sin saber cómo. O, al menos, sin ser consecuencia de buscar una explicación lógica más allá del talento individual, el gol del triunfo acaba apareciendo puntual. En este caso fue Altimira. Cuando el cuarto árbitro mostraba el cartelón con los tres minutos de descuento, enviaba un balón a la grada en un intento de centro a ninguna parte. Cuando el luminoso marcaba el 92’, se sacó un zapatazo desde la frontal que se coló por la escuadra. El fútbol no te lo acabas.

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