Mi vida en blanquiazul | Marcos Méndez: “Vivo en Vigo; ellos tienen poco que decir y nosotros mucho que contar”
Residente en la ciudad olívica desde hace 23 años, este impenitente seguidor blanquiazul vive la rivalidad entre el Celta y Deportivo

Empecé a interesarme por el Deportivo desde niño, comencé con siete u ocho años a escaparme con algún amigo al estadio de Riazor, donde le pedíamos a algún socio de Tribuna que nos pasase como si fuésemos sus hijos.
Estamos hablando de finales de los años ochenta y entonces no había el control en los accesos existente a día de hoy. Tengo que mencionar a mi amigo del barrio Manel, con el que fui a muchos partidos y compartimos pegatinas y fanzines deportivistas.
Mi primo Juancho Barrán —su padre Antonio me inculcó el sentimiento—, cuando yo tenía ocho años y después del gol del Vicente, convence a mis padres para que yo fuese con él al fútbol y me hiciese socio de Preferencia Superior.
Guardo muchos recuerdos de temporadas soporíferas en Segunda División, de partidos contra rivales como el Mollerusa, el Sabadell, el Castellón, el Sestao... aquella larga caminata antes de conseguir el ansiado ascenso contra el Murcia.

Llevo 23 años viviendo en Vigo y tenemos un vacile sano con los aficionados del Celta. Ellos lo están haciendo bien las últimas temporadas, incluso con clasificación para disputar torneos europeos. Ellos ganan a día de hoy pero, como decía Arsenio, ellos tienen poco que decir y nosotros mucho que contar.
Siempre fui de A Coruña pero la vida laboral me llevó a Vigo; mi mujer es del Celta, mi hija también es celeste pero a mi niño lo convencí para animar al Deportivo. Ahora mismo le ha tocado algo más de sufrimiento pero esperemos estar pronto en Primera.
En todos estos años siguiendo al Dépor me quedaría con la Copa del Rey de 1995 porque significó nuestro primer título después de la situación que vivimos en Madrid. Estuve presente en todos los títulos del equipo herculino pero esa final en dos episodios fue inolvidable; en el plano negativo para mí fue de inmensa tristeza la semifinal de Copa del Rey contra el Valladolid de los años ochenta porque lloré como un niño. Sentí una gran impotencia después de haber ganado 1-0 en la ida con gol de Raudnei pero en la vuelta nos robaron, en medio de un ambiente hostil y de violencia hacia nuestros jugadores.
A lo largo de todos estos años de fidelidad hemos podido a ver a una generación de futbolistas de primer nivel pero a mí el que más me fascinó fue Djalminha; hemos podido ver a hombres como Rivaldo, Valerón, Fran... que eran descomunales pero Djalminha era un fuera de serie, nunca veremos repetido lo que él hizo sobre un terreno de juego. Si hubiera jugado en el Madrid o Barcelona estaríamos hablando de un ‘Balón de Oro’.
Esta temporada he subido con el niño a ver el partido contra el Eibar e intentaremos volver cuando coincida en sábado; me gustaría que Riazor fuese todavía más una caldera porque noté cierta frialdad los últimos partidos de Liga.
Ahora mismo podemos aspirar al ascenso pero arrastramos una dinámica muy mala en el plano técnico; el entrenador incide en la posesión pero no se generan ocasiones para marcar, así es difícil puntuar.
El partido ante el Granada fue un absoluto desastre cuando teníamos la opción de auparnos a puestos de ascenso directo. El planteamiento fue penoso. Mi mujer no me dejaría seguro pero en caso de ascenso me iría a bañarme a Plaza América con la camiseta del Dépor, lo tengo claro.










