
Los deberes sin hacer de A Coruña que alejaron a la ciudad del sueño del Mundial 2030
Louzán admite que la candidatura no ha cumplido con lo previsto y la RFEF abre la puerta a la opción de Vigo como sede
“Las reuniones privadas no las comento, ni se convocan, ni se dan más datos”, espetó Inés Rey cuando ayer por la mañana se le preguntó por su encuentro con Juan Carlos Escotet del pasado lunes. La alcaldesa se desayunó ayer con la noticia de DXT Campeón que describía el puente que se ha tendido entre Ayuntamiento y Deportivo para que la renuncia al Mundial sea incruenta para ambas partes. A Coruña no será, salvo giro inesperadísimo de los acontecimientos, bimundialista, tal y como había presumido Rey cuando en julio de 2024 festejó en el Palacio de María Pita que la ciudad hubiese superado el corte de la FIFA. Pero no se ha podido sacar adelante un proyecto. “A Coruña tenía unos deberes, como alguna otra, y esos deberes no se han hecho”, explicó ayer Rafael Louzán, presidente de la Real Federación Española de Fútbol en declaraciones a la Cadena SER.
Ahora la ciudad olívica se ve con más opciones que nunca de reengancharse. “Están ahí a las puertas. Quien decide es la FIFA, y a la FIFA no le va a gustar mucho la bronca. Lo de Vigo es más una invitación a la confusión, un totum revolutum. Si me lo dan, me crean un problema; si no, he reivindicado que me lo dieran y ellos son los culpables de no dármelo. Es un tema de política”, incide el federativo y expresidente de la Diputación de Pontevedra.
Balaídos está en obras desde febrero de 2015 y ahora, en el undécimo año de unos trabajos para los que se habían previsto 29 meses, Louzán pasa revista: “Vigo ahora mismo, cuando lo acabe, que dentro de un año y pico acabarán la última grada, va a tener 30.000 espectadores por lo que nos dice el alcalde, y se exigen 43.000. Hace falta poner 13.000 espectadores más en ese estadio. Por lo tanto, vamos a ver si esas circunstancias se dan, pero yo creo que tanto Vigo como Valencia pueden ser dos ciudades que puedan optar a poder estar ahí”, explica Louzán.
Abel Caballero apunta que no pararán hasta llegar a los 43.000 espectadores de aforo. “Lo vamos a hacer con Mundial o sin Mundial”, explicó ayer el alcalde de Vigo, que a esta altura asegura que están “dando los primeros pasos” para reformar la tribuna principal del estadio que había mudado en 2017. Si todo sale según espera Caballero el coste acumulado del proceso de transformación de Balaídos frisará los 125 millones de euros, o lo que es igual: más de cuatro veces lo previsto en 2015, cuando se presupuestó un gasto de 30 millones. A ese río de dinero debe unirse el coste de infraestructuras para acoger la competición mundialista. Caballero ya sabe a esta altura que no lo tiene sencillo para encontrar financiación. Así que Galicia, que tuvo dos ciudades mundialistas en 1982 y puso al día entonces los estadios de A Coruña y Vigo puede pasar en blanco la oportunidad del 2030.
Un proceso abierto
Con todo, nadie se cierra a cambios. Ni siquiera en la RFEF, que no hace tanto se cerraba en banda. El director de relaciones internacionales de la RFEF, Eduard Dervishaj, que coordina el equipo de trabajo que visita las sedes españolas estos días y que en teoría visitará A Coruña el día 18 lo apuntó este martes. “La elección de sedes es un proceso abierto en el que nadie descarta que podamos incluir otra ciudad. Pensamos que en España tenemos sedes fuera de la candidatura con posibilidades para ser sede en el futuro. Nos gustaría visitar todas las sedes posibles en nuestro país, pero el procedimiento establecido por FIFA indica que solo se pueden visitar en este momento las sedes presentadas en la candidatura. Esto no significa que todo esté cerrado, pero hay que cumplir con lo presentado. Con el tiempo intentaremos tener más sedes”, apuntó Dervishaj, que abre así una opción clara para Vigo y Valencia si logran cumplir las condiciones que exige el organizador del Mundial.
Lo evidente es que A Coruña ya está casi descartada, a falta de una comunicación oficial de la renuncia que se antoja inminente. Ayer la alcaldesa no negó la información publicada por este diario sobre que en su reunión con el Deportivo se barajó cómo plantear esa salida del proyecto. “Lo único que puedo contar es que efectivamente mantuve un encuentro de trabajo para hablar de diferentes temas con Juan Carlos Escotet, el presidente del Deportivo y de Abanca, en el marco normal de la relación institucional que tiene que tener el Concello y el Deportivo”, resolvió.
El marco normal no lo fue tanto durante los últimos meses. El 11 de mayo de 2024 se produjo una reunión en María Pita entre club y concello. El expresidente Álvaro García Diéguez ostentó la máxima representación del Deportivo, con él acudió Massimo Benassi, entonces director general. Se fijó otro encuentro primero para el 9 de julio, más tarde para el 16, pero la comunicación se cortó. El día 19 se confirmó que A Coruña iba a estar entre las once sedes españolas para el Mundial 2030. Desde entonces la relación entre ambas partes avanzó a empellones, entre comunicados e incomprensiones. No había sido así en los dos años anteriores.
A Coruña y el Deportivo iniciaron juntos la carrera por el Mundial en mayo de 2022. Dos meses después, el día 13 de julio, el club remitió a través de su entonces responsable de instalaciones y mantenimientos un documento firmado por el arquitecto David Estany en el que proponía diversas actuaciones en el estadio de Riazor. En él se especificaba que se redactaba a requerimiento del ayuntamiento y a instancias del club. Varios medios de comunicación ofrecieron detalles sobre esa primera propuesta que exponía que la capacidad del estadio debería incrementarse para alcanzar los 40.200 espectadores y se indicaba que podría llegarse a esa cifra con tan sólo rebajarse la cota del terreno de juego con dos actuaciones básicas: ganar cinco filas de asientos en el anillo inferior, que supondrían 3.000 butacas más, y demoler la grada de Marathón para ganar ahí 5.000 localidades respecto a las actuales. La Torre se integraría en el estadio de nuevo.
Un día después de ese envío, Gonzalo Castro, que entonces no era concejal, pero era coordinador general del ayuntamiento y siempre hasta esta semana la persona de referencia del gobierno local para el proyecto mundialista, se desplazó a Madrid con David Villasuso, que era director general y consejero del Deportivo, para asistir a una reunión de trabajo sobre la candidatura del Mundial. Y allí presentaron el proyecto que le envió el Deportivo al ayuntamiento el día anterior.
El 3 de noviembre de 2022 el Deportivo remitió a Inés Rey una declaración de apoyo institucional a la candidatura de la ciudad. “Desde este club consideramos que la designación de A Coruña como una de las sedes del Mundial 2030 sería muy positiva para nuestra ciudad a nivel social, deportivo y económico”, explicaba en ella David Villasuso.
Se trabajó en esa línea y a finales de abril de 2023 el arquitecto Estany, designado por el Deportivo para este menester, remitió al ayuntamiento un nuevo proyecto más detallado que el del verano anterior en el que explicaba cómo se debía realizar la ampliación y reforma del estadio. Ese trabajo se presentó al día siguiente a una comisión de federativos españoles y portugueses que visitaron Riazor y en él ya se integraba una solución, que en el proyecto anterior se esbozaba como opción, y que proponía aumentar el aforo hasta 48.000 espectadores con un tercer anillo que rodeaba todo el graderío. La Torre de Marathón se quedaría en el exterior. “Es una candidatura con posibilidades de éxito y solvente”, apuntó Inés Rey. Tres meses después una reunión en el Salón Azul del Palacio de María Pita entre Gonzalo Castro, ya concejal de la corporación, y varios representantes del Deportivo se marcó la hoja de ruta para los próximos meses.
El final del consenso
Tras la salida de García Diéguez del club la máxima representación del Deportivo en las reuniones con el ayuntamiento la ostentó Benassi, que acudió a dos reuniones más en octubre de 2023 y en febrero de 2024. Tras este último encuentro todos los impulsores de la candidatura se reúnen y el Concello le remite al club un documento conocido como Stadium Agreement en el que se detallan las condiciones en las que debe entregarse el estadio a la FIFA para que pueda llevarse a cabo el torneo. El documento de unas 350 páginas detalla que la FIFA tendría el control exclusivo de los estadios un mes antes del primer partido y hasta una semana después del último. El estadio se proporcionaría a la FIFA libre de publicidad y merchandising. Y la FIFA tendría el poder de cambiar temporalmente el nombre del estadio, para eliminar cualquier referencia al patrocinador, propietario o usuario de los derechos de nombre del estadio.
A esa altura Gonzalo Castro apuntaba que las obras deberían empezar a ejecutarse en 2026. Pero la relación entre club y ayuntamiento se cortó. Hasta este lunes.


