LA LUPA | Deportivo 0-2 Granada: Embarrancado en el nihilismo
El equipo coruñés cae impotente ante el Granada, sin herramientas ofensivas y con desorden sin balón

Si el nihilismo es la idea de que el mundo ha perdido sentido y dirección, esta corriente filosófica que Nietzche impulsó en el siglo XIX ha encontrado en el Deportivo actual un hilo a través del que seguir vigente. Porque ante el Granada, el conjunto herculino tocó fondo en su juego y cosechó una derrota que impidió ocultar que, efectivamente, detrás de los resultados apenas hay nada.
El cuadro coruñés fue un equipo incapaz de responder al primer mandoble. Quizá esa habilidad para golpear antes le había permitido sostenerse en el alambre durante la última y victoriosa racha. Pero en cuanto el rival se aprovechó de sus debilidades para herirle, ya no hubo solución.
Fue el Dépor un colectivo sin respuestas. Pero, en realidad, el 0-1 solo hizo que potenciar esas dudas con las que el combinado de Riazor había arrancado el choque. Sin identidad clara y, por ende, sin un plan reconocible al que agarrarse, el combinado deportivista deambuló entre sus malos ajustes defensivos, el miedo a iniciar desde atrás ante la presión del rival, su incapacidad para ser mínimamente dominante en el juego directo y su falta de ideas frente a un rival pertrechado atrás. No hubo posibilidad de réplica, solo intentos impotentes buscando igualar, pero sin saber muy bien de qué manera hacerlo.
Partirse para salir
Salió timorato al partido el Deportivo. Antonio Hidalgo no dio continuidad al once que se midió a la Real Sociedad B. Y más allá del hombre por hombre entre Arnau Comas y Lucas Noubi, introdujo en el equipo titular a José Ángel Jurado en detrimento de Luismi Cruz. La modificación dotaba de una pieza más la sala de máquinas del combinado deportivista y permitía devolver a Mario Soriano a un punto de partida más cercano al área contraria que a la propia. Sin embargo, dio igual.
Porque el Dépor apostó por estructurar su inicio de juego a partir de ubicar a sus centrales en primera línea, con José Ángel por dentro y muy cerca de ellos y Riki y Mario en una tercera altura, ocupando los interiores.

Fue, sin embargo, ese 2+1+2 una trampa para el propio Deportivo, incapaz de superar la presión alta de un Granada muy cómodo y con las ideas claras. A partir de un marcado 5-3-2,los futbolistas del equipo nazarí asumían su marca individual en función del jugador que entraba en ‘su zona’. Ese orden fue suficiente para incomodar la salida del Dépor.
Así, con Altimira y Quagliata muy abiertos y altos para fijar a los carrileros rivales, el Deportivo pretendía encontrar la superioridad dentro. Pero el conjunto entrenado por Pacheta fue capaz de impedir ventajas en el carril central a través de sus agresivas persecuciones, con las que generó una óptima profundidad defensiva que penalizó a un equipo de casa que pretendía partirse para generar espacios.
Sí, el Deportivo consiguió generar esos espacios. Pero las distancias no hicieron más que volvérsele en contra, pues no fue capaz de ganar apenas envíos cuando se buscaba a los futbolistas más ofensivos con balones la disputa, a la ruptura o incluso al apoyo.
Directo y plano
Así, el Deportivo acabó cayendo de nuevo en un excesivo juego directo desde atrás que no le benefició en nada. Nulo a la hora de quedarse un balón, esa tendencia a mirar lejos sin plantearse siquiera cómo progresar en corto a costa de arriesgar un mínimo le impidió generar una dinámica de juego para tener el control.

Pero tampoco una vez progresaba lograba encontrar el camino. El equipo era plano. Todo era una circulación horizontal tan lenta y tímida que no servía para penalizar la estrecha estructura del Granada. Sin apenas cambios de orientación, sin ritmo en el pase y con pocas conducciones para movilizar contrarios, el rival llegaba a bascular con comodidad.
No había juego interior ni profundidad en el fútbol ofensivo del equipo de casa. Carente de fluidez y sin apenas alturas intermedias para penalizar los ‘saltos’ de interiores o carrileros lejos, todo era demasiado redundante. Plano.

Así, Mario Soriano, acostado en el sector izquierdo, no era capaz de recibir a espaldas de Trigueros y en ese carril todo era un aclarado constante para que Quagliata fabricase una posición de centro.
Mientras, en la derecha, los cortes en el carril intermedio de Riki o Alti cada vez que Mella recibía pinchado a la banda también eran predecibles. El Granada defendía cómodo.
La constante exposición
Parte de ese bienestar visitante se lo daba la escasez de herramientas que el Deportivo enseñaba con balón. Pero otra parte de esa confortabilidad venía dada por su habilidad con la pelota para desordenar al rival.

Y es que el Granada expuso cómo y cuánto quiso las vergüenzas del Dépor a la hora de tratar de recuperar el esférico. El conjunto herculino inició el choque con una estructura defensiva en 5-2-3 (o 5-3-2, en función de la altura de Soriano) desde la que no buscaba incomodar al poseedor que jugaba de cara, sino tratar de interceptar los pases interiores de este ante posibles movimientos de apoyo. Para ello, necesitaba agresividad y capacidad de anticipación en los duelos. Eso se vio antes de que se cumpliese el primer minuto, cuando un ‘salto’ de Alti persiguiendo a Ruiz acabó en una recuperación de Riki que Zaka desperdició. Pero fue un espejismo.
Sin presionar al poseedor, el Granada empezó a jugar a placer. A atraer a un Deportivo en el que sus individuos no priorizaban proteger sus zonas, sino marcar de cerca al rival que entraba en ellas. Así, el conjunto rojiblanco comenzó a hacer cada vez más largo al conjunto local. Y Trigueros se dedicó a destrozar la espalda del dúo conformado por Riki y José Ángel. Con Mario pendiente de ir arriba y el andaluz sobreexigido y obnubilado por Izan, las distancias del equipo deportivista eran gigantes. Los futbolistas llegaban tarde a los duelos. Por ende, los perdían. Y, por ende, tenían que correr para atrás.

A mayores, la mala gestión del balón todavía ampliaba más las distancias del equipo en las pérdidas. No había forma de presionar. Y se generaba entonces un camino hacia la reordenación colectiva que se convertía en pasividad. Así fue cómo el Granada pudo progresar sin oposición alguna en la acción del 0-1 en la que el Dépor, además, tampoco supo proteger su área ante un simple corte de Trigueros.

Sin soluciones
Fue un drama la primera parte del Deportivo y no mejoró demasiado en una segunda mitad en la que se vio obligado a llevar más el peso del encuentro.

La entrada de Patiño mandó a Riki a la base y a Mario Soriano al sector diestro, que comenzó a ser el lado fuerte del equipo. Con Altimira algo más bajo para atraer al carrilero Diallo, el propio Mario algo más por dentro para distraer al interior Sergio Ruiz o Mella pegado a banda para sacar de zona al central Williams, el Deportivo intentó buscar la profundidad con cortes a ese espacio generado, pero no terminó de estar acertado ni en timing, ni en ejecuciones.
Todo era deslavazado, aunque el equipo de casa sí fabricó óptimas vías para juntarse en un lado y girar opuesto rápido para, así, encontrar de verdad la superioridad. Llegó de esta manera el remate de Alti, en una acción de dos contra uno que el catalán decidió resolver desde fuera del área, en uno de los tres pobres remates que el Dépor generó en la segunda parte con 0-1.

Ya sin Mella después de desplazarlo a la izquierda para buscar algo más de autosuficiencia y poder encontrar mejores situaciones de centro, el Deportivo acabó confirmando que ha embarrancado en el nihilismo más absoluto.









