Así lo vivió Riazor | La afición del Dépor dice basta
Los silbidos fueron los grandes protagonistas de la derrota del Dépor, que terminó desesperando a buena parte de la afición

Era una noche importante en Riazor. Ya no solo porque la temporada ha entrado en su fase decisiva, sino porque, tras la derrota de Castellón en Zubieta, el Dépor tenía una oportunidad de oro para regresar al ascenso directo. Pero la afición blanquiazul terminó entonándole a su equipo una pitada que retumbó en el estadio coruñés durante prácticamente todo el encuentro.
Antes de que comenzara a rodar el balón, el club había preparado un recibimiento espectacular. Los deportivistas tuvieron que escanear un código QR para acceder a una aplicación desde la que se coordinó un juego de luces con los teléfonos móviles. El resultado fue una imagen imponente en las gradas: miles de puntos azules y blancos iluminando Riazor mientras los jugadores saltaban al césped.
Como no podía ser de otra manera, después de que durante toda la semana varias cuentas de Turquía dedicaran publicaciones en X al club coruñés y a explicar la historia de por qué las banderas de su país son habituales entre la hinchada herculina, el feudo blanquiazul se llenó de banderas turcas. Incluso hubo quién se atrevió a especular si podría tratarse de la nueva “piña” que les acompañaba en el camino hacia el ascenso esta temporada. Pero lo último que fue Riazor esta noche fue una piña. Al menos entre equipo y afición.
El ambiente fue cambiando radicalmente con el paso de los minutos. Durante los instantes iniciales, el foco estuvo fijado en la presencia de Isaac Fouto, comentarista de LaLiga, a quien incluso le dedicaron una pancarta en los aledaños del estadio. El periodista regresó a A Coruña para realizar el pie de campo de la retransmisión y su presencia no pasó inadvertida para la afición, que se la tenía bien guardada desde hace más de cinco años debido a sus desafortunadas declaraciones durante el “Caso Fuenlabrada”. La respuesta llegó este domingo y durante varios minutos, prácticamente todo el estadio entonó a plena voz cánticos en su contra.
Y mientras la hinchada coruñesa estaba ocupada en devolverle aquellos recuerdos al periodista, llegó el primer golpe de la noche: Arnáiz adelantó al Granada y silenció a Riazor. Desde ese momento, cuando apenas se habían disputado veinte minutos de partido, comenzó la música de viento que llegó para quedarse durante el resto del encuentro. Cada salida de balón calmada, cada jugada de ataque que se quedaba en nada y cada pérdida de balón era respondida con miles de silbidos desde la mayoría de sectores del estadio. Y todavía creció más cuando los jugadores se dirigieron el túnel de vestuarios en el descanso.

El segundo tiempo no cambió el rumbo del partido. El Dépor fue incapaz de reaccionar y el Granada terminó sentenciando el encuentro con el 0-2, bofetón definitivo que apagó cualquier esperanza de remontada en el estadio herculino. A medida que avanzaban los minutos, las gradas comenzaron a vaciarse poco a poco. La frustración de la hinchada era evidente y muchos aficionados decidieron marcharse antes del final. Una escena se acentuó todavía más cuando el árbitro anunció diez minutos de tiempo añadido.
De los 19.955 espectadores que acudieron esta noche a la cita, apenas quedaban una cuarta parte. Sin embargo, los que resistieron hasta el pitido final se hicieron notar. Sus silbidos retumbaron con fuerza en el feudo coruñés cuando los jugadores se despidieron como habitualmente en el centro del campo, hasta el punto de que por momentos parecía que la grada seguía llena. “Para esto no venimos. Es un desastre”, declaraban varios aficionados a los micrófonos de este medio mientras abandonaban el estadio, reflejando el sentir de una noche que comenzó con luces, ilusión y banderas… y terminó entre pitos, enfado y una profunda decepción en la grada de Riazor.








