El Deportivo sufre fuera de la cueva
La Real B volvió a exponer sus problemas en la presión avanzada: es el séptimo equipos que menos recupera alto

Ya con dos tercios de la temporada consumidos, los datos otorgan al Deportivo una etiqueta de solvencia sin balón. A pesar de que el conjunto coruñés únicamente ha dejado su portería a cero en ocho de los 28 encuentros de liga disputados hasta la fecha, solo cinco equipos de la categoría manejan a estas alturas un registro de goles en contra mejor que el blanquiazul. Y es que las 31 dianas recibidas y el hecho de que únicamente en tres partidos encajase más de dos tantos (Málaga fuera, Real Sociedad B y Castellón) permiten al bloque dirigido por Antonio Hidalgo agarrarse a los partidos. Estar siempre en disposición de puntuar.
No es menor esta circunstancia, pues le lleva a estar empatado con el segundo de los equipos que ascendería de manera directa, le mantiene a tiro de cuatro unidades del liderato y le otorga un colchón de cinco de ventaja en el playoff. No se puede negar que el equipo esté en el camino correcto.
Sin embargo, frente al frío número se contraponen las sensaciones. Esa percepción con un componente subjetivo fundamental se acerca a la unanimidad de todos aquellos que escudriñan al Deportivo cuando se trata de analizar sus prestaciones defensivas. La conclusión es evidente: el equipo coruñés no está cómodo defendiendo. Así lo ven los observadores externos y así lo dejan entrever tanto los futbolistas como el entrenador, que no en pocas ocasiones ha apuntado la necesidad de que sus pupilos aprendan a “sufrir”.
Quizá por esta cuestión, el Dépor ha ido refugiándose cada vez más en su bloque bajo. En defender por densidad como mejor fórmula para protegerse. Por el momento, el método arroja una curiosa dicotomía: el Deportivo es el tercer equipo que más remates recibe (13,4 por partido, siempre según Opta), pero también el quinto conjunto al que menos goles esperados le generan (1,17 por encuentro).
Precisamente quizá esta dualidad sea la que explica el contraste entre números y percepciones. Pero en ella, el cuadro blanquiazul está encontrando el equilibrio. Al menos, para ir sacando adelante casi día sí y día también los compromisos contra rivales a los que se les presupone en escalones inferiores en cuanto a talento en plantilla y objetivos finales. Porque permite que sus contrarios le rematen, pero en situaciones de no demasiada ventaja.
Es el riesgo controlado de un Dépor que, sin embargo, está mostrando cada vez más costuras cuando coloca sus líneas más arriba, para tratar de recuperar cerca de la portería rival. El conjunto coruñés sigue siendo el más productivo de la categoría al contragolpe, un arma para el que necesita robar y que es más efectiva cuanto más próximo al arco contrario se produzca esa recuperación. Sin embargo, este bloque alto está incomodando más al propio colectivo deportivista que al enemigo.
El último ejemplo se dio en Zubieta, en un encuentro en el que la Real Sociedad B trituró no en pocas ocasiones la presión alta del Deportivo. El equipo coruñés no incomodó al filial cuando se situó en un bloque medio que no le otorgaba la estructura para protegerse. De hecho, así llegó el primer tanto del conjunto txuri-urdin.
Pero cuando de verdad sufrió fue tras ese 1-1. Ya sin ventaja en el marcador, el combinado deportivista elevó sus filas. Pero lo único que consiguió fue que la Real transformase ataques posicionales en situaciones más cercanas en su forma al contragolpe por los espacios disponibles para poder correr.
Únicamente con el 2-1 ilustrado en el electrónico modificó el guion el equipo blanquiazul. Aunque lo hizo a costa de apostar por una defensa hombre a hombre que exige demasiada concentración, físico y capacidad para ganar duelos como para ser un plan sostenido durante más tiempo durante los partidos sin caer en el desorden.
Distancias... y perfiles
En realidad, el encuentro en San Sebastián solo fue un elemento más para añadir a la muestra y reforzar esa percepción de que en cuanto el Deportivo se estira, sufre. O más bien sufre porque se estira al ir en bloque alto.
Porque precisamente las distancias están siendo uno de los problemas colectivos que facilitan el juego ofensivo del rival. El Dépor es un equipo que quiere ser ancho y largo con el balón. Pero cuando pierde la pelota no logra corregir esos metros entre sus piezas.
A esta circunstancia se le unen los perfiles de los futbolistas que posee el equipo. El colectivo no ayuda al individuo, también porque el individuo no termina de sumar al colectivo. Un alto porcentaje de futbolistas del Deportivo no destaca por su mentalidad defensiva. No son pocos los jugadores con déficits a la hora de activarse sin balón, de interpretar la presión, de meter la pierna y ganar el duelo o incluso de abarcar metros.
“No somos un equipo que en el robo seamos especialmente agresivos y robemos mucho. Es verdad que en los últimos partidos hemos ido algo más alto y hemos tenido seguramente alguna situación de transición que nos han penalizado más. Es cierto que hay veces que cuando el rival tiene el balón mucho tiempo nos estresamos de más. Entonces, el equipo quiere ir hacia delante y apretar y nos desajustamos un poco más. Tenemos que buscar esas medidas, cuándo son los momentos oportunos. En ese equilibrio hay que incidir y lo hemos hecho antes del partido. Debemos aceptar que el rival tiene que tener el balón, que a veces tienes que estar en un bloque algo más bajo”, explicaba Hidalgo en diciembre, después de eliminar al Mallorca en Copa del Rey en una declaración que ilustra mejor que ninguna otra la manera en la que trata de parchear los déficits innatos de su equipo.
De este modo, la escuadra deportivista no termina de estar cómoda presionando alto, una sensación que se refleja en los datos. Porque el combinado coruñés es el decimosexto de la categoría en cuanto a posesiones ganadas en último tercio, ya que solo promedia 3,3 por encuentro. A esta circunstancia se le unen otras cuestiones como que es el decimoctavo en cuanto a porcentaje de éxito en entradas que resultan en la recuperación de balón (57,33%) o el decimonoveno en cuanto a disputas.
Hacia la pasividad
Así, el conjunto deportivista acaba tendiendo hacia la pasividad. Si va arriba, en ocasiones le superan sin demasiada oposición. Por lo que opta por esperar algo más abajo y ser pasivo. En buscar no exponerse y perder el sitio a costa de conceder metros.
El equipo dirigido por Hidalgo es el que menos duelos, entradas e interceptaciones promedia por minuto de posesión del contrario (5) en toda la Hypermotion, según Wyscout. Además, únicamente el Mirandés (13,5), el Huesca (12,7), el Sporting (12,1) y la Cultural (12,1) manejan un promedio de pases permitidos al rival por acción defensiva propia más alto que el del Deportivo (11,62). La estadística (PPDA) ilustra la actitud en cuanto a la recuperación de los equipos en los 60 metros más próximos a su área. Ahí, en esa cueva busca perpetrarse el Dépor. Expandirse lo menos posible para no exponerse y evitar correr para atrás. Sufrir, pero más junto y ordenado a costa de hacerlo más cerca de su portero. De momento, va valiendo.













