Un Deportivo aferrado al qué mientras trata de averiguar el cómo
El equipo blanquiazul sigue buscando su identidad, al tiempo que la clasificación muestra solo un rival mejor

Continúa el Deportivo primando el fin por encima de los medios. En esta versión maquiavélica elevada hasta el extremo, el conjunto blanquiazul se debate entre lo que muestra el césped y lo que enseña la clasificación, donde apenas pueden ponérsele peros. Mientras tanto, el descontento se mantiene latente entre una afición que tiene sensaciones encontradas. Todos son conscientes de que el conjunto coruñés no deja la mejor imagen. Ahí apenas hay discusión. Los argumentos contrapuestos llegan a la hora de expresar cómo se sienten al respecto, con una parte de la hinchada que reclama más y otro grupo, también importante, que adopta el dogma asumido desde Abegondo: cómo es el fútbol en realidad y no cómo debería ser. O, lo que es lo mismo, lo adopta siempre y cuando gane.
Es el conjunto coruñés una contradicción andante en esta temporada 2025-26. Antonio Hidalgo y los suyos desafían cualquier lógica del balompié, empezando por esa falsa dicotomía que pone sobre la mesa la alternativa entre jugar bien (que no bonito) o ganar. Como si hacer lo segundo de forma sostenida sin conseguir lo primero fuese posible. Pero después de 28 jornadas y rara vez juntando más de dos semanas consecutivas convenciendo, la realidad de la siempre compleja ‘Hypertensiones’ deja un único equipo que hasta el momento ha vencido más que el Dépor. 14 victorias, una cada dos partidos.
Quedan otras 14 batallas para poner fin a la temporada regular y salvo el Racing de Santander, por puntos, y el Castellón, por goles, no hay nadie mejor colocado para pelear el ascenso directo que el Deportivo. “Si nosotros estamos mal, ¿cómo estarán los que vienen atrás?”, expresaba hace unos meses José Ángel, uno de los capitanes, cuando se cuestionaba, ya entonces y con el equipo en el mismo pelotón de cabeza que ahora, la puesta en escena del equipo. Quizá tenga razón el andaluz y, llegados a este punto, lo que le quede al conjunto deportivista sea sobrevivir a base de apretar los dientes y, sobre todo, saber aislarse de un ambiente que no para de enrarecerse.
Tenso Hidalgo
El primero en aferrarse al fondo mientras se devana los sesos tratando de averiguar las formas es Hidalgo. Quizá no lo muestre de forma pública con palabras, pero desde luego sí lo hace con sus decisiones en la dirección de campo y, desde luego, con su lenguaje gestual en las salas de prensa. Ante la Real B volvió a darle un vuelco completo al equipo en la segunda parte, tratando de conseguir que sus futbolistas hicieran lo que les había pedido. Desde fuera, al menos, no estaba claro. Porque el Dépor empezó en Zubieta intentando salir con la pelota jugada para terminar arrojando la toalla a los pocos minutos de empezar la segunda parte, donde Ferllo enlazó varios saques de portería en largo para que los pelearan Luismi Cruz, Mella o Eddahchouri. Si ese era el plan, no parece el mejor plan.
Porque hasta el momento, el técnico catalán no ha conseguido que sobre el terreno de juego se vea un Dépor reconocible. Menos todavía que alguien se atreva a pronosticar qué Dépor se va a encontrar la próxima semana. Le cuesta tener el balón y juntar pases, pero tampoco es un buen equipo disputando segundas jugadas para permitirse jugar en largo. Sufre protegiendo el área por la ausencia de defensores dominantes, pero se pasa corriendo hacia atrás a la desesperada en los tramos de partido que decide dar un paso adelante para presionar la salida de balón del rival. En muchos encuentros, especialmente frente a los rivales directos, el problema fue la falta de contundencia en las áreas. En otros tantos como en Zubieta, algo todavía más preocupante, lo más grave es lo que pasó entre ellas.
Quizá sea por eso que las últimas comparecencias de Hidalgo ante la prensa desprendan un aroma de entrenador tocado. Cualquiera que se siente a escuchar sus declaraciones previas y, sobre todo, los algo más de cuatro minutos de pospartido en Zubieta, tendría complicado creer que está ante el técnico de uno de los equipos punteros de Segunda. Como si él mismo no se creyese tener que estar justificando las victorias y, al mismo tiempo, ser consciente de que las victorias no son suficiente cuando ese es el único argumento que puedes utilizar en tu defensa. No se trata de un argumento menor. Quizá muchos piensen que caminando sobre el alambre como lo hace el Dépor en cada jornada, sea poco consistente. El primero, el entrenador.
Responsabilidades
Por supuesto, sería altamente injusto poner el foco exclusivamente en el banquillo cuando el Dépor ha conseguido juntar a uno de los elencos de más nivel en la categoría de plata. En la plantilla blanquiazul se presupone que hay varios futbolistas de esos que son capaces de sobreponerse a cualquier disfuncionalidad que lastre el colectivo. De dar un paso al frente para solucionar con su talento las carencias de estructura. Pocos levantan la mano y, salvo excepciones, lo hacen a cuentagotas.
Sin Yeremay, Zubieta ofrecía una gran oportunidad para ello y al final los únicos que aparecieron fueron Bil Nsongo, un chaval del Fabril que cada vez que juega con el primer equipo levanta una nueva pregunta sobre Hidalgo, “¿por qué no juega más?”, y Mario Soriano. El de siempre. El centrocampista madrileño es el único jugador de la plantilla que día sí y día también, además de forma literal porque lo ha jugado todo, demuestra que está muy por encima de sus compañeros. Probablemente también de la categoría.
El fútbol ha enseñado en muchas ocasiones a lo largo de su historia que hacer cualquier tipo de predicción es inútil. Por eso quizá con estos ingredientes le dé al Dépor para seguir el ritmo que marcan sus hasta ahora también imperfectos rivales. Sea como fuere, y mientras tiene la posibilidad de seguir aferrándose al qué, seguro que sus posibilidades de éxito aumentan de forma exponencial si consigue averiguar el cómo.











