LA LUPA | Real B 2-3 Deportivo: El caos para remontar la anarquía
A pesar de ponerse por delante, el Dépor no tuvo el control del juego y solo una expulsión le permitió encontrar el empuje y la paciencia
Fue un equipo anárquico. Incapaz de controlar el partido pese a verse ganando prácticamente desde que salió de la caseta. Sin herramientas para tener el balón y no caer en la constante precipitación, pero también desajustado en fase defensiva. El Deportivo veía cómo una Real Sociedad B hábil en el ámbito ofensivo le lograba dar la vuelta al 0-1. Del regalo inicial realista a las concesiones del bloque herculino.
Todo apuntaba a una derrota llena de inconsistencia. De falta de personalidad. De incapacidad para controlar, pero también para defenderse. Pero entonces, se desató el caos. Con el equipo entregado ya al corazón, la expulsión de Mikel Rodríguez abrió un hilo de esperanza hacia la épica.
Se abonó al empuje el Dépor, que insistió a base del centro lateral para encontrar el empate. La fórmula no le había servido durante todo el encuentro, pero sí funcionó para encontrar la habilidad en el área de Bil Nsongo en una segunda jugada. También para hundir al rival, al que la paciencia del Deportivo para mover la pelota permitió explotarle la inferioridad numérica, herirlo de muerte en la última jugada y culminar la remontada. El Real B 2-3 Deportivo vale más que tres puntos.
Criterio y estructura
Antonio Hidalgo le dio una vuelta de tuerca al equipo que ganó al Eibar. Sin Yeremay, el técnico apostó por introducir a David Mella en la izquierda y darle el carril diestro a Luismi Cruz. El cambio era esperado, pero vino acompañado de otra modificación más notable: la entrada de Stoichkov por un centrocampista. No apostó el cuerpo técnico en el once por Diego Villares, pero tampoco por otro de los múltiples mediocentros que tiene a su disposición.

De esta manera, el Deportivo se estructuró a partir de un doble pivote conformado por Riki Rodríguez y Mario Soriano. El plan era que uno de ellos iniciase el juego a la altura de los centrales, mientras el otro se ubicaba en la siguiente altura para ejercer de receptor a espaldas de la primera línea de presión y darle progresión al equipo. Bien a través de buscar el pase interior a uno de los dos mediapuntas (Luismi y Stoichkov) que se ubicaban en el cuadrado entre mediocentro, extremo, lateral y central contrario, bien por fuera.
De esta manera, el Deportivo logró tener continuidad sacando el balón desde atrás gracias al criterio de sus dos pivotes y a la estructura de 3+1, con la que provocaba en no pocas ocasiones el ‘salto’ de los extremos Astiazaran u Ochieng al central de su lado y la consiguiente liberación de Quagliata o Altimira para poder avanzar e instalarse en campo contrario. La Real iba en bloque alto y era agresiva, pero no lo hacía en igualdad numérica y el conjunto coruñés encontraba la manera de conectar con el futbolista libre.
Precipitación
No terminó de encontrar el Deportivo los espacios interiores en los que se ubicaban Cruz y Stoichkov, pero sí fue capaz de progresar con relativa continuidad por fuera en el primer tiempo. Y fue en esas situaciones en las que al equipo le faltó calma. Pausa.
"En salida de balón era difícil porque estábamos igualados, pero una vez que estábamos en bloque medio, el equipo ha estado bien. Salimos bien de esa presión, pero una vez que llegamos a campo rival nos falta tener esa tranquilidad, porque cuanto más rápido atacas, más rápido vas a perder la pelota", explicaba Mario Soriano de manera quirúrgica al término del choque.

Así fue, pues el Dépor ejecutó ya solo en la primera parte siete centros laterales, un volumen demasiado alto en comparación con sus guarismos habituales que da a entender que se trataba de una pauta preestablecida para atacar el espacio entre portero y centrales mientras estos todavía no estaban posicionados y debían correr hacia atrás.
Tuvo fortuna para lograr el 0-1 en su primer balón al área, pero lo que sucedió después demostró que ese camino no era productivo. Porque durante todo el primer tiempo solo remató una de esas acciones. Porque quizá los centrales de la Real no son dominantes en ese tipo de balones, pero tampoco disponía el Dépor de un perfil de punta rematador en el campo.

De esta manera, sin ataques largos, el equipo acababa perdiendo la pelota sin la posibilidad de estar junto para intentar recuperarla. Y, por lo tanto, empezó a tener que pasarse más tiempo defendiendo que con el balón.
Vías de agua
La inercia de juego y el marcador empezaron a provocar que la Real B tuviese cada vez más posesión. Y el filial sabe qué hacer con el balón.
Así, el bloque dirigido por Ansotegi transformaba su 4-3-3 en una estructura de tres en la base —con el interior Aguirre lateralizándose en la línea de centrales— desde la que generaba una primera superioridad para encontrar la siguiente línea, en la que junto al pivote Carbonell y al otro interior Mikel Rodríguez se ubicaba el extremo Ochieng, con el lateral zurdo Balda abriendo en amplitud.

El Dépor partía del 4-4-2, pero no terminaba de ajustarse. Por un lado, porque cuando no era demasiado agresivo, el filial tenía tiempo y espacio para encontrar el pase por dentro, donde el equipo realista intentaba distraer y separar al doble pivote deportivista. Si uno de los dos medios priorizaba su zona y guardaba la posición, un contrario recibía fácil y podía progresar. Mientras, si Riki y Mario se iban con sus pares, se generaba una vía por dentro que el bloque de San Sebastián cristalizó en la acción del 1-1, en la que el conjunto visitante fue pasivo en el momento en el que debía robar, pero también una vez le superaron y debió correr hacia atrás.

Entonces, con el empate, el Deportivo trató de elevar su agresividad en la presión. Pero lo que consiguió fue empezar a desordenarse. Ir arriba, pero tarde y con distancias que provocaban que el rival le encontrase la espalda con constantes acciones de tercer hombre. Y, así, acabase construyendo en ataques posicionales acciones más semejantes a contragolpes gracias a los espacios que generaba.

Medios para controlar
Entonces, el equipo empezó a perder el control absoluto del juego. Sufría sin pelota y esa situación de estrés le empezó a pasar factura en ataque gracias, en parte, a que Ansotegi empezó a pedir a sus extremos que no ‘saltasen’ a centrales.
Todo ello desembocó en que el conjunto herculino comenzase a jugar directo en sus reinicios. Renunció a construir para minimizar pérdidas y se dedicó a enviar balones en largos que, como casi siempre, acabaron convirtiéndose en bumeranes.
La historia apuntaba a acabar mal e Hidalgo intervino. Después de colocar a Luismi definitivamente por dentro y ubicar a Mella en la derecha sin éxito, dotó de centrocampistas al equipo, que pasó de tener a dos a contar con cuatro con la entrada de Jurado y Patiño.

El objetivo era bajarle revoluciones al choque. Controlar a partir de un cuadrado en el carril central más efectivo que el anterior. Sin embargo, precisamente en una salida de balón, la subfase en la que esperaba ganar seguridad, el Deportivo cometió un error fatal. La Real emparejó piezas en el lado fuerte, acosó a Loureiro y le negó la salida hacia delante a un Patiño que se partía lateralizado. Llegó la emboscada y la imprudencia de Loureiro más el grave despiste de Noubi acabaron en el 2-1 de Ochieng.
Acoso y derribo
Entonces, con todo ya perdido, Hidalgo apostó por redoblar la punta con Mulattieri y convertir la línea defensiva en una zaga más cerebral con Comas. El equipo empezó a presionar a pares y así cambió ligeramente la dinámica.

Pero no fue hasta la expulsión de Rodríguez y la entrada de Bil cuando la insistencia en el centro lateral hundió al contrario y la paciencia en la circulación le permitió dotar de caos al partido para remontar su propia anarquía. Porque antes de encontrar el criterio fue el balón al área, sin ni siquiera fabricarse una buena posición, el que le permitió empatar.

Entonces, con Patiño dirigiendo y Loureiro ejerciendo de conductor para generar aclarados a Quagliata, el Deportivo encontró la profundidad en el carril izquierdo. Mientras, en el derecho, la suma de Altimira, Mella y Mario era ganadora. Porque provocaba que una Real estrecha en 5-3-1 basculase hacia ese sector y así poder girar rápido el juego al lado opuesto libre o, directamente, generaba superioridades como en el 2-3.








