Mi vida en Blanquiazul | Javier Coello: “Cuando llega el fin de semana el Dépor es una desconexión total”
Incondicional blanquiazul desde su más tierna infancia, este seguidor no falla a su cita con el equipo en Riazor ni a domicilio

Soy aficionado del Deportivo desde muy niño, concretamente desde los cuatro años comencé a interesarme por el equipo. Mis familiares fueron los grandes culpables de mi pasión por el equipo.
Recuerdo que me llevaron cuando era muy pequeño a Chaves a ver un partido amistoso de pretemporada. Jugaban hombres como Bebeto, Manjarín, Fran, Mauro, Aldana...
En la temporada 2011-12, tras el descenso con Lotina, decidí hacerme socio del club, por lo que ya llevo unos cuantos seguidos, siempre al lado del equipo.
Para mí el Deportivo representa una forma de vida, sin duda alguna. Llega el fin de semana y te olvidas de toda la tensión del trabajo, estás con los amigos y supone todo un día de fiesta. De desconexión total en el que solo piensas en el equipo y en poder estar cerca de él en el estadio.
Si tuviese que elegir los momentos en los que fui más feliz con el equipo me quedaría con varios, es muy complicado hacerlo con uno solo. Obviamente, la conquista del título de Liga y la Copa del Centenario nunca se me olvidarán por lo importantes que fueron a nivel histórico pero también, más recientemente, vibré al máximo con el retorno al fútbol profesional en la temporada 2023-24, con el gol logrado por Lucas Pérez ante el Barça B. Tampoco se me borrarán nunca del subconsciente noches mágicas con resultados espectaculares como el 4-0 que le endosamos al Milan en la Liga de Campeones o el 0-5 en Liga en Balaídos contra el Celta.
En el capítulo de recuerdos más tristes reconozco que me llevé grandes varapalos con los intentos fallidos de ascensos que nos ha tocado vivir recientemente, así como con el descenso que nos prepararon ahí ante el Fuenlabrada, en una jornada en la que ni siquiera pudimos competir en igualdad de condiciones con otros clubes que aspiraban a lo mismo que nosotros, a la permanencia.
Desde muy pequeño hubo futbolistas que me impactaron por toda la magia que eran capaces de transmitir a la grada; cuando tenía menos edad mi ídolo era Bebeto porque era un futbolista diferente, nos hacía sentir muy alegres a los aficionados, tenía un gran carisma que se contagiaba hacia la grada, trascendía al terreno de juego en sí mismo. Después, con el paso de los años, también me enamoraron hombres como Djalminha por goles inolvidables como el que le marcó al Celta en Riazor después de un gran control.

De los actuales Yeremay es obvio que tiene una calidad determinante pero también me gusta mucho el fútbol que tiene David Mella, por ejemplo.
Me gusta mucho desplazarme con el equipo siempre que puedo pero últimamente por temas laborales apenas puedo disponer del tiempo suficiente; esta temporada todavía no he hecho ningún viaje pero seguro que en la segunda vuelta encontramos un fin de semana al menos para poder acompañar al equipo. Aún no he pensado en cuál, tengo que analizar el calendario y decidir. Este curso tengo sensaciones contradictorias respecto al Deportivo y sus opciones de ascenso; por un lado quiero creer que todavía es posible regresar a Primera pero por otro reconozco que el juego que estamos desplegando complica bastante este objetivo.

Creo que tal vez nos falta proponer algo más; de tres cuartos para arriba tenemos quizá el mejor plantel de la categoría pero hay poco aprovechamiento de nuestros recursos, ha habido una serie de decisiones tácticas poco comprensibles desde afuera.
En caso de ascenso aún no he pensado si haría alguna locura, habría que darle una vuelta y estudiarlo. Teñirme el pelo del color de David Mella está complicado pero algo tendría que meditar seriamente.











