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Dépor

Altimira y Quagliata, el inicio y el final del Deportivo

Ambos laterales resultan claves para entender el juego ofensivo del equipo: el diestro construye y el zurdo, culmina

Altimira, conduciendo el balón en su debut
Altimira, conduciendo el balón en su debut
Patricia G. Fraga
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Siempre ha sido una posición denostada. Escorado en un rincón del campo, el puesto de lateral era el lugar señalado para el futbolista menos talentoso del equipo. Sin la responsabilidad de defender el carril central, sin la necesidad de tener que disponer de grandes condiciones técnicas para atacar y sin la obligación de intervenir demasiado. Cerrar la banda y poco más. Pero el fútbol ha evolucionado. Los equipos se trabajan al detalle y la obligación de generar ventajas en ataque ya no puede recaer de manera exclusiva en los jugadores del frente ofensivo.

Primero aumentó la importancia de los laterales como llegadores por fuera. Para desdoblar a los extremos o, directamente, para ocupar el espacio que estos futbolistas cada vez menos específicos de banda dejaban y, así, ejercer como finalizadores del juego ofensivo. Luego, comenzaron a entenderse como futbolistas capaces de jugar en pasillos interiores. Para trabajar como gestores, generando soluciones con balón y protegiendo al equipo sin él en transiciones defensivas. Y la última tendencia pasa por otorgarles un protagonismo capital en la salida de balón. En la génesis del juego.

No es ajeno a esta tendencia el Dépor, que con la llegada de Adrià Altimira en este mercado de invierno, ha radicalizado las funciones de sus laterales y les ha dado un protagonismo total. Alti para el inicio y Giacomo Quagliata para el final.

De hecho, el conjunto herculino ya contaba a principio de la actual temporada con laterales muy específicos para uno, otro o varios de estos roles. El ejemplo más paradigmático está en la izquierda, donde ya estaba Sergio Escudero y al que se unió Quagliata.

Contrapuestos

A estas alturas de su carrera, el vallisoletano llegó a Riazor como un lateral más encargado de gestionar los primeros pases que de llegar a línea de fondo, por mucho que su pie izquierdo le permita generar peligro dentro del área prácticamente desde casi cualquier altura del centro del campo.

Ese perfil quizá no encajaba con las necesidades de un Yeremay Hernández cada vez más tendiente a aparecer en posiciones interiores. Por eso llegó Giacomo, un futbolista radicalmente diferente a ‘Escu’, a pesar de competir por la misma plaza en el once del equipo.

El siciliano acabó ganándose el puesto. Y la lesión del exfutbolista de Valladolid, Sevilla o Schalke 04 terminó de hacer indiscutible al transalpino, que ha ido matizando sus funciones con el paso de los partidos.

Porque Hidalgo ha encontrado en Quagliata un jugador muy capaz de interpretar lo que necesita Yeremay. Y, además, sacrificado para ejecutar movimientos complementarios a los del canario a cambio de dotarle de más tiempo y espacio. De más libertad.

Ya alejado definitivamente de la base de la jugada para evitar intervenir en la iniciación de juego, un momento de la fase ofensiva en la que no termina de estar cómodo, Quagliata es ahora uno de los futbolistas blanquiazules más importantes a la hora de acelerar de manera definitiva la jugada en el tercio final.

Y es que el internacional sub-21 con Italia promedia 3,53 centros por partido, según datos de Wyscout. La cifra le sitúa en el top-30 de la categoría y entre los 10 con más volumen, filtrando únicamente a la banda izquierda. 

Asimismo, es la más alta de cualquier jugador deportivista, pues además el conjunto coruñés no es un equipo que se prodigue mucho en este tipo de acciones para tratar de finalizar. De hecho, el Deportivo únicamente ejecuta 11 envíos de esta naturaleza por partido, una media solo superior a las de Racing (8,81), Las Palmas (10,33) y Real B (10,88).

El palermitano suma un gol, el logrado en Córdoba, pero todavía no ha logrado dar ninguna asistencia esta temporada, a pesar de que promedia 0,72 pases claves —pases que acaban en remate de un compañero— este curso.

Alti clarifica

Tampoco ha encontrado todavía cifras en la finalización Adrià Altimira. Es lógico, pues el catalán llegó a principios de enero. Pese a su incorporación en pleno ecuador de la temporada, el exfutbolista del Villarreal se hizo con el puesto en el lateral derecho desde el momento inicial.

Ahí tenía una necesidad el Deportivo desde la lesión de Ximo Navarro y con Alti la ha cubierto. No tanto para ser solución del mediocampo hacia delante, como Quagliata, sino para aportar ventajas desde atrás.

Y es que más allá de su notabilísimo nivel defensivo, el lateral diestro está siendo clave en los inicios de juego. Bien actuando como ‘tercer central’, bien recibiendo un poco por delante. Altimira promedia ya 7,31 duelos ofensivos por partido. De hecho, de entre todos los defensas del campeonato, solo Iván Alejo y Guille Bueno —ahora lesionado—, laterales del Valladolid, manejan un registro superior al del último fichaje del Deportivo. 

Todo ello se debe al protagonismo y los riesgos que asume con balón el canterano culé, que el pasado curso estaba enfocado en el Leganés a aportar amplitud y profundidad por el carril diestro. Pero en el Dépor ha arrancado como encargado de iniciar y aclarar los ataques gracias a un atrevimiento que mezcla para interpretar cómo, cuándo y dónde amagar, conducir y pasar. Por eso no sorprenden sus 3,28 regates por encuentro, entendiendo como tal intentos de superar al rival a partir de una acción invidual. El Deportivo tiene un lateral como principio y otro como final.

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