La cubierta de los nueve millones de euros de Riazor que estuvo indemne apenas siete años
Xulio Ferreiro había garantizado en 2019 la durabilidad del techo del estadio y la "solución a un problema estructural"

Durante décadas, la imagen aérea de Riazor fue inconfundible pero caótica: una mezcla de parches, lonas desgastadas y una estructura que luchaba contra la salinidad del Atlántico. Sin embargo, entre el verano de 2018 y la primavera de 2019, el estadio del Deportivo de La Coruña experimentó su cambio físico más radical desde la remodelación del Mundial de 1982. Los trabajos supusieron la sustitución de toda la cubierta en el estadio y mejorar la estructura de las gradas de Tribuna y Preferencia.
La reforma no fue un capricho estético, sino una urgencia vital. Incluso la cubierta instalada en la grada de Pabellón a finales de los noventa sufría una corrosión severa. La situación se volvió crítica en febrero de 2017, cuando un fuerte temporal arrancó placas justo en esa zona (la que se ha vuelto a dañar en 2026) y obligó a suspender un partido contra el Betis, el primero que se tuvo que cancelar en la historia del estadio. Las imágenes de trozos de cubierta volando sobre la calle Manuel Murguía fueron el ultimátum: Riazor ya no era seguro. Hoy esas imágenes han vuelto.
El proyecto de reforma de la cubierta supuso la obra con mayor inversión en los cuatro años de gobierno de la Marea Atlántica, casi nueve millones de euros que se presentaron como un gasto destinado a garantizar durabilidad y estética. Las obras obligaron a reubicar a miles de socios porque hubo gradas que no se pudieron emplear en varios partidos.
“Es una obra más que relevante para la ciudad, porque significa darle una nueva imagen a lo que ya es un edificio icónico, en el que va a ser el estadio del siglo XXI”, explicó el alcalde Ferreiro en la presentación de los trabajos. “Vamos a solucionar el problema estructural de las cubiertas, y al mismo tiempo, mejorar una equipación urbana con gran valor funcional que se sitúa en el centro de A Coruña, lo que consideramos que es, frente a otros modelos, un valor que servirá para proyectar la imagen de la ciudad en el exterior”, glosó Ferreiro.
La Diputación contribuyó finalmente también con una aportación económica, pero su presidente Valentín González Formoso, decidió no asistir al descubrimiento de la placa que recuerda la inversión en la entrada de autoridades del estadio de Riazor.









