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Dépor

El Dépor o cómo defender la proactividad del Racing desde la pasividad

El Deportivo, uno de los equipos que más esperan al rival, recibe al bloque que produce más que nadie

Lucas Noubi, protegiendo el balón ante Sorloth, con Barcia detrás
Lucas Noubi, protegiendo el balón ante Sorloth, con Barcia detrás
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“Defendiendo estábamos juntos. Todos estábamos con ese compromiso que se vio en Copa. Si jugamos así, pocos equipos nos pueden ganar. Podemos ir arriba, a pares, como vamos alguna vez. Pero no siempre porque no somos un equipo robador, un equipo con esa intensidad, aunque sabemos nuestras virtudes”. Podrían ser palabras de Antonio Hidalgo, pero son declaraciones de Mario Soriano tras el triunfo del Deportivo en Almería el pasado sábado. El pequeño centrocampista es tan clarividente hablando del juego como expresándose en el verde con la pelota. Y tras superar al hasta entonces tercer clasificado, explicó de qué manera se sienten cómodos en el césped tanto él como el equipo en su conjunto.

Por mucho que el protagonismo en el juego suela estar vinculado a la presión alta y el Deportivo pretenda tener -como casi todos los colectivos- ese papel principal en sus partidos, la escuadra blanquiazul no termina de ser un bloque capaz de incomodar la salida de balón del rival. Sin delanteros con un perfil defensivo que vaya más allá del suficiente -si es que lo alcanzan- y con pocos centrocampistas físicos para abarcar campo, el combinado herculino vive en un pequeño limbo que le recomienda buscar alternativas.

Siempre con matices, Hidalgo ha tratado de apostar más que por un press alto agresivo, por orientar el camino del contrario hacia un lugar en el que pueda arrinconarle con sus primeras líneas o buscar la anticipación de sus defensas. Y si no tiene éxito en esta primera pauta, acabar defendiendo por acumulación más hundido.

Ahí, pertrechado cerca de área propia, tampoco dispone de defensas fiables y dominantes en los balones aéreos. Pero su densidad le permite trabajar con ayudas para evitar otorgar demasiadas ventajas a los rivales. O, al menos, ofrecérselas donde menos daño le pueden causar.

Así, puede que el Dépor no disfrute defendiendo tan abajo, pero el fútbol le impone una certeza mayor: está incómodo prácticamente en cualquier situación que no tenga que ver con disponer de la pelota. Por lo tanto, quizá sería recomendable que apostase por cuidarla con más mimo. No solo para pasar menos tiempo sin balón, sino para perderlo lo más arriba posible.

Sin embargo, más allá de su necesidad de seguir sumando herramientas para gestionar el esférico, resulta evidente que ningún equipo puede aspirar a monopolizar un partido con sus ataques y que gran parte del éxito pasa por tener un plan defensivo de garantías. En ese proceso de construcción y evolución anda inmiscuido el cuerpo técnico del Dépor, que intenta convencer a los suyos de la necesidad de “sufrir”, una palabra subrayada en rojo en el diccionario de Antonio Hidalgo desde el primer minuto del catalán como técnico blanquiazul.

“Evidentemente ese equilibrio sin balón lo tienes que tener. No somos un equipo que en el robo seamos especialmente agresivos y robemos mucho. Es cierto que hay veces que cuando el rival tiene el balón mucho tiempo nos estresamos de más. Entonces, el equipo quiere ir hacia delante y apretar y nos desajustamos un poco más. Tenemos que buscar esas medidas, cuándo son los momentos oportunos. Debemos aceptar que el rival tiene que tener el balón, que a veces tienes que estar en un bloque algo más bajo”, explicaba el técnico tras el duelo contra el Mallorca de Copa, en una de sus exposiciones más enfocadas a desarrollar los porqués del juego del equipo y que, como no puede ser casualidad, entronca con las últimas palabras de Mario Soriano anteriormente citadas.

Pasividad

De esta manera, el Deportivo 2025-26 es un equipo que acaba tendiendo hacia la pasividad defensiva como método de protección. No puede resultar incómodo siendo agresivo y eso derivando en un colectivo poco presionante. Lo reflejan las sensaciones y lo reafirman los datos. 

El Dépor se sitúa el quinto por la cola en cuanto a posesiones ganadas en su tercio ofensivo, pero es que además es también decimoctavo en la métrica que refleja el número de pases permitidos al rival por acciones defensivas propias (PPDA). Solo Cultural, Sporting, Huesca y Mirandés conceden una mayor media de pases dentro de los 60 metros más próximos a su propia portería. 

Mientras, en cuanto al número duelos, entradas e interceptaciones por minuto de posesión del contrario (una métrica de intensidad de duelo desarrollada por Wyscout), únicamente el cuadro sportinguista presenta un dígito más bajo que el coruñés.

El equipo de Hidalgo permite maniobrar al rival a cambio de no defender expuesto y poder atacar con espacios una vez roba. Pero esa pasividad no ha terminado de darle réditos en los últimos partidos, ya que acumula seis encuentros consecutivos de liga encajando al menos un gol. 

El cuadro herculino había hecho de Riazor un fortín donde era complejo pescar. Pero en los tres últimos duelos como local en la competición de la regularidad, entre Castellón, Real B y Cádiz le han logrado marcar ocho goles. Algo mejor ha estado fuera de casa, donde no se ha expuesto tanto. Aunque eso no ha sido una circunstancia suficiente para dejar de recibir. El Deportivo suma seis porterías a cero, pero todas dentro de las 16 primeras jornadas. Y le urge dejar de encajar goles… justo cuando en el horizonte más próximo asoma el Racing de Santander.

El peor rival

El conjunto de José Alberto López visita A Coruña como el mejor en cuanto a producción ofensiva. El combinado santanderino no solo es el máximo goleador de la Liga Hypermotion, con 49 tantos en 22 partidos, sino que además dicha capacidad goleadora está correspondida con su habilidad para producir. 

El equipo racinguista es el cuarto en cuanto a remates, pero el primero en probabilidad de gol (xG), métrica que depende de la claridad de esas situaciones de disparo. El Racing marca mucho y marca siempre. Incluso cuando pierde. Y lo hace porque desarrolla un estilo de juego muy particular, pulido después varios años con el mismo técnico y ofensivo. 

Lo sufrió el propio Deportivo en el encuentro de ida en El Sardinero, donde una vez llegó el 0-1 y perdió la intención de seguir sacando el balón jugado desde atrás y, por lo tanto, obligar al Racing a correr hacia su portería, el cuadro verdiblanco comenzó a avasallarle hasta conseguir remontar el choque. 

Ahora, en Riazor, el equipo herculino tiene una nueva oportunidad para poner a prueba la fiabilidad defensiva que, probablemente, en algún momento del encuentro tendrá que poner en práctica. La proactividad del Racing examina la pasividad blanquiazul.

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