El "debut" más especial para Yeremay Hernández
Juega este sábado por primera vez como profesional en Las Palmas, ante su familia y amigos

Un corazón dividido, con ventrículos blanquiazules y aurículas amarillas que no compiten, sino que se complementan para latir al mismo compás. Yeremay Hernández Cubas vive este sábado (18.30 horas) uno de los partidos más especiales de su carrera como deportista de élite. Porque pese a que acaba de cumplir los 23, el canario debuta en su casa, ante su familia y amigos, en su primera visita a Las Palmas, donde nació en el 2002 en el seno de una humilde familia del barrio de El Polvorín.
‘Yere’ regresa a sus orígenes llevando en el pecho el escudo del equipo que representa su segundo hogar. En A Coruña terminó de moldearse como persona primero y como futbolista después para culminar un proceso que arrancó en Gran Canaria y que se interrumpió a los 12 años, cuando tomó la decisión de irse al Real Madrid. Dejarlo todo para cumplir su sueño de ser futbolista profesional.
Dos temporadas después, ‘Yere’ no había encontrado su sitio en Valdebebas. El Madrid lo dejó ir y en ese momento apareció el Deportivo, que apostó fuerte por él y acabó captando y moldeando a un talento salvaje que llegó sin haber cumplido los 15 a la residencia de la entidad herculina.
“Creo que se le juntan muchas circunstancias. El segundo año con el entrenador que tiene no llega a tener un buen feeling y él es un niño de feeling. Si no tiene buen feeling contigo, tú con él le cuesta muchísimo desarrollar su fútbol. Creo que el Madrid no supo medir bien los tiempos con él. Es una opinión personal. Es un chico de diciembre, que está solo allí... Por suerte para el Dépor, decidió salir e ir a Coruña”, explica Borja Pérez, su primer entrenador en la UD Las Palmas y persona que aún a día de hoy, mantiene el vínculo con el joven, al que conoció con ocho años.
Roberto Arocha, actual coordinador de Captación y Jugadores en la UD Las Palmas, vio a Yeremay jugar con la UD Almenara y pidió a Pérez, que iba a entrar como técnico en uno de los equipos de benjamines, que fuese a seguirlo en directo. “Me valieron 15 segundos. En ese tiempo es suficiente para ver lo que tienes que ver. Era muy evidente con Yeremay. Estuve dos minutos en el campo. Suficiente para comprobar que tenía ese desparpajo, ese encararte, el ir a buscarte. Un poco lo que era el futbolista canario de antes, que se criaba jugando en la calle", cuenta Borja.

Una oportunidad
Junto a un técnico que se convirtió en confidente y amigo estuvo tres temporadas. En la cuarta, ya llegó la oferta del Madrid. “A veces lo iba a buscar a casa para traerlo a entrenar por las circunstancias familiares, porque su madre trabajaba y no lo podía llevar. Entonces, es verdad que teníamos muchísima cercanía. Y yo esperaba que llegasen ofertas, claro. Hablé al club de que nos iba a ser muy difícil retener a Yeremay por el talento que tenía y porque, evidentemente, lo que te puede dar un Real Madrid o un Barça, nosotros no lo podíamos ofrecer”, recuerda Borja Pérez, que califica la propuesta del club de Chamartín como “una oportunidad a nivel económico, además viniendo él de una familia humilde”. “No la podía dejar escapar, aunque evidentemente el paso le costó muchísimo”, añade.
“Para él era muy duro salir de su entorno, salir de su familia porque es un niño muy casero, muy de su familia. Pero es verdad que tanto yo como personas que estaban a su alrededor se lo hicimos ver. Era una oportunidad que tiene de poder salir y, sobre todo, de abrir la mochila y llenarla de experiencia”, cuenta su exentrenador.
¿Tenía que coger el tren del Madrid con 12 años? Bueno, yo creo que con Yeremay el tren hubiese pasado muchísimas veces"
“Le dije que nadie le aseguraba que por irse al Real Madrid iba a ser futbolista. Pero tenía que probar. ¿Era un tren que debía coger? Bueno, yo creo que el tren hubiera pasado muchísimas veces. Con él, el tren tenía muchas paradas”, recalca Borja.
Quizá no fue la más acertada, pero ese paso intermedio por el Real Madrid le sirvió para coger perspectiva y desarrollarse más allá del balón: “Cogió el tren que él quiso coger en ese momento y creo que le vino bien incluso porque a nivel madurativo estar solo te hace crecer. Es verdad que, a lo mejor, si se va con más años en vez de estar teniendo la suerte de verlo jugar en el Dépor estaría jugando en el Bernabéu. Nunca lo sabremos. Pero al final el camino le ha dado la razón. Se fue donde se tenía que ir porque ha conseguido uno de sus objetivos: ser futbolista profesional”.
"No vuelvas"
Una vez debía elegir el siguiente destino, Las Palmas se volvió a cruzar en su camino. Sin embargo, no eligió retornar y siguió el camino que Borja y otros le recomendaron: “El consejo que le di yo fue que no volviera. Que si tenía ofertas de fuera, las aprovechara. Competitivamente hablando, en Gran Canaria tenemos el gran problema de la insularidad. No empezamos a competir ‘de verdad’ hasta que no llegas a Las Palmas C o Las Palmas Atlético. A esa edad no era importante lo económico, sino qué proyecto era el mejor para él. A la vista está que eligió bien. En el Dépor se le trató muy bien y él lo considera su segunda casa”.
En este sentido, Borja Pérez explica que ve a Yere “súper feliz” en A Coruña. “Su cambio ha sido abismal. Una muestra es verle llevar a veces el brazalete de capitán siendo tan joven. Ha adquirido madurez futbolística y personal. Uno de sus grandes objetivos es devolver al club a donde debe estar, que es la Primera División”, recalca.
Aunque para que esto suceda, no debe asumir un exceso de responsabilidad: “Sí que es verdad que, sobre todo al principio de temporada, le costó bastante. Tanto rumor de verano... Todos los días es un equipo diferente, todos los días es un lugar distinto. Al final él tenía claro que su lugar era A Coruña y eso le ayudaba a tener paz. Estaba donde quería estar y eso es importante para un chico de tan corta edad. Creo que esa responsabilidad de ser él el que tenga que subir el equipo no es buena para él, ni para el club tampoco. Es un equipo y todos tienen que poner de una parte para que el barco llegue a buen puerto”.
No será un día más
Enfrascado ya en el reto del ascenso, Yeremay disfrutará en Gran Canaria de uno de los partidos más emocionantes de su vida: “Es el partido donde toda su familia lo podrá ver en directo. En su isla, con sus amigos de toda la vida. Para él será muy especial. Pero una vez salte al campo y empiece a rodar el balón, tiene que ser un partido más”.
Precisamente un aislamiento del entorno que debe aplicarse durante todo el curso. “Él tiene que hacer lo que hace, que es divertirse cuando juega. No cambiar ni su forma de jugar, ni su forma de ver el fútbol, que no deja de ser una diversión. Profesional, pero una diversión El único objetivo que tiene es seguir haciendo las cosas bien. Seguir mostrando esa sonrisa y sumar goles y asistencias cuando pueda”, expresa Borja, que acudió por expresa petición de su hijo de 12 años al aeropuerto para encontrarse ya en la terminal con Yere. “Está loco con él”, reconoce entre risas el entrenador.

Luego llegará el turno de intentarle robar unos minutos a Yeremay para “echar café” en el hotel de concentración “si el míster lo permite”. Y, por último, acudir al estadio “con el corazón algo dividido”.
Si el Dépor vence, dará un paso importante para lograr un ascenso que retendría al canario en A Coruña. De no ser así, quizá el extremo busque un nuevo paso en su carrera. “El consejo más simple y a veces es el más difícil. Primero, que tenga sentido común. Segundo, que sea feliz. Y tercero, que mire el proyecto y sepa que va a ser importante”, sentencia Borja Pérez, que desea que su ‘protegido’ vaya dando “pasito a pasito” y “ojalá sea en el Dépor el año que viene”. “A partir de ahí, lo que tenga que ser, que sea”, destaca antes de admitir que él sí ve a Yere preparado para jugar en "cualquiera de los dos grandes de España, aunque luego esas camisetas pesan mucho".
Eso será el futuro. Por el momento, toca que Yeremay Hernández, su familia y sus amigos disfrutar de un debut tardío en un lugar al que el canario también aspira a volver algún día para cerrar el círculo. Y así, rellenar de felicidad también esa parte amarilla del corazón.











