
Nunca es fácil hacerle comulgar a una afición, cualquier afición, de cualquier equipo en cualquier deporte, con ese término, cada vez más en desuso para precisamente no echar gasolina al fuego, de derrota útil. Aunque se sintió como tal, lo del Deportivo ante el Cádiz no fue una derrota. Si es útil o no lo dirán los próximos encuentros, aunque lo que desde luego sí debería servir es para poner la primera piedra sobre la que construir el plan que devuelta los resultados a un grupo que lleva semanas mostrándose muy lejos de poder ser un aspirante al ascenso.
El conjunto blanquiazul es una contradicción andante esta temporada. Capaz de enlazar meses sin perder, para luego hacerlo sin ganar, luego ganarlo todo y volver a olvidarse de cómo se suma de tres en tres. Un punto de los últimos doce. Un punto en un contexto diferente a los anteriores en los que no consiguió ninguno, pero igual de insuficiente. Y otra muestra de esa contradicción que se traslada igualmente de la foto grande al detalle concreto, con un equipo que durante las buenas rachas exhibió, sobre todo, músculo en las dos áreas, para ahora hacerlo todo bien en el espacio que va de una a otra, pero entrar en ellas con las luces apagadas. Da igual la ajena que la propia.
Apunta Antonio Hidalgo, con la rotundidad de quien sabe que está pronunciando una verdad absoluta, que “esto va de marcar un gol más que el rival”. Ese pragmatismo puede ser bueno para añadir a un discurso público, pero cualquiera apostaría a que el técnico es el primero en saber que hay muchas cosas que hacer para tener opciones de hacer ese tanto. Solo así se explica el giro de guion para abrir 2026. El reseteo del Dépor para volver a esos encuentros frente al Mirandés y al Huesca que hoy quedan ya lejanos como una versión utópica de lo que pudo ser el cuadro blanquiazul. Se pareció mucho por momentos ante el Cádiz, especialmente porque el balón fue para los buenos. Al recién llegado Altimira le sobraron diez minutos para entenderlo. Que la pelota la tenga Mario Soriano y a partir de ahí, negociamos. Ver al madrileño buscando soluciones con la cabeza y no gesticulando con los brazos desesperado como en Andorra fue una de las mejores noticias del nuevo año. El técnico le dio un regalo de Reyes anticipado poniéndole al lado a Luismi Cruz para tener algo (y alguien) con el que jugar. Más del 60% de posesión incluso estando muchos minutos por delante en el marcador, más remates que nunca jugando en Riazor. Quizá fuera casualidad. Quizá fuera, simplemente, fútbol.
Yeremay y el veneno
El problema principal, y la causa de que la alegría para arrancar este exigente mes de enero no fuera completa, es que ese 'apagar y volver a encender' no solucionó todos los problemas del equipo. Siempre hay conexiones que necesitan algo más que un simple reseteo. O más bien desconexiones. Una de ellas es Yeremay. El canario ha maquillado con golpes del genio absoluto lo que es una primera vuelta bastante por debajo de las expectativas. Falto de continuidad, como el equipo, pero sobre todo falto de criterio para elegir lo que pide cada jugada en cada momento. Probablemente no sea por no pensar, sino por pensar en exceso. Y en el camino además se está quedando corto cuando los de blanquiazul no tienen la pelota, en un fútbol moderno que no permite esconder a nadie defensivamente. El 1-1 del Cádiz es un buen ejemplo. Tuvo sobradas situaciones en ventaja de las que apenas sacó algún tímido disparo y un buen pase atrás. Demasiado optimismo para creer que con esta versión del ‘10’, la absoluta falta de confianza de Mella y turnos rotatorios en el puesto de nueve (cuando tienes tres delanteros titulares es porque probablemente no tengas ninguno) se puede coronar en la ‘Hypertensiones’.
Porque si ganar una guerra con tirachinas parece complicado, hacerlo con escudos de papel no mejora tus opciones. Una vez más, y van unas cuantas, Hidalgo volvió a alinear tres laterales y solo un central en su línea de cuatro, dejando a Barcia y Comas en el banquillo. Ver a García-Pascual moverse al poste en el área como si de un pivot del Leyma se tratase debería ser pista suficiente para intentar buscar algo más de músculo, o experiencia, con los que defender el área. No entró eso en la hoja de ruta del mercado de verano. No parece que vaya a hacerlo en invierno. El tiempo dará y quitará razones.
La endeblez defensiva del Dépor es, en todo caso, un problema también colectivo. Prácticamente cultural. Falta de competitividad, de oficio, de malicia, de saber jugar ese ‘otro fútbol’... la ausencia de veneno que detectó Hidalgo nada más poner un pie en Abegondo. La misma que le faltó a Villares para entender que la jugada del gol del Cádiz tenía que haber acabado 50 metros más atrás con una simple falta. Acciones que los rivales rara vez le permiten al equipo blanquiazul.
Objetivos y presión
El Tourmalet no ha hecho más que empezar y bien haría el preparador deportivista en no dejarse llevar por la tentación de volver a protegerse prescindiendo de talento. Principalmente porque incluso en los partidos en los que menos encajó, el Dépor siguió concediendo ocasiones tan claras como las que permitió al Cádiz. Va en su naturaleza.
El Dépor sigue en puestos de playoff, el objetivo marcado por él mismo desde la primera jornada, solo que ahora tendrá que jugar con la presión de ver cómo el colchón se ha esfumado y tiene más cerca al séptimo clasificado que el ascenso directo. La próxima jornada tiene en su mano empezar a arreglarlo con la visita a la UD Las Palmas, que ahora mismo ocupa la segunda posición. También de caerse de los puestos de privilegio si no consigue cortar una sangría que ya se extiende a las cuatro jornadas sin ganar.












