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Dépor

Adri Altimira, vuelo para el lateral del Dépor: "Soy un jugador al que le gusta tener el balón, profundo e intenso"

Formado en La Masia, el ex del Villarreal añade un nuevo perfil a la plantilla por su vocación ofensiva, buen trato de balón y capacidad asociativa

Adrià Altimira, nuevo refuerzo del Dépor, durante su primer entrenamiento en Abegondo con el equipo blanquiazul
Adrià Altimira, nuevo refuerzo del Dépor, durante su primer entrenamiento en Abegondo con el equipo blanquiazul
Susi García/RCD
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El Deportivo no ha esperado al inicio del mercado para reforzar una de las posiciones que llevaba meses marcada en rojo. Tras la llegada del portero riojano Álvaro Fernández, el club ha cerrado el fichaje de Adrià Altimira (Carcadeu, Barcelona, 2001), lateral derecho formado en La Masia que llega libre después de rescindir su contrato con el Villarreal y que firma en A Coruña hasta 2028. Su incorporación responde a una necesidad evidente en el plantel y, al mismo tiempo, introduce un perfil que el equipo no tenía. Un lateral con proyección ofensiva, capacidad para intervenir en la creación y también con buen manejo del balón en campo contrario, rasgos que pueden modificar pequeños comportamientos del equipo y, sobre todo, liberar a jugadores que hasta ahora han tenido que ocupar posiciones más retrasadas de lo deseado. Casos como los de Luismi Cruz o Mella, que por exigencias del guion han actuado de carrileros, pueden verse directamente beneficiados por un futbolista que puede actuar a diferentes alturas y que está acostumbrado a ser protagonista en la elaboración y asociación

Altimira llega con 24 años y con una trayectoria amplia pese a su juventud. Fue el primer futbolista en completar las doce temporadas de formación en la cantera del Barça, compartiendo generación con jugadores como Eric García, Ansu Fati o Arnau Tenas. Cuando no pudo acceder al filial, buscó minutos lejos de Barcelona y construyó una carrera a base de insistencia y adaptación. Hizo las maletas para competir en el NK Lokomotiva, un club de la primera división croata, y posteriormente volvió a España. Pasó por el Melilla y sobre todo explotó en el Andorra de Eder Sarabia, donde encontró un entorno ideal para explotar su juego. Allí ganó peso, se asentó en un rol protagonista y participó en el ascenso a Segunda. Su rendimiento en la categoría de plata le abrió la puerta del Villarreal B y, desde el filial, incluso llegó a consolidarse como una opción real en las convocatorias del primer equipo, con presencia en Liga, Copa y Europa League. El curso pasado sumó minutos en Primera cedido en el Leganés, pero esta temporada la competencia y la pérdida de protagonismo con Marcelino García Toral aceleraron una desvinculación que ya llevaba semanas orientada hacia el Dépor.

Vocación ofensiva

Su perfil añade variantes a Antonio Hidalgo, ya que es un lateral con cualidades diferentes a las que puede ofrecer Miguel Loureiro, Lucas Noubi e incluso Ximo Navarro. Se trata de un lateral ofensivo y asociativo que no queda relegado a la banda como único carril y que puede intervenir por dentro. En su paso por el Andorra se vio con claridad. Sus números lo situaron entre los jugadores con más pases hacia adelante, mayor precisión y más presencia en secuencias ofensivas. Tiene buen pie para superar líneas y una lectura del espacio que le permite ser un apoyo en la elaboración sin perder su identidad de lateral. No es un regateador en el sentido clásico, pero sí un futbolista capaz de salir de situaciones delicadas, ya que es resolutivo en espacios reducidos, un detalle importante cuando los rivales adelantan presión. Sabe pisar línea de fondo y tiene facilidad para sacar el pase atrás. Además, su desplazamiento en largo es aseado y le permite activar cambios de orientación y envíos en profundidad al extremo de su banda. No se limita a recibir al pie en la línea de cal, se ofrece en alturas distintas y dinamiza la estructura del equipo.

Durante su presentación en Leganés, cuando llegó cedido por el Villarreal al comienzo de la pasada temporada, dejó una autodefinición que resume algunas de sus características. “Soy un jugador polivalente, puedo jugar de lateral y más adelantado. Incluso he llegado a jugar de lateral izquierdo sin problema –lo hizo en el Melilla–. Soy un jugador al que le gusta tener el balón, profundo e intenso defensivamente, que creo que es importante”. El vallesano también recalcó la importancia de “ayudar al juego colectivo sobre todo en lo relacionado con el balón” y de “estar atento y bien colocado ofensivamente”.

Su margen de mejora aparece más en el aspecto defensivo. No es un jugador especialmente contundente ni el que mejor se posiciona, pero compensa ciertas situaciones con velocidad y capacidad de reacción. Su juventud y la apuesta del club coruñés por hacerle un contrato hasta 2028 apunta a que todavía cuenta con margen de mejora, aunque su vocación ofensiva y su facilidad para ayudar a través del balón ya lo convierten en un recurso valioso.

Formación culé completa

La historia de Adri Altimira comienza muy pronto en La Masia. Con cinco años jugaba en el Granollers y al curso siguiente ya estaba haciendo pruebas con el Benjamín B del Barça, un equipo con niños dos años mayor que él en el que estaba Óscar Mingueza, actual jugador del Celta. Su talento llamó la atención desde el principio y fue uno de los ocho elegidos para formar parte del primer Prebenjamín de la historia del club, una generación en la que también estaba Mika Mármol, central de la UD Las Palmas. El primer gol oficial de ese equipo llevó su firma, símbolo de una etapa en la que actuaba como delantero centro o extremo, posiciones naturales para un jugador rápido, competitivo y con buen pie. A finales de la década de 2010 llegó el giro que condicionaría su carrera: empezó a jugar como lateral e incluso como interior. Su rendimiento en esas nuevas zonas lo asentó más atrás, donde encontró un espacio que encajaba mejor con su crecimiento y que acabaría definiendo su trayectoria profesional.

En Melilla reseteó su carrera; en Andorra, bajo la influencia de Sarabia, se consolidó; en Villarreal se acercó a la élite; y ahora en A Coruña encuentra un escenario donde puede tener continuidad y donde sus características encajan en una estructura que necesita alternativas ofensivas desde atrás. Para el Dépor supone cubrir una necesidad concreta y, al mismo tiempo, introducir un matiz que el equipo no tenía. Para Altimira, la oportunidad de recuperar protagonismo y de asentarse en un proyecto que busca impulso.

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