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Dépor

El "equipazo" que escondía el Mallorca del playoff de 2019

El reencuentro en Copa invita a revisar, desde otro ángulo, aquel duro varapalo y a unos jugadores que el tiempo puso en valor

Budimir, Raíllo y Estupiñán, tres jugador del Mallorca de la 2018-19 que se instalaron posteriormente en la élite
Budimir, Raíllo y Estupiñán, tres jugador del Mallorca de la 2018-19 que se instalaron posteriormente en la élite
EFE/AC Milan
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El Deportivo se enfrenta al Mallorca en la Copa del Rey y conviene recuperar la memoria de aquel playoff de la 2018-19, una eliminatoria que todavía pesa en la historia reciente de A Coruña. Aquella final de la promoción suele recordarse entre la parroquia blanquiazul como una noche traumática, pero casi nunca se revisa desde el otro lado, desde la dimensión real de aquel rival. Un rival al que la perspectiva le ha hecho justicia, sobre todo a gran parte de sus futbolistas. Y Eneko Bóveda, protagonista por parte blanquiazul de aquella aciaga noche, recuerda que en el vestuario ya se lo olían: “Ellos, desde ‘su anonimato’, de haber venido de Segunda B... escondían un equipazo. Creo que nosotros éramos conscientes de alguna manera, porque jugamos tres partidos seguidos contra ellos”.

El Dépor se mide por primera vez al Mallorca desde aquella eliminatoria que marcó a una generación de aficionados blanquiazules. Fue el 23 de junio de 2019, noche de San Juan, la más simbólica del calendario coruñés, cuando el equipo cayó 3-0 en Son Moix y vio volatilizarse el 2-0 logrado en Riazor. Aquel golpe se interpretó como un fiasco monumental, ya que el Deportivo tenía la obligación de ascender porque venía de caer de Primera y porque su escudo arrastraba más de dos décadas de grandeza.

Sin embargo, la lectura del tiempo matiza ese marco, aunque no difumina ni un ápice de dolor. Aquel Mallorca no era un recién ascendido de Segunda B sin más. Era un equipo en construcción que contaba con varios futbolistas que terminaron convirtiéndose en pilares de Primera División y que, en algunos casos, han tenido carreras de élite en Europa. Desde esa perspectiva, la eliminatoria ya no parece un simple accidente. Fue un ascenso ganado por un bloque con más potencial del que se percibía en aquel momento.

Catorce futbolistas del Mallorca participaron en la vuelta del playoff y un buen puñado de ellos, con el paso de los años, han demostrado que su nivel estaba muy por encima de lo que se presumía entonces.

Cuatro pilares del Mallorca

Dentro de aquel grupo destacan cuatro nombres que continúan actualmente en la plantilla del Mallorca. Son Antonio Raíllo, Martin Valjent, Dani Rodríguez y Abdón Prats. Y cada uno de ellos encarna una parte distinta del proceso de crecimiento de la entidad.

Raíllo es quizá el mejor ejemplo de cómo se puede transformar una carrera. Solo había disputado cuatro partidos en Primera con el Espanyol antes de aquel playoff. Su nombre entonces no generaba una sensación inmediata de jerarquía. El tiempo cambió esa percepción. Tras aquel ascenso ha jugado 157 partidos en Primera, todos ellos con el Mallorca. Se convirtió en el líder del equipo, en el defensa que levantó al club bermellón tras su posterior caída a Segunda y en un futbolista que subió el nivel cada vez que el proyecto dio un salto. De Segunda B a Primera, Raíllo hoy es capitán indiscutible, el Kaiser, la referencia competitiva de todo el ciclo moderno del Mallorca.

Pero su trayectoria no se puede explicar sin su mejor escudero. A su lado ha crecido el eslovaco Martin Valjent, un central fiable que incluso ha sumado más partidos en Primera (176), todos ellos en el Mallorca. Sin hacer ruido se ha consolidado en la élite. Entre Raíllo y Valjent han formado una de las parejas de centrales más reconocibles del fútbol español de los últimos años, aunque el Mallorca en muchos momentos haya formado con una línea de tres.

El caso de Dani Rodríguez tiene un matiz especial. Se formó en la cantera del Deportivo y logró debutar con el primer equipo en Copa. Pero fue en Mallorca donde construyó su carrera en la élite. Jugó 183 partidos en Primera, todos ellos en el club balear tras aquel playoff. Es un símbolo de la mejor etapa contemporánea del equipo, aunque esta temporada su situación cambió por unas declaraciones desafortunadas que lo apartaron del grupo. Ahora busca salida en el mercado de invierno. Su imagen se ha deteriorado, pero eso no borra su rol en el crecimiento del Mallorca.

El cuarto nombre es Abdón Prats, autor del 3-0 que cerró la remontada frente al Deportivo en aquella noche de San Juan. Desde entonces ha jugado 134 partidos en Primera, de los cuales 133 llegaron después del playoff. Ya había tenido un debut testimonial en la 2011-12, pero su verdadera carrera comenzó con el ascenso a Primera. No siempre fue titular, no siempre fue la primera opción, pero ha sido decisivo en momentos clave. En Mallorca es un icono y el autor de algunos de los tantos más importantes de la historia bermellona reciente.

Budimir y Estupiñán en la élite

Si hay dos futbolistas que simbolizan la explosión de talento que el deportivismo quizá no vio venir, esos son Ante Budimir y Pervis Estupiñán.

Budimir ya había jugado 33 partidos en la Serie A con Sampdoria y Crotone antes del playoff, donde fue el autor del 1-0. No era un desconocido, pero no se percibía como un futbolista llamado a marcar una época. Tras el ascenso jugó un año con el Mallorca en Primera y, cuando el club descendió, Osasuna pagó un traspaso considerable por él: 8 millones de euros. En Pamplona se convirtió en uno de los grandes delanteros de la Liga. Ha jugado 174 partidos en Primera con Osasuna y es su máximo goleador histórico en la categoría. Suma 242 encuentros en total entre España e Italia. Una carrera de altísimo nivel que explica en buena medida la dimensión de aquel Mallorca.

Por su parte, el ecuatoriano Pervis Estupiñán había tenido un paso mínimo por Primera con el Granada, solo dos partidos. Tras el playoff su valor se disparó. Terminó su cesión en el Mallorca, encadenó otra temporada a préstamo en Osasuna y en el verano de 2020 el Villarreal puso encima de la mesa 16,5 millones de euros para ficharlo del Watford inglés. Dos temporadas en el equipo amarillo, jugando la Champions League y levantando la Europa League, hasta que aparece el Brighton para pagar casi 18 millones de euros. Indiscutible en la Premier League durante otros tres cursos, el internacional ecuatoriano pertenece actualmente al Milan, uno de los clubes históricos del continente. Ha sostenido una trayectoria en la élite europea, con 182 partidos en total en tres primeras divisiones diferentes, que pocos habrían asociado a aquel lateral izquierdo que jugó contra el Deportivo en 2019.

Otros caminos

Otro nombre es el de Iddrisu Baba. El centrocampista ghanés, que jugó la vuelta de aquel playoff por la expulsión en la ida de Marc Pedraza, superó los 100 partidos en la élite. Acumuló 91 partidos en Primera con el Mallorca y 25 con el Almería, todos tras la 2018-19. Su carrera ha tenido altibajos y actualmente está en Segunda, pero no cualquier se convierte en centenario en Primera.

En cambio, el caso de Salva Sevilla es singular y diferente. Llegó al Mallorca desde la élite. Tenía 111 partidos en Primera con Betis y Espanyol. Aun así fichó por el Mallorca cuando estaba en Segunda B. Bajó al barro para impulsar el proyecto y, tras el ascenso, aún jugó 63 partidos más en Primera con el club bermellón antes de recalar en el final de su carrera en el Dépor de nuevo en ‘Tercera’.

Otros nombres de aquella noche aprovecharon aquel ascenso para vivir su etapa en Primera. Es el caso de Manolo Reina, Joan Sastre o Lago Junior. Su rendimiento se explica en parte por ese contexto. El ascenso les abrió una puerta que quizá en otras circunstancias no habrían tenido.

La suma de todos estos datos permite revisar aquel playoff desde otro ángulo. El ascenso era obligatorio para el Deportivo en el imaginario colectivo, pero el Mallorca tenía más nivel del que se percibía. Lo confirmó con el tiempo. El golpe fue durísimo, pero el adversario era mucho más fuerte de lo que parecía aquella noche de San Juan de 2019.

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