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Dépor

Así lo vivió Riazor | La llama de la reconciliación

A pesar de registrar la entrada más baja de la temporada, la afición se entregó al equipo en el último partido del año en casa

Un aficionado, durante el partido
Un aficionado, durante el partido
Carlota Blanco
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El fútbol, o la vida, se lo debía. La afición del Deportivo necesitaba cerrar la herida y qué mejor forma de hacerlo que logrando el pase a octavos de final de la Copa del Rey. Después de siete años lejos de Primera División, Riazor volvió a recibir a un equipo de la máxima categoría. Entre todas las opciones que había dentro del bombo, se encontraba una con la que los blanquiazules mantenían una cuenta pendiente: el Mallorca. Y tan caprichoso fue el destino, que el equipo balear volvió a A Coruña tras aquel inolvidable playoff de 2019. En una fría tarde de martes, todas las mentes estaban puestas en, de alguna forma, 'vengar' lo que pasó aquel 19 de junio en el que los seguidores blanquiazules se quedaron sin celebrar la noche de San Juan. Pero Noé Carillo volvió a prender la llama de ese fuego que aquel día se apagó.

No acompañaba el horario, entre semana y a las 19.00 horas, y por eso la asistencia en el estadio coruñés fue la más baja de esta temporada, un total de 17.873 fueron los espectadores acudieron a disfrutar de los dieciseisavos de final del torneo copero. El DJ, que ya se ha instalado en el córner entre tribuna y pabellón, decidió que había dos temas que podrían animar a la grada herculina. Por eso, antes de saltar los jugadores al terreno de juego, comenzó a sonar 'O Cabalinho'. O tal vez fue para motivar a un Dani Barcia que partió de inicio, ya que él mismo reconoció en zona mixta que era una de las canciones más escuchadas en el vestuario. La segunda, una vieja confiable: 'El Mambo' de Kiko Rivera, a lo mejor buscando que surgiera el mismo efecto que en 2024.

Antes de comenzar, la coruñesa Marta López-Pardo, más conocida como 'Martita', fue la encargada de realizar el saque de honor tras obtener la medalla de bronce en el primer Mundial de fútbol sala femenino, disputado en Filipinas. Y una vez estaba todo listo, el balón comenzó a rodar y rápidamente desde la grada se empezó a escuchar el mítico cántico: "Ven a botar, ven a botar, vamos a ganar la Copa". No podía ser de otra manera.

Martita, realizando el saque de honor
Martita, realizando el saque de honor
Quintana

Tras una primera parte sin demasiados sobresaltos, Riazor volvió a encenderse tras un pase de Quagliata a Mulattieri, que hizo contener la respiración a todo el estadio. Que ese balón entrara, significaría pizza gratis para 25 afortunados que hubieran participado en el sorteo de Sicilia in bocca, en el que regalarían sus productos si el lateral italiano daba una asistencia, pero el delantero les dejó sin cenar gratis.

El partido fue creciendo en tensión y algunas decisiones arbitrales, incomprensibles para la afición, provocaron los primeros pitidos serios de la noche. La grada estalló con la entrada de los fabrilistas Nsongo Bil y Noé Carrillo, y señaló con una sonora pitada a Pablo Torre, viejo conocido por liderar el ascenso del Racing de Santander en la 2021-22. Riazor creía más que nunca y una gran ocasión de Bil les dio alas para confiar todavía más en que pasar era posible.

Y entonces llegó el minuto 83. Noé Carrillo, canterano, fabrilista, debutante, selló su estreno ante la afición deportivista en Riazor de la mejor manera posible: con el gol que daba al Dépor el pase a octavos de final de la Copa. La grada se vino abajo. Una victoria que significaba mucho más que la clasificación, era la reconciliación entre equipo y afición tras las derrotas ante Castellón y Real B. Esta noche la grada permaneció inmóvil hasta mucho después de que el árbitro pitara el final. La plantilla se acercó a la grada, y todos juntos cantaron y saltaron para mantener la llama más viva que nunca en el último partido del año en Riazor.

Un joven aficionado, disfrutando del partido
Un joven aficionado, disfrutando del partido
Carlota Blanco
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