
La herida todavía abierta de Mallorca: "Los que vivimos esa situación sentiremos alivio si volvemos a ver al Dépor en Primera"
Eneko Bóveda, Borja Valle y Dani Giménez rememoran la triste noche de San Juan en 2019 a unas horas de que el equipo balear regrese a Riazor
“El Deportivo, único campeón entre los nueve concurrentes de Segunda División con dos títulos, recibirá en Riazor… al Mallorca”. Cuando Bernd Schuster abrió la bola y mostró el papel que contenía al próximo rival de los blanquiazules en la Copa del Rey, a todos los deportivistas se les vino a la mente la misma fecha: 23 de junio de 2019. Malos recuerdos, una opción de revancha, una cita pendiente… cada uno decidió interpretarlo de la manera que más complaciera a su mente, pero la realidad es que, aunque fuera por un segundo, todos viajaron a aquella noche en la que, la gran mayoría, se quedaron sin celebrar la noche de San Juan. Y que además, aunque en ese momento todavía no lo sabían, daría paso a los peores años de la historia del Deportivo.
Tras cuatro temporadas consecutivas en Primera después de su recordada etapa de subidas y bajadas continúas de categoría, el 29 de abril de 2018 el Deportivo caía en Riazor, certificando su descenso a Segunda ante un Barcelona que a su vez se proclamó campeón de Liga sobre el césped del estadio coruñés. Desde ese instante, volver a la élite lo antes posible era la prioridad de la entidad herculina. Lo que no se imaginaban es que, siete años después, el viaje de vuelta a Primera todavía no ha culminado su retorno. Pero todo pudo ser diferente más de un año después de caer derrotados ante el conjunto culé.
El Deportivo comenzó el curso 2018-19 con el único objetivo en mente de regresar a la máxima categoría. Con Natxo González a los mandos, el club creó un proyecto sólido. Llegó a ser líder y estuvo bastantes jornadas en puestos de ascenso directo, hasta que comenzó una mala racha en la que encadenó empates y derrotas, sobre todo fuera de casa. A medida que avanzaba la segunda vuelta, el equipo iba cayendo cada vez más. El Consejo de Administración dirigido por Tino Fernández presentó su renuncia entre un volcán social. Empeoró el juego, faltaba acierto en el rombo ofensivo y la defensa generaba muchas dudas. El entrenador dio algún volantazo que no resultó, así que llegó la destitución de Natxo González y la apuesta de Carmelo del Pozo, entonces director deportivo, por José Luis Martí. Finalmente, el equipo terminó la liga regular en el sexto puesto de la clasificación y tuvo que disputar el playoff.
Eliminamos al Málaga, remontamos en casa. Joder, mete Bergantiños en un playoff en Málaga… todo era como especial”
El Dépor consiguió vencer por 4-2 al Málaga en la ida de la semifinal y, tras vencer 0-1 en La Rosaleda, avanzó a la final. Un capítulo que, para bien o para mal, ya nunca iba a quedar en el olvido. “Pasamos de tener una ilusión tremenda, de venir de un año difícil y muy irregular, a de repente meternos en playoff, que al final el objetivo del equipo era subir. Llegábamos con una energía muy buena porque veníamos de estar con incertidumbre, a meterte en playoff y eliminar al Málaga”, recuerda Dani Giménez, portero del Deportivo por aquel entonces. “Empezamos bien, a mitad de temporada pegamos un bajón, que es natural, nos metemos en el playoff, al final de todo justo también contra el Mallorca. Eliminamos al Málaga, remontamos en casa. Joder, mete Bergantiños en un playoff en Málaga… todo era como especial”, afirma Borja Valle, emocionado al recordar aquel momento.

La final del playoff contra el Mallorca empezó de cara. El Deportivo cumplió en Riazor con un ambiente inmejorable en las gradas. El encuentro terminó con un 2-0 a favor para viajar con ventaja a Son Moix y la sensación de que se pudo haber sentenciado cuando el Mallorca se quedó con diez hombres tras una entrada alevosa de Pedraza a Bergantiños que dejó sin jugar el partido de vuelta al capitán. En todo caso afición y equipo ya rozaban la vuelta a la élite con la punta de los dedos. El partido de vuelta estaba fijado en la noche de San Juan y además, justamente ese año, el club había decidido hacer toda la temática comunicativa de esa temporada, incluso la segunda equipación, enfocada a la noche más mágica del año en A Coruña. Parecía que todo estaba predestinado y así lo recuerda Eneko Bóveda: “Es la típica situación donde, por una parte, estás en la obligación a planificar celebraciones, pero por otra, tal es el miedo a perder lo que tienes, que no quieres ser consciente de eso. El lume... parecía un plan ideal”. “En San Juan, que todos sabemos cómo se vive en la ciudad, y era juntar San Juan y el Dépor, no podía salir nada mal. Y salió”, afirma Dani Giménez.
“Ese día pasó de todo. Por la noche se descansó poco porque nos dejaron descansar poco. Estuvimos 40 minutos en la autovía, a 40 grados en el autobús y sin aire acondicionado, parados porque decían que estaba llegando el Mallorca, y el Mallorca ya había llegado hacía otros 40 minutos. Ellos hicieron el fútbol que tenían que hacer. Les acompañó absolutamente todo y nosotros no supimos interpretar nada del otro fútbol. Ni ser perros, ni mucho menos, al final era un equipo superhumilde, de gente supercompetitiva, pero honesta y noble. Esa otra cara nos faltó, aparte de todas las bajas que llevábamos y todos los problemas que teníamos en la plantilla”, explica Borja Valle.
El penalti que pudo cambiarlo todo
Comenzó el partido en Son Moix y el Dépor no logró encontrar su sitio en ningún momento. Y fue precisamente en el primer tiempo cuando sucedieron dos de las polémicas del partido, ambas con un mismo protagonista: Borja Valle. Un gol anulado y un posible penalti que pudieron haber cambiado completamente el rumbo del encuentro. “Es un penalti a mí, 100%, porque yo luego estuve la pretemporada bastante tocado de la rodilla por una hiperextensión debido a esa jugada. También se me anula un gol ridículo a los diez minutos de empezar el partido. Hay muchas situaciones que, posiblemente con los medios que tenemos ahora, hubiese decantado el resultado para otro lado. Pero eran los medios que había, era otro fútbol. No tuvimos esa pizca de suerte de que cayese de nuestro lado y al final, estamos hoy hablando de esto, con mucha rabia y mucho dolor”, afirma el protagonista de ambas jugadas.

Por su parte, a Bóveda también se le quedó grabada en la mente la jugada del penalti: “Hay una jugada que a Borja le hacen penalti y sí que, dentro de que todos hacemos un análisis supercatastrófico como se merecía, piensas que estuvo tan lejos y tan cerca como si ese penalti se pita, metes gol y no hay eliminatoria. Es lo que tiene el fútbol”.
Rival engañoso
El encuentro se fue al descanso con el 1-0 en el marcador, por lo que los blanquiazules todavía ganaban en el global, pero en la segunda parte todo se fue torció definitivamente. Ante la pregunta: “¿Qué pasó?”, Bóveda, Dani y Borja cogen aire antes de contestar. “No es fácil describirlo. A uno mismo le cuesta aceptar los sentimientos que pueda tener durante el partido. Estás a 90 minutos de ser jugador de Primera, con todo lo que supone. Recuerdo que salí además con el brazalete. Le das muchas vueltas a cómo tratar de transmitir los sentimientos, los mensajes que acerquen a saber convivir con esa situación de presión que tienes. Pero es cierto que no lo supimos gestionar y que, de alguna manera, el miedo a perder algo que teníamos tan cerca nos paralizó”, comienza reconociendo Bóveda antes de poner en valor al equipo que tenían enfrente.
Fuimos a merced de lo que hizo el Mallorca. Salieron a reventar la eliminatoria y a revertir la situación y a nosotros nos costó"
“Tal vez en ese momento los jugadores eran menos conocidos, pero el tiempo ha demostrado que el Mallorca tenía un equipo muy potente. Budimir en punta, Lago Junior, Baba, que no lo conocía nadie entonces e hizo un partidazo, Estupiñán... Creo que nosotros éramos conscientes de alguna manera, porque jugamos tres partidos seguidos contra ellos. Nunca ayuda sobrepresionarte pensando que eres mejor que el adversario. Y ellos, desde ‘su anonimato’, de haber venido de Segunda B... escondían un equipazo. Dicho esto, un 3-0 tampoco es un resultado habitual, aunque sea un rival parecido a ti. El factor psicológico influyó”, afirma el exlateral del Deportivo. “Es verdad que ese partido fuimos un poco a merced de lo que hizo el Mallorca. Salieron a reventar la eliminatoria y a revertir la situación y a nosotros nos costó, salimos demasiado a la expectativa”, afirma Dani Giménez.
El otro fútbol
Ya en la segunda parte, Salva Sevilla desató la locura en las gradas de Son Moix cuando, poco después de cumplirse la media hora de juego, igualó la eliminatoria. No le salían las cosas al Deportivo y se demostró todavía más cuando Reina se vistió de salvador y paró un tiro a bocajarro de Quique González. Y entonces llegó el tanto de Abdón Prats que dio paso a una de las peores pesadillas del equipo coruñés. Todavía quedaba tiempo para empatar, pero la negatividad inundaba tanto la mente de los blanquiazules que estaban sobre el césped, como de los que lo estaban viviendo a más de 1.000 kilómetros de distancia.

Un gol separaba al Deportivo de darle la vuelta a la situación y que todo se quedara en una anécdota, y justo entonces, llegó el cabezazo de Pablo Marí en el último segundo de partido y el tiempo se detuvo. “El cabezazo de Pablo... otra anécdota que demuestra que al final no estaba para nosotros. Yo compartí muchos momentos con Pablo, y si le ponen ese balón ahora mismo, de 30 mete 29. No estaba para nosotros, no pudo ser, pero yo tengo el cabezazo grabado a fuego”, recuerda sin esfuerzo Borja Valle. De la misma forma lo hace Giménez: “Recuerdo ese remate al final del partido, pudo haber cambiado la historia. La ilusión y la fiesta se convirtió en decepción, y en una especie de pesadilla”.
El fuego que se apagó
Y con ese balón yéndose a escasos centímetros de la portería, el fuego de San Juan se apagó para el Deportivo. “El tiempo te va modificando un poco la memoria. Aquellas cosas que más han dolido o no han sido positivas, poco a poco, en mi caso, por lo menos, la cabeza te hace el favor de suavizarlas. Pero poniéndome a recordar, lo recuerdo bastante bien”, afirma Eneko Bóveda. “Esa ilusión, esa buena vibración que teníamos de la afición, de los desplazados… se convirtió en una pesadilla cuando el árbitro pitó el final. La ilusión y la fiesta se convirtió en decepción. Es de esas cosas que siempre van a estar ahí grabadas”, dice Dani Giménez. Por su parte, Borja Valle recuerda a la perfección el regreso a A Coruña, y desvela que no ha vuelto a ver un partido del Mallorca desde ese momento: “El viaje de vuelta fue el más triste de toda mi carrera. No escuché a absolutamente nadie hablar en ningún momento. En el vestuario no habló ni Dios. La gente obviamente llorando, porque a muchos se les escapaba el sueño. No he vuelto a ver un partido en directo del Mallorca ni todo lo que tenga que ver con ellos. A mí me hizo mucho daño a nivel personal y no creo que esa herida se cierre, por lo menos mientras esté jugando al fútbol en activo”.
Si volvemos a ver al Dépor en Primera, sentiremos alivio todos los que vivimos esa situación”
Desde ese momento, el Deportivo ya nunca volvió a ser el mismo. Llegaron los peores años de la historia del club coruñés porque nunca cayó en lo futbolístico tan bajo durante tanto tiempo, y aunque directamente el episodio de Mallorca no tuvo nada que ver en todo lo que sucedió los años siguientes, tanto Valle, Giménez como Bóveda consideran que de alguna manera sí que influyó. “Me animaría a decir que sí que la tuvo. Quizá sea osado. La hubiera tenido aunque no hubiera seguido nadie de los que estábamos. Creo mucho en el aire que se respira alrededor de los equipos y no fueron épocas alegres para los seguidores, lo que complica la toma de decisiones. Eso entristece las dinámicas y sobre la derrota, generalmente... la gente dice que cuanto más pierdes estás más cerca de ganar. Yo pienso lo contrario. Perder te lleva a perder. Es muy complicado darle la vuelta a situaciones socialmente difíciles, y no quiero que esto suene como que parece que le resto responsabilidad a los jugadores, porque no lo creo”, afirma Eneko.

“Sí, puede ser. Estás a 30 minutos, a un gol de tocar la cima, de ascender a Primera de nuevo y volver a tu sitio, a de repente caer. Pues posiblemente haya sido la grieta más grande que se abrió y que continuó durante la siguiente temporada con poca creencia ya en el objetivo y con una inestabilidad muy grande”, concluye Borja. A pesar de esto, todos son optimistas en que el Deportivo volverá pronto a la élite del fútbol español. “Al final, es fútbol y el tiempo todo lo cura, y ahora estamos viendo que el Dépor está renaciendo de sus cenizas. Creo que todo está mucho más estructurado, todo en el club es más serio. Hay una buena plantilla, cada vez se está trabajando mejor en todos los departamentos y el Dépor volverá. Eso es lo importante. Si volvemos a ver al Dépor en Primera, sentiremos alivio todos los que vivimos esa situación”, termina Dani Giménez.
