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Dépor

La grada de Riazor pide cuentas antes de Navidad

La segunda derrota consecutiva en casa dejó una gran pitada y descontento en buena parte de una afición que pide mantener alto el listón de la exigencia

Mosaico en Riazor antes del Deportivo-RealB
Mosaico en Riazor antes del Deportivo-RealB
QUINTANA
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Entre otros muchos factores, entre los que estaba la insistencia del club por deshacerse en elogios hacia su nuevo entrenador, Antonio Hidalgo empezó con buen pie por su franqueza a la hora de hablar delante de los micrófonos. “El objetivo es estar entre los seis primeros”, apuntó el catalán nada más sentarse en la sala de prensa del Nuevo Los Cármenes después de debutar con un contundente triunfo en la primera jornada. Hablar claro tras un año divagando sobre las aspiraciones del equipo como si de una tesis doctoral se tratase, sumado a la altura importante a la que se colocaba el listón de la exigencia en cada mensaje que salía de las oficinas de Abegondo, colocaban al preparador en un buen punto de partida. No han pasado demasiados meses, pero en poco concuerdan esas declaraciones con las que el técnico quiso suavizar un nuevo batacazo, el segundo en siete días, ante los suyos. “Veníamos de una buena racha, pero estamos dentro del objetivo”. Es el problema de la autoexigencia, que hay que mantenerla porque estadios como Riazor no comulgan con ruedas de molino.

A pesar de registrar una de las peores entradas de la temporada gracias a la siempre notable gestión de la competición y el cambio de horario, el estadio coruñés colocó alto y claro su mensaje para que tanto Antonio Hidalgo como los que llevan las riendas un peldaño más arriba se lleven algo sobre lo que pensar ahora que llega el parón navideño. Lo que ante el Castellón fueron silbidos en el tramo final, se convirtió en pitada generalizada ante la Real Sociedad B, con imágenes duras en el tramo final de seguidores abandonando el recinto entre la resignación y la frustración.

Es probable que muchos se pregunten de dónde sale esa reacción que incluso puede llegar a parecer exagerada. A fin de cuentas, el Dépor va a acabar la jornada a cuatro puntos del liderato y con todas sus opciones intactas. Lo único que cabe pensar es que el descontento en la grada estaba latente desde hace semanas, pero que muchos tenían reparos a la hora de hacer visible porque en el fútbol las victorias lo tapan absolutamente todo.

Pero es vidente que la marea no sube de golpe para colmar el vaso de una afición entregada e ilusionada como la deportivista. Simplemente, la del pasado sábado noche fue una gota más que salpica entre el apuro final del partido contra el Ceuta o la incapacidad para levantarse tras recibir un sopapo que el equipo ya mostró ante el Valladolid, cuando contra diez apenas disparó a puerta y fue rescatado por un inocente penalti en el descuento, o contra el Castellón, donde no tuvo respuesta a poco que el rival subió el ritmo. Y es que otro dato que canta claro es el que muestra a este Dépor como un conjunto incapaz de remontar cuando se pone por detrás en el marcador. Ha sabido igualar encuentros en desventaja, pero de momento no ha sido capaz de darle la vuelta. En 7 de las 18 jornadas ha ido perdiendo en algún momento. Y cuatro terminaron en derrota.

Regresión a la media

Y sabiendo esta máxima que es tan vieja como el balón, sorprende pues otras declaraciones de Antonio Hidalgo en las que lamentó que el filial donostiarra marcara tres goles disparando tres veces. Porque sí es cierto que el Dépor no mereció tanto castigo, debatible cuando no dejas de repartir regalos, pero cierto. Tanto como que el modus operandi del último asalto a Riazor ha sido el mismo que tantas otras veces ha empleado el equipo blanquiazul esta temporada para llevarse victorias en las que apenas ha aparecido por el área rival, pero siempre lo hacía para facturar.

Más allá de que ante el Castellón el equipo sufrió con claridad, probablemente lo que le esté pasando al Dépor es que el fútbol lo está poniendo en su sitio. Porque quizá no sea un equipo para caer goleado en casa ante el único rival que no había puntuado a domicilio en la competición, pero desde luego también está lejos de ser un aspirante que puede enlazar victorias como lo hizo durante el mes de noviembre.

De fiesta a plebiscito

De esta forma, con apenas 72 horas de distancia, afronta el Dépor e Hidalgo otra de esas frases tan recurrentes que deja el balompié y que a buen seguro en este caso desearían que no se cumpliera. La de que lo bueno del fútbol es que te da una oportunidad de resarcirte cada tres días. Habría que afinar bastante para pensar que lo que va a suceder este martes en el duelo de Copa del Rey va a ser una oportunidad y no un auténtico marrón después de los últimos seis goles encajados por el equipo delante de los suyos en apenas siete días.

Poco queda en el ambiente de lo que debería ser una fiesta por la visita de un equipo de Primera División al estadio herculino años después. Más bien el escenario de fondo será el de una de esas cenas de empresa tan propias de estas fechas a las que muchos acuden por compromiso pero en las que resulta complicado estar cómodo. De celebración a plebiscito para despedir un 2025 que hace unas semanas apuntaba a cerrarse de la mejor manera, pero que puede terminar de complicarse antes del turrón. Hidalgo, precavido, quiso tirar de venda por lo que pueda pasar ante el Mallorca, un rival con tanta implicación emocional. “Sabemos el recorrido que podemos tener en la Copa”. Quizá toque revisar el argumentario antes de afrontar una eliminatoria en la que nadie exigirá avanzar frente a un equipo de superior categoría, pero en la que tampoco ninguno de los valientes que se presentarán en Riazor tolerará una nueva caída con estrépito. Al menos no sin, como sucedió el sábado por la noche, hacérselo saber a quién corresponda a través de la música de viento… o incluso con palabras.

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