Así lo vivió Riazor | Una noche para olvidar
La afición del Deportivo abandonó el estadio, algunos antes de tiempo, entre enfado y frustración

Con la idea de borrón y cuenta nueva llegó la afición del Deportivo a Riazor para medirse a la Real Sociedad B. La derrota de la jornada anterior frente al Castellón todavía estaba reciente, pero el deportivismo quiso agarrarse al último encuentro de Liga del año en casa como una oportunidad para reencontrarse con el equipo y cerrar 2025 con mejores sensaciones. La noche, sin embargo, acabó siendo todo lo contrario.
Debido al encuentro de Copa del Rey que el Deportivo disputará el próximo martes ante el Mallorca, LaLiga modificó el horario del partido a escasos cinco días de la cita. Inicialmente estaba fijado para el domingo a las 14:00, pero se adelantó a la noche del sábado. Esto trastocó numerosas cenas, eventos y planes navideños, algo que notó claramente tanto en la previa del partido, en la que apenas se veía a gente pasear por los aledaños de Riazor hasta casi el inicio del duelo, como posteriormente en el número de espectadores reflejados en el marcador. Un total de 19.459 aficionados acudieron a la cita frente al filial txuri-urdin, una asistencia muy por debajo de lo habitual.
Pese a ello, el Deportivo trató de vestir la previa y de crear un gran ambiente dentro del estadio. La animación corrió a cargo de un DJ, con homenaje a Robe Iniesta incluido, y en cuanto comenzó a sonar el mítico tema de Extremoduro 'So payaso', la grada rompió en aplausos. Cuando llegó el momento de que los jugadores saltaran al césped, fue le momento de que todos los presentes levantaran unos papeles blancos y azules que el club había dejado sobre los asientos, y acompañados de un tifo donde se podía leer 'A nosa lealdade, a vosa forza' y multitud de niñas y niños rodeando el verde con banderas, se creó una imagen espectacular. Además, minutos antes del inicio Yeremay recibió sobre el césped el premio de LaLiga al mejor jugador del mes de noviembre, un reconocimiento que fue acogido con una gran ovación.

La imagen de la grada, colorida y entregada en ese instante inicial, contrastó pronto con lo que sucedió después sobre el césped. El primer golpe visitante enfrió el ambiente y comenzó a generar los primeros gestos de impaciencia en la grada. El segundo tanto terminó de romper el clima de esperanza y dio paso a un murmullo constante, cada vez más cargado de frustración. Ya con el 0-3 en el marcador, el enfado se hizo visible. Parte de la afición optó por abandonar Riazor antes del pitido final, una escena poco habitual que reflejó el grado de descontento con la imagen ofrecida por el equipo. Otros se quedaron hasta el final, pero lo hicieron en silencio, sin aplausos y con un ambiente de resignación que terminó con una gran pitada cuando el árbitro indicó el final del encuentro.
El partido tenía además un componente simbólico: era el último encuentro de Liga del año en Riazor. La derrota, dura en el marcador y en las sensaciones, dejó una despedida liguera amarga, pero todavía queda el compromiso del martes ante el Mallorca para cerrar el año futbolístico en casa, y que afición y equipo se reconcilien antes de tomar las uvas y los turrones y dejar atrás el año.

























