El dilema de la altura de Mario Soriano
La baja de Villares por sanción abre dos vías, cada una con sus pros y contras, de cara al duelo ante la Real B: alinear a Patiño o retrasar al madrileño al doble pivote

En los primeros pasos de la carrera de Mario Soriano, su altura probablemente generó ciertas dudas. No porque fuera un problema real, sino porque el fútbol profesional suele mirar a los jugadores bajos como si necesitaran demostrar algo más. Soriano lo hizo rápido. Hoy nadie cuestiona su nivel y el único debate sobre su altura aparece cuando toca decidir dónde colocarlo. Más arriba o más abajo. Más cerca del área rival o más cerca del pivote. Esa elección marca el tipo de Dépor que se verá ante la Real Sociedad B en Riazor.
La sanción de Diego Villares abre un hueco difícil de cubrir. El vilalbés es indiscutible junto a José Ángel Jurado en el doble pivote y es uno de los pilares que sostiene al equipo por su esfuerzo, tanto a lo ancho como a lo largo del campo. También sabe descolgarse para llegar desde atrás y ofrece una competitividad que no tiene réplica inmediata en la plantilla. Su ausencia obliga a reorganizar la estructura y en esa reorganización aparece el dilema en torno a Soriano.
Primera vía: Patiño por Villares
Una solución clara consiste en que Charlie Patiño ocupe el puesto de Villares y Soriano permanezca en la mediapunta. El centrocampista inglés ofrece otro tipo de juego, más pausado y más basado en los apoyos cortos. No tiene la energía de Villares ni su despliegue, pero ordena la circulación, calma el ritmo de juego y limpia la salida. Su presencia baja las revoluciones del encuentro, algo que ya ocurrió en Albacete, cuando Villares no pudo jugar de inicio por un proceso vírico y Antonio Hidalgo apostó por esa fórmula para frenar un duelo que amenazaba con convertirse en un intercambio de golpes. El Dépor ganó control y el plan funcionó.
Con el de Watford por detrás, Soriano puede mantenerse más cerca del área. Desde ahí tiene más opciones para conectar con Yeremay, con Mella y con el delantero elegido por Hidalgo. También tiene más presencia en la frontal, sabe ofrecer líneas de pase donde hay menos espacios y se maneja bien con el balón cuando está rodeado de piernas. Su fútbol es más diferencial y cada temporada produce más cifras (goles y asistencias) cuando tiene menos campo por delante.
Ese escenario encaja con la figura de Stoichkov como punta, que ha ido imponiéndose poco a poco a Zakaria Eddahchouri y a Mulattieri. Sus dos goles en las últimas tres jornadas le han dado confianza y su lectura del juego mejora con el paso de los partidos. El de San Roque de Lepe aporta parte de la finura en los apoyos que tiene el Dépor con Mulattieri como ‘9’ y, además, está viendo puerta. Un acierto que le está haciendo asentarse en el once blanquiazul.
Si se opta por esta vía, el Dépor se convierte en un equipo que pide más el balón al pie. Gana claridad en la asociación, junta pases y tiene la capacidad para controlar mejor el ritmo del partido. A cambio, pierde agresividad y la opción de alinear a otro delantero más para estirar la defensa rival. Es un Deportivo que quiere que el partido tenga una temperatura baja.
Segunda vía: retrasar a Soriano
La otra opción cambia más piezas. Mario Soriano baja al doble pivote, probablemente acompañando a José Ángel, y desde ahí es capaz de sostener el juego, ofrecer apoyos constantes y aportar movilidad en la base. Obviamente se trata de un perfil diferente a Villares, pero también es un futbolista acostumbrado a un nivel altísimo en la repetición de esfuerzos y además cuenta con una buena lectura de lo que necesita la jugada. Ese movimiento desplazaría seguramente a Stoichkov a la mediapunta, donde se siente cómodo llegando desde atrás, liberado de la fijación de los centrales y con más libertad para asociarse.
Esa nueva altura de Soriano, que para el madrileño es de todo menos nueva, permite abrir un hueco en la delantera. Ahí entran Eddahchouri o Mulattieri. El italiano daría continuidad al juego y mayor limpieza en los apoyos. El neerlandés aportaría algo que el equipo echa de menos cuando juega con muchos futbolistas balón al pie: desmarques de ruptura y una forma más agresiva de atacar el espacio. Con él, el Dépor estira a los rivales y obliga a las defensas a vivir más pendientes de su espalda.
Este segundo camino lleva al equipo a un registro más vertical, con media alineación con un perfil ofensivo. Con Soriano en el doble pivote, el equipo coruñés puede tener cierta pausa, pero tiene más tendencia a acelerar jugadas. El Dépor gana profundidad y pierde parte del control que ofrece Charlie Patiño.
Dos soluciones diferentes
La ausencia de Villares no tiene sustituto exacto y por eso el debate se centra en Mario Soriano y en su altura dentro del campo. Arriba, es un foco de claridad en la frontal. Abajo, es una garantía para ordenar al equipo. La elección dibuja dos Dépor diferentes porque cada pieza reubica a las demás.
Con Patiño por detrás, el equipo blanquiazul busca tener más control. Con Soriano de mediocentro, la vacante se mueve hacia el ataque, donde puede aparecer un delantero más vertical. El balón está en el tejado de Antonio Hidalgo, que tendrá que decidir qué quiere priorizar ante la Real Sociedad B.
Mario Soriano ya demostró que su altura no era un problema en sus primeros pasos en el fútbol sénior. Hoy solo lo es en el sentido táctico. Y ahí está uno de los dilemas que envuelven el partido.












