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Germán Parreño, posando para DXT en Abegondo
Entrevista

Germán Parreño: "Noto que he evolucionado, que he crecido como portero"

El guardameta del Deportivo repasa su gran inicio de temporada y el trabajo en la sombra que le ha permitido ir un paso más allá en su nivel bajo palos

Germán Parreño (Elche, 1993) está siendo uno de los héroes inesperados de la temporada del Deportivo. Asumió la titularidad tras la inesperada salida de Helton y está cumpliendo con nota bajo palos en lo colectivo, al tiempo que se siente en un gran momento individual.

Con esos dos paradones y encajando tres goles, no sé si le ha pasado la factura a sus compañeros…

No, no (risas). Hemos analizado el partido, cada jugada. Hemos visto todo y al final sabíamos que era un partido bastante difícil contra un equipo que viene haciendo las cosas muy bien y que físicamente estaba por encima. También porque tenían más días de descanso. Pero ya sabíamos de antemano que son un rival que genera muchísimo, que arriba en muchas posiciones tiene calidad, competencia física y que iba a ser complicado. Así se vio. Al final nos superaron en todos los momentos del partido y se llevaron el partido. Hay que ser conscientes y analizarlo para que el día que nos vuelva a tocar un equipo así, o el mismo, sepamos cómo contrarrestarlo. Pensamos ya el siguiente, estamos muy metidos y le damos mucho valor a lo que estamos haciendo. El trabajo sigue siendo bueno.

¿Estas semanas de Liga y Copa para equipos que no están acostumbrados pesan más de lo que pueda parecer?

Es difícil, porque tienes que planificar toda una semana, analizar cosas… y mentalmente si no estás acostumbrado, pues al final es normal que pueda haber cosas que se escapan. Pero es lo que nos toca. Estamos contentos por estar en dos competiciones y queremos avanzar lo máximo posible. Tenemos plantilla para afrontarlo, pero sí es cierto que nos cuadró un hueso bastante duro de roer con estas circunstancias. No es excusa, ya lo sabíamos de antemano y estaba así planificado, pero es fútbol y ya está.

Decía que había que darle valor a lo conseguido, ¿llegaron a sentirse invulnerables en esta racha reciente? Ante el Castellón parecía que no se creían estar siendo inferiores.

Lo sabíamos. Entramos a la media parte con buenas sensaciones, pero sabiendo lo que tenían ellos y yendo con pies de plomo. El partido no estaba siendo imprevisible, pero sabíamos que tenían mucho potencial. Estamos contentos especialmente por el trabajo que venimos haciendo día a día, partido a partido. Y a eso nos ceñimos. Sabiendo siempre que la racha podía alargarse, el pensar en el partido a partido está para eso, para no desestabilizarnos, para no pensar que estamos haciendo las cosas mal. Sino que tenemos que seguir currando, picando piedra y manteniéndonos concentrados en el día a día.

Sumar años aquí no sé si dificulta aislarse de la montaña rusa de emociones que es el entorno...

Al principio para mí era complicado, pero ahora es más sencillo porque sé dónde hablar y con quién no. Me intento rodear y me rodeo de la gente que me importa, que me suma. Estoy tranquilo y ya los que me conocen saben que soy muy metódico, muy tranquilo. Voy muy al día a día. No soy un eufórico cuando van bien las cosas, ni catastrófico cuando salen mal.

¿Y esa es la nota común en el vestuario?

Siempre lo identificas más cuando son nuevos o no han estado en entornos así, que es lo que me pasaba a mí al principio. Decía precisamente eso, ‘vaya montaña rusa’. Pero aquí se va viendo gente que, aunque son jóvenes, son de la casa y ya lo identifican porque lo han mamado desde pequeños. Creo que los jugadores que rinden en clubes así, entienden eso antes. No voy a decir que sea fácil, sino que tienes que ser de una mantera o interpretar las cosas de una manera para poder rendir en entornos tan exigentes.

No soy eufórico cuando van bien las cosas, ni catastrófico cuando salen mal"

Hace unos días hablaba de la forma de defender del Dépor y esa idea de ‘ensuciar’ disparos… ¿Cómo analiza el golazo del Castellón? Imagino que le concederá al rival su mérito.

Al final se le bloquea, se tapa bien el sitio a donde va, el sitio donde hay posibilidad de ir, pero es un tiro muy potente que te sorprende. Lo haces todo bien, pero el tiro también tiene su cuota de mérito. Si te quedas con un gol así, se puede haber hecho algo más por mi parte, porque lo tapan y se cierra bien.

¿Es mayor la exigencia a nivel de concentración al defender así? Intervenir más aunque en muchas ocasiones sean paradas más rutinarias.

Sí, pero al final es el trabajo que tenemos. Muchas veces, cuando parece un partido fácil en el que no te llegan mucho, hay un desgaste mental y de concentración importante. Quizás no has tocado el balón, no has intervenido tanto, pero los porteros cuando van subiendo el nivel, la concentración es el arma diferencial que tienen. Cuanto más tiempo puedas estar concentrado, focalizado en lo que tienes que hacer, mayor rendimiento vas a tener. He hablado con muchos porteros, y los grandes tienen ese carácter de ser muy analíticos, con mucha templanza para momentos de mucho estrés o mucha exigencia. Es el oficio.

Habla de que la temporada del equipo está siendo notable, pero la suya a nivel individual tampoco baja de esa nota.

Estoy contento porque yo noto una evolución en mi juego. Más allá de estar jugando o no. Siento que he evolucionado, que he crecido como portero. Yo pensaba que era un portero muy trabajador, pensaba que ya no tenía cosas nuevas por trabajar, pero sí las había. Hay muchísimas cosas que se te escapan hasta de las manos. E introduciendo esos aspectos que quizá antes no trabajaba tanto, a los que no le daba tanta importancia, me han hecho mejor y noto que rindo mejor, que mi nivel ha crecido.

¿Cómo mejora sin jugar?

En lo que hablamos, en mantener más tiempo la concentración. En eso sí que he trabajado un montón y llevo más de un año trabajando. Pero trabajando como se trabaja la condición física o la fuerza: todos los días un poco. Trabajando eso he notado mucho diferencia. Y yendo al detalle en lo que estudiamos de cada rival. Ya no solo dentro de ese equipo, sino a los jugadores que más intervienen en acciones finales ofensivas. De qué manera lo hace, qué patrones puede llegar a tener. Yo no me había sumergido tanto en eso, en llevarlo tanto al detalle. Lo trabajo desde principio de semana y cuando llega el partido, es como si me estuviera enfrentando a Yeremay, Mella o Mario Soriano. Ya los conozco.

Entiendo que eso le permite ya no solo intervenir, sino también evitar acciones.

Para evitar y para que ninguna acción me pille de imprevisto. Ya tienen un patrón, entonces mi posición, mis intuiciones o los gestos que yo pueda hacer, tenerlas ya metidas. Depende de a qué jugador me enfrente. Porque como digo, no voy a defender igual a un Yeremay que a un Mella o un Mario. Con los rivales, lo mismo.

Trabajo toda la semana al detalle, cuando llega el partido es como si me estuviera enfrentando a Yeremay, Mella o Soriano, ya conozco a los rivales"

Lléveme a esos primeros días de agosto, cuando se anuncia la marcha de Helton.

Yo me entero en Londres. Hablo con él y me dice cómo está la situación, que tenía la decisión tomada. Al final, yo sigo trabajando. Desde el principio, estando él o no estando, ya tenía pensado cómo trabajar y cómo seguir trabajando. Cambia porque el escenario también cambia, pero sabiendo que se ha ido el primer espada del año anterior, iban a traer a otro.

¿Cómo era su relación?

Hablamos bastante rato porque me llevaba muy bien con él. Le deseé toda la suerte del mundo y él a mí lo mismo. Nos explicamos cómo trabajaba él sus cosas y cómo estaba trabajando yo. En ese momento nos intercambiamos formas de entrenar y a mí también me ha servido. Se lo agradezco un montón, él era muy analítico con el rival

Había dudas sobre si podía ser el portero titular del Dépor ¿Le llegaron?

Es algo que se siente. No es que sea un ingenuo. Se va una pieza importante y sé que van a traer otra. Lo que yo sabía es que tenía que seguir currando y si el equipo va funcionando y mi trabajo sale como yo quería, el que tenía que decidir era el míster. En mi cabeza solo estaba eso.

Pero todos tenemos nuestra porción de ego, le estará sentando bien esta redención.

Al final es como, “aquí tenéis el trabajo que yo hago a oscuras, aquí está”. El trabajo tiene frutos y se ve. Porque por mucho que yo dijera que me siento mejor portero, si no participas, tampoco se ve. Por mucho que lo diga o me veas entrenando o hables con quien sea, no se ve. El trabajo que voy haciendo yo y que he hecho se está viendo con el rendimiento. Si al equipo le ayuda mi nivel, más contento todavía.

Germán Parreño, posando para DXT en Abegondo
Germán Parreño, posando para DXT en Abegondo
JAVIER ALBORES

Y ahora es usted el primer espada. Con Eric ha compartido más tiempo, hábleme de Bachmann.

Es una bellísima persona y trabaja muchísimo. Ha tenido la mala suerte de la lesión y también unas circunstancias difíciles de adaptación. Vino solo, la familia se quedó allí, los niños… es una situación complicada. Al final estoy echándole una mano con mi inglés como puedo (risas), ya me gustaría tener más palabras. Muchas veces le digo que me faltan palabras para poder estar más cerca y ayudar un poco más. Pero es un profesional como la copa de un pino.

Cuando se habla de competencia entre porteros, ¿son siempre conscientes de que su ‘rival’ es mejor o al revés?

Hay matices. Hay porteros diferentes y hay maneras de jugar diferentes. Por eso hay equipos valientes, que están expuestos o que juegan con la defensa muy adelantada, que tienen un meta diferente a otro que defiende más replegado y que tiene acciones diferentes. Yo he estado en equipos en los que he dicho, ‘estos aspectos los domino más que otros y mi compañero es mejor que yo en otros aspectos’. O que en una manera de jugar, al míster le gusta más una manera o un perfil, entonces toca pulir los que no dominas tanto. Va un poco así.

Pero no siempre es una cuestión de perfiles.

Después hay otros que hacen unas cosas que las ves y... encima hablas con ellos y te dicen que es que a ellos le salen así. Son fueras de serie. No sale por arte de magia ni por la varita, es que son elegidos. Y cuando los ves, piensas ‘qué le vamos a hacer’. Como Joan García, el del Barça. Hay compañeros que han estado con él en el Espanyol que dicen que era una barbaridad, que ya siempre se le vieron cosas diferentes. Y lo ves jugar y ves detalles que seguramente él no haya pensado cómo los hace y yo tendría que pensar para introducirlo en mi rutina y que después me saliera. Él lo hace así, innato. Estas cosas lo ves y ves que hay que remar mucho.