Mi vida en Blanquiazul | Lucía Mosteiro: “Mi hermana aún me recuerda que no fui a su confirmación por el Dépor”
Nacida en 1988 se declara confesa admiradora de Augusto César Lendoiro, que llegó a la presidencia del Dépor ese año

El Deportivo forma parte de mi vida desde muy pequeña, me acuerdo que el primer partido al que asistí en Riazor fue contra el Celta en el Teresa Herrera y apenas tenía nueve o diez años.
Recuerdo que perdimos, tal vez el destino ya me estaba preguntando si estaba segura de ser seguidora de nuestro equipo. Desde ese instante el club me enganchó y tengo que reconocer que me encanta ir a Riazor; de niña tenía machacados a mis padres con que tenía que asistir a todos los partidos, no podía perderme ni uno solo, me hacía muy feliz ir al estadio.
Realmente fueron ellos quienes me inculcaron esa devoción por el Deportivo, de hecho tengo fotos en familia en el estadio después de que el equipo conquistase la primera Copa del Rey de 1995, cuando la plantilla vino a presentar el trofeo a la afición.
Mi padre es un gran seguidor y sigo sus pasos. Llevo siendo socia toda la vida, aunque tuve algún parón debido a los estudios universitarios... pero bueno, intento no faltar nunca. Además, me gusta mucho desplazarme a otras ciudades para animar al club fuera de casa.
Para mí el Dépor forma parte de mi existencia, es una ilusión que tengo cada semana saber que hay partido, me interesan los horarios, la actualidad, todo en general. Como decía Rubén de la Barrera, ya no sé si soy deportivista o gilipollas pero creo que vamos a ganar siempre.

Esta campaña, por ejemplo, creo que vamos a ascender y también a conquistar la Copa frente a todos los equipos de Primera. Empiezo todas las temporadas así. Cuando el Deportivo actúa a domicilio me gustaría acompañarlo todavía más de lo que lo hago, pero muchas veces me resulta complicado, como a todos los aficionados, conseguir entradas. Me apunto a todos los sorteos y cuando me tocan hago las maletas sin pensármelo dos veces.
Guardo un gran recuerdo de todos los desplazamientos que he realizado, pero quizá con lo que me quedo de los años en el barro de Primera RFEF es el hecho de haber conocido ciudades que de otro modo nunca habría visitado. Desde Sestao a Logroño, Ponferrada, León... Un montón de sitios en los que estuve gracias al Dépor. Obviamente, las visitas a Balaídos en las que logramos los tres puntos fueron inolvidables por el ambiente, fueron un subidón de moral contra nuestro gran rival. Tuve muchos ídolos desde que sigo al Deportivo, ha habido jugadores excepcionales que me han cautivado, pero mis amigos siempre se meten conmigo porque tuve querencia especial por el expresidente Augusto César Lendoiro.
Realmente nací en 1988, el año en el que él ascendió a la presidencia del equipo. En mi vida deportivista siempre estuvo presente Augusto. Creo que le debemos mucho, todos los éxitos han llegado en gran parte gracias a él. Lo apoyo siempre, incluso en tiempos en que hubo una persecución hacia su persona.

El club me hizo muy feliz en numerosas ocasiones. En edad todavía infantil me enamoraban las noches de Champions League, la ilusión que tenía por comprar las entradas en La Marina después de haber seguido los sorteos... Había un ambiente en Riazor espectacular esos días de partidos europeos, me genera una gran ilusión rememorar el himno de la Liga de Campeones en Riazor, se me ponen los pelos de punta al escucharlo y verlo en vídeos. Tampoco podré olvidar nunca el título de Copa del Centenariazo conseguido ante el Madrid, así como el último ascenso a Segunda División con el gol de Lucas Pérez, cuando al fin pudimos conseguir un logro muy ansiado.
Respecto a los momentos más tristes debo admitir que el primer descenso fue traumático, con Lotina de entrenador; mi hermana aún me recuerda que no fui a su confirmación por el Deportivo. Por un encuentro en el que acabamos descendiendo a Segunda.
En la temporada actual soy muy optimista porque creo que es nuestro año, pienso que vamos a ascender directos, ya sea como primeros o como segundos. Creo que haría toda una locura con una fiesta de celebración que durase 24 horas.
























